Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
19 de junio de 2019

La Verdad Obrera N° 583

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Un símbolo de la dominación imperialista sobre América latina

El Canal de Panamá cumple un siglo

21 Aug 2014   |   comentarios

El 15 de agosto, en medio de una complicada renegociación de las obras de ampliación, el gobierno panameño y la prensa internacional celebraron los 100 años de la apertura al tráfico del Canal, como una grandiosa obra de ingeniería que abrió “nuevos rumbos al comercio y el progreso”. Sin embargo, ocultan la siniestra historia de colonialismo, intervenciones y explotación, que desde sus mismos comienzos convirtió al Canal en un símbolo de la dominación norteamericana sobre nuestro continente.

Negocios en ampliación

El canal resulta insuficiente para el volumen de tráfico y el tamaño cada vez mayor de los barcos, como los portacontenedores “post panamax” y los grandes petroleros. Se esperaba celebrar el aniversario inaugurando un tercer juego de enormes exclusas y otras obras que ampliarán su capacidad. Sin embargo, las mismas están retrasadas en más de un año y el consorcio dirigido por las transnacionales Sacyr (española) e Impregilo (italiana), reclama el pago de millonarios sobrecostos a la ACP (Autoridad del Canal de Panamá), en medio de conflictivas negociaciones.

El papel vital del Canal en el transporte interoceánico crece ante el acelerado aumento del comercio entre China y Asia oriental, de un lado, y los países del Atlántico, de otro. Su ampliación se articula con grandes proyectos de modernización en puertos de ambas costas norteamericanas. Sólo en el de Miami se invertirían más de 200 millones para albergar a los buques “postpanamax”.

A un costo de 5.250 millones de dólares, la modernización del Canal a incrementar el movimiento comercial y a consolidar el rol de Panamá como gran nudo de transporte marítimo, centro financiero y de servicios ante desafíos como los que representa el proyecto de un nuevo canal en Nicaragua, acordado entre un grupo empresarial chino y el gobierno de Daniel Ortega y cuyas obras, valoradas en 50 mil millones de dólares, se dice comenzarán el año próximo; o el “canal seco” (una vía ferroviaria de costo multimillonario) que se discute impulsar en Honduras, también con posible participación china.

Buenos negocios y luchas obreras a orillas del Canal

El anterior gobierno neoliberal de Martinelli, como el actual de Carlos Varela, disfrutaron de una buena coyuntura económica favorecida por la afluencia de capital externo y el “boom” de la construcción. El producto bruto interno creció un 10.6% en 2011; 10.5% en 2012 y 7.9% en 2013. Sin embargo, en agudo contraste con las ganancias empresariales, la mayoría del pueblo trabajador está excluida de la bonanza: aumenta rápidamente el costo de vida y más del 35% de la población sigue sumida en la pobreza.

En este marco, vienen dándose importantes procesos de lucha. A principios de 2012 en una huelga histórica más de 5.000 obreros paralizaron labores en el Canal. En noviembre de 2013 hubo paros de los portuarios. Desde inicios de 2014 se han producido luchas trascendentes como la huelga de 70.000 trabajadores de la construcción en abril, el paro de maestros y profesores en mayo, el paro en Mina Cobre Panamá, durante junio y a fines de julio otra huelga de la construcción afectó obras del canal.

Son signos alentadores en el camino de que los trabajadores, al tiempo de defender sus condiciones de vida, puedan pesar cada vez más en la vida política panameña.

El canal de Panamá es uno de los mayores logros de la ingeniería moderna, basados en tres juegos de exclusas (Miraflores, Gatún y Pedro Miguel) para salvar los casi 110 mts. de altura del suelo panameño. También cuenta con el gran lago artificial de Gatún. Mide 80 kilómetros de largo, con una profundidad de unos 13 mts. y el ancho varía de 91 a 300 mts. Posee puertos terminales en cada extremo y lo atraviesan barcos con un tonelaje anual de unos 300 millones de tns.


Mapa del Canal


El oscuro “prontuario” del Canal

Desde mediados del siglo XIX se buscaba cómo comunicar los océanos Pacífico y Atlántico a través de Centroamérica, para evitar la larguísima y tradicional ruta rodeando el Cabo de Hornos. Las opciones más sólidas eran excavar un canal por Nicaragua (utilizando el río San Juan), o cortando el Itsmo de Panamá, hasta entonces parte de Colombia.

