Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
22 de mayo de 2019

La Verdad Obrera N° 373

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NI CLARIN NI LOS KIRCHNER (Nota exclusiva en internet)

A propósito de la entrega de los “Martín Fierro”. Los trabajadores de los medios y la libertad de expresión

06 May 2010   |   comentarios

Esta semana la pantalla de la televisión argentina se volvió a llenar de "glamour" con una nueva edición, la numero 40, de la entrega de los premios “Martín Fierro”, que coparon la pantalla de America TV. Como siempre, un desfile obsceno de despilfarro farandulero, esta vez en el lujoso Hotel Hilton. Las cámaras centran la atención en las dos “madrinas”: la señora “gorila” de los almuerzos y su amiga, la diva de los teléfonos con su vestido de 15 mil euros. Ha quedado para la posteridad y el deleite de los “fachos” aquella frase de Susana Jiménez apologética de la pena de muerte: “El que mata tiene que morir”.

Sin embargo, estos “Martín Fierro” tuvieron la particularidad de tener un “toque” más de politización que de costumbre, al estar atravesados, este año, por la disputa entre el kirchnerismo y el Grupo Clarín por la Ley de Medios. El escenario dejó de lado por momentos la frivolidad y se transformó en una tribuna de acusaciones cruzadas entre “kirchneristas” y “clarinistas”, arrogándose ambos bandos ser los defensores de la libertad de expresión.

A todo esto, puertas afuera del despampanante Hotel Hilton, un grupo de trabajadores del Diario Crítica que reclaman el pago de salarios atrasados por parte de la patronal del estafador Antonio Matta, buscaban que alguna figura mediática se haga eco de su lucha. Solo Aliverti y Majul dijeron algo cuando fueron a recibir sus premios.

Todo un botón de muestra de la censura que deben padecer los trabajadores de medios cada vez salen a luchar para defender sus derechos. Con verdadero “espíritu de cuerpo” y solidaridad de clase (burguesa), los empresarios de medios cierran filas para tapar cualquier mínimo conflicto que haya en sus empresas. En la emisión del pasado 5 de mayo del programa "Duro de Domar" que se emite por Canal 9, la panelista Fernanda Iglesias, contaba que cuando trabajaba en el suplemento de espectáculos de Clarín, en estaba prohibido hacer “periodismo de periodistas”. Es decir, contar un conflicto en un diario colega.

Dos realidades

Por un lado, el esplendor de los magnates de los medios, estrellas de tiras y programas exitosos, ricos y famosos, y una casta de comunicadores que -oficialistas, opositores o "neutrales"- acaparan el ’aire’ de la radio y la televisión y hegemonizan la palabra.

Por el otro, la realidad de los trabajadores de medios, los ignotos hombres y mujeres que hacen funcionar la maquinaria de la información y el entretenimiento, soportando el maltrato patronal, doble jornada laboral, salarios atrasados o con la lengua afuera detrás de la inflación, precarización, inestabilidad laboral, y miles de egresados de escuelas y facultades de periodismo y comunicación deambulando en búsqueda de un trabajo.
Para ellos, como para todos los explotados y oprimidos de la sociedad, el derecho a expresarse, antes que una realidad es un derecho por el cual hay que luchar.

Compartimos este aspecto que señala el comunicólogo belga Armand Mattelart: “La burguesía posee la dinámica de la información. El concepto vigente de libertad de prensa y de expresión legitima dicha dinámica. Asimismo contribuye a legitimarlo la concepción mítica que preside la organización y la actividad de la comunicación masiva (...). Las clases trabajadoras han sido tradicionalmente relegadas al papel pasivo de consumidor de esta información” (El medio de comunicación en la lucha de clases, Instituto Cubano del Libro).
Y podríamos agregar: para los trabajadores de los medios, sólo les está reservado en general el papel de meros repetidores y reproductores del mensaje empresarial.

¿Libertad de expresión para quiénes?

La libertad de expresión, algo que dicen defender tanto “kirchneristas” como “clarinistas”, es realidad un derecho por el cual los trabajadores tienen que luchar, particularmente los trabajadores de los medios, comenzando por exigir minutos de aire y espacios en los propios medios donde trabajan -privados o estatales- para expresar sus reclamos o disentir en la línea editorial del medio donde trabajan. Hay que defender la libertad de pensamiento como un derecho inalienable contemplado en el mismo Estatuto del Periodista, excluido de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

En este sentido, es interesante retomar experiencias históricas como la que relata Michelle Mattelart sobre el ascenso revolucionario chileno a principios de los años 70: “En algunos diarios de provincia los trabajadores de prensa llegaron a obtener el derecho a expresar su propia interpretación de los acontecimientos, compartiendo el espacio con editoriales que reflejaban las ideas de la dirección”.

Pero para esto, hay que luchar y exigir además plena libertad de organización sindical, para poder elegir delegados democráticamente en todos los canales de televisión, radios, diarios, agencias de noticias y empresas periodísticas. De esta manera, se estaría en mejores condiciones para pelear por terminar con todo tipo de modalidad de trabajo precario, pasantías y monotributo para que todos los trabajadores de medios pasen a planta permanente con plenos derechos laborales y sindicales.

Sin estas elementales demandas, no se puede comenzar a hablar de verdadera libertad de expresión y de prensa, que solo pueden ser conquistadas plenamente si los medios de información dejan de estar en manos privadas o bajo el control del estado.

Hay que conquistar medios verdaderamente públicos. Es decir, controlados por sus trabajadores y abierto a todas las expresiones culturales, sociales y políticas de la sociedad.

La lucha de los trabajadores de los medios por su propia libertad de expresión, lleva en germen la libertad de expresión de todos los explotados y oprimidos de la sociedad. Libertad de expresión que, por lo tanto, solo se conseguirá plenamente, con el fin de la libertad de los capitalistas para hacer sus campañas, sus lobbys y negocios. En definitiva con el fin de su libertad de explotación.

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