Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
21 de julio de 2019

La Verdad Obrera N° 543

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ACUERDO CON EL BANCO MUNDIAL, DESEQUILIBRIOS ECONÓMICOS Y FIN DE CICLO

Ceden al imperialismo y preparan el ajuste

17 Oct 2013   |   comentarios

El jueves 10 el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, acordó en EE.UU. un préstamo del Banco Mundial por 3 mil millones de dólares a desembolsarse en 3 años.

El jueves 10 el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, acordó en EE.UU. un préstamo del Banco Mundial por 3 mil millones de dólares a desembolsarse en 3 años. A cambio cedió pagarle 500 millones de dólares a empresas que saquearon el país con las privatizaciones de servicios públicos. Esas empresas tenían fallos favorables en el CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones), un tribunal a medida de las empresas imperialistas. Ese pago lo venía exigiendo el gobierno de Obama por presión del lobby de fondos buitres, el mismo que sostiene el litigio con Argentina en los tribunales de Nueva York. El viernes 11 los especuladores festejaron con una suba en la bolsa de Buenos Aires que alcanzó un nivel récord. Las cámaras empresariales saludaron el acuerdo y lo mismo hizo la mayoría de la oposición patronal, que ya había brindado su servicio con el voto favorable a la reapertura del canje.

El ministro de Economía obtuvo un falso consuelo. Por la aceptación de los fallos del CIADI las empresas financiarán al gobierno con un 10% de lo que reciban de pago. Lo harán a través del BAADE (Bono Argentino de Ahorro para el Desarrollo Económico). Es decir, más endeudamiento. Ese bono surgió del fracasado blanqueo de capitales. Su prolongación impulsada por Guillermo Moreno está habilitando el uso de ese bono para ingresar capitales al país en condiciones extraordinariamente favorables al capital, eludiendo encajes y ganando intereses. Así lo están usando empresarios amigos de los K como los hermanos Bulgheroni del Grupo Bridas (también afines a Massa).

El desendeudamiento es un mito. La realidad es que, aunque en términos relativos al PBI la deuda disminuyó, en términos absolutos aumentó. A la vez, se convirtió deuda externa en deuda intra estatal. Esto se realizó sacándole dinero y dándole papeles a la Anses. Es decir, se le pagó a los especuladores con los fondos de los jubilados. Lo mismo se hizo colocando deuda en otros organismos públicos que acumulan recursos generados por el pueblo trabajador.

Pero esas alternativas se fueron estrechando, como expresa la caída acelerada de las reservas del Banco Central. Por eso, además del acuerdo con el Banco Mundial, el consensúa con el FMI un nuevo índice de precios, no sólo para salir del dibujo que hace el INDEC, sino para acercar posiciones y abrir la posibilidad de un nuevo ciclo de endeudamiento. Ese acercamiento permitiría además dar una señal adicional para obtener una decisión favorable a Argentina en el litigio con los fondos buitres. Luego del acuerdo entreguista con Chevron la obtención de dólares en el exterior también está a cargo de YPF que se está endeudando en los “mercados”. También está en agenda pagarle al Club de París una deuda que creció por obra de la dictadura y del gobierno de la Alianza. Aunque el gobierno busca airear la economía con dólares frescos, está generando las condiciones para que más tarde o más temprano, las denostadas misiones del FMI con sus recetas de ajustes visiten Buenos Aires. Más que nunca se torna vital rechazar el pago de la deuda externa.

Desequilibrios crecientes

Los acuerdos de Guillermo Moreno fracasaron, las empresas continúan aumentando los precios para sostener sus ganancias. Esos aumentos de precios deterioran la competitividad externa porque los productos argentinos se hacen más caros para el resto del mundo.

El superávit comercial (la diferencia entre lo exportado y lo importado) se achica pese a la devaluación en cuotas del gobierno. En promedio durante 2003-2012 fue de más de 12,5 mil millones de dólares, pero este año se reduciría a unos 9 mil por la creciente importación de gas debido a la crisis energética. A esto se suma que hay industrias con problemas de crecimiento mientras que las que se recuperaron, como la automotriz y la electrónica, son estructuralmente deficitarias: cuanto más producen más importan insumos y equipos. Son una muestra de la desarticulación productiva nacional. También del atraso y la subordinación de la industria local que bajo el mando del capital imperialista actúa como un armadero de partes que se producen en otros países.

Los pagos de deuda profundizan, junto con los crecientes subsidios a las ganancias empresarias, el déficit fiscal (la diferencia entre lo que recauda y lo que gasta el Estado). A la vez, la deuda externa y las ganancias que las empresas imperialistas se llevan del país (una suerte de fuga legal a la que no se le aplica el “cepo”) están haciendo caer aceleradamente las reservas de dólares del Banco Central. Es la restricción externa dicen los economistas K. Una forma elegante de decir que faltan dólares por la sistemática expoliación que hace el imperialismo del país semi-colonial.

Preparan un ajuste anti-obrero

En los últimos cinco años el nivel de inversión en relación al PBI se encuentra estancado. Otro tanto ocurre con la generación de empleo. Incluso en algunas industrias con problemas, como las metalúrgicas de Córdoba, ya se están haciendo recortes de puestos de trabajo y de horas extras que podrían extenderse en próximos meses. Los desequilibrios económicos acumulados y los problemas estructurales (en transporte y energía, para mencionar sólo dos) no se resolverán con nuevo endeudamiento. El “modelo” perdió los motores que lo impulsaron y la crisis económica mundial también contribuye a su deterioro. Todos los factores conducen a un “fin de ciclo” económico. El nuevo endeudamiento tal vez permita ganar tiempo a la vez que profundizará las contradicciones a futuro presionando de manera asfixiante sobre las condiciones de vida del pueblo trabajador.

Cómo y cuándo aplicar el ajuste es lo que discuten el gobierno y la oposición patronal. La oposición quiere que el gobierno haga la tarea sucia. Es lo que buscan Roberto Lavagna y Martín Redrado, economistas que acompañan a Sergio Massa, cuando hablan de atraso cambiario, un eufemismo para presionar por una devaluación que ataque profundamente el salario. O cuando Massa se reúne con la Mesa de Enlace agraria que quiere ganar mucho más de lo que gana con los Kirchner. De reiniciar el ciclo de endeudamiento hablan cuando exigen “normalizar” las relaciones con el mundo financiero. El FAP de Binner y el UNEN no le van a la saga a la hora de representar los intereses patronales. Por su parte, el gobierno con la inflación y la devaluación administrada logra erosionar el salario en cuotas a la vez que práctica un endeudamiento por ahora limitado. Según los trascendidos el gabinete económico prepara una suba de tarifas de los servicios públicos para después de octubre. El voto al Frente de Izquierda y de los Trabajadores tiene que transformarse en un gran pronunciamiento de los trabajadores y la juventud contra el ajuste que preparan las alternativas capitalistas en estas elecciones.

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