La compañía francesa constructora del Canal de Suez y a la cual estaba asociado el aventurero y empresario francés, Buneau-Varilla, obtuvo la concesión del gobierno colombiano para abrir el canal a través del Istmo. Pero la quiebra de la empresa paralizó las obras en 1889. Buneau-Varilla buscó entonces asociarse a los norteamericanos.

A fines del siglo XIX, Estados Unidos ya consideraba a América Latina como coto de caza reservado para sus capitales y, según la “doctrina Monroe” quería alejar a las potencias europeas de estas costas. Además, necesitaba facilitar la comunicación entre la costa este y California, conquistada en la guerra de 1848 con México, por lo que se interesó en poseer esta vía interoceánica.

Desde 1898, vencedor en la guerra con España que le permitió apoderarse de Puerto Rico y controlar a Cuba, Estados Unidos estaba en plena expansión sobre el Caribe. En 1902, el presidente Theodore Roosevelt negociaba los derechos sobre el Canal con el gobierno colombiano, pero ante los regateos de éste, optó por utilizar para sus propios fines a los grupos independentistas locales para desgajar a Panamá de Colombia. A fines de 1903 en medio de la abierta intervención yanqui, se consumó la independencia.


La construcción de las exclusas en 1913

La flamante Junta de Gobierno local no demoró en elegir al propio Buneau-Varilla como representante para firmar con Washington el siniestro acuerdo conocido como “Tratado Hay-Buneau Varilla”, que entregaba a Estados Unidos la construcción, pero también la administración, control político y militar “a perpetuidad” sobre la Zona del Canal, franja de tierra que dividió en dos al territorio del naciente Estado.

El Canal fue abierto al tránsito una década después, tras colosales trabajos en los que participaron hasta unos 45.000 obreros a la vez, de los que miles fueron víctimas de las terribles condiciones de trabajo.


Primer viaje a través del canal el 15 de agosto de 1914

La “Zona” se constituyó en un enclave imperialista, ocupado por las fuerzas militares yanquis y al cual los propios panameños no podían ingresar sin autorización. Allí se instalaron la sede del Comando Sur y la siniestra “Escuela de las Américas” donde se entrenaron miles de represores y torturadores latinoamericanos.

El pueblo panameño respondió a esta situación colonial abrazando la causa de la recuperación del canal como una bandera antiimperialista histórica.

Entre los grandes hitos de esta lucha se recuerda la gesta del 9 al 11 de enero de 1964, cuando las fuerzas norteamericanas acantonadas en el Canal contestaron a bala a la movilización popular iniciada por estudiantes secundarios del Instituto Nacional para exigir se cumpla con el hizamiento de la bandera panameña. Según datos oficiales, hubo 21 muertos y más de 500 heridos.

El 7 de setiembre de 1977 se firmó un acuerdo entre el gobierno del general Omar Torrijos y el de Jimmy Carter, por el cual el Canal y su Zona serían reintegradas paulatinamente a Panamá, aunque estableciendo importantes garantías y concesiones a favor del imperialismo.

Las condiciones para este traspaso fueron “perfeccionadas” a su manera por el presidente George Bush (padre) a fines de 1989. El entonces presidente Manuel Noriega se hallaba enemistado con Washington (pese a haberle prestado grandes servicios en el pasado), que lo acusaba de narcotráficante y buscaba su salida del gobierno. El 19 y 20 de diciembre de ese año, decenas de miles de soldados norteamericanos, con un impresionante apoyo aéreo y naval, lanzaron bombardeos y un asalto masivo contra aeropuertos, puertos, edificios estatales y otros puntos estratégicos, mientras las reducidas Fuerzas de Defensa de Panamá (FDP) ofrecían escasa resistencia. Al cabo de dos semanas, logrado su objetivo de deponer y capturar a Noriega (que fue llevado a EE.UU. para ser condenado por narcotráfico), habían dejado una gran destrucción y miles de muertos y heridos, sobre todo en la población civil de barrios populares como en El Chorrillo.

El 31 de diciembre de 1999, después de 86 años, de dominio estadounidense, el Canal y su Zona fueron reintegados a Panamá. Claro que esto no significó el fin del status semicolonial del país. Bajo los siguientes gobiernos neoliberales y proimperialistas, convertido en un paraíso para el capital extranjero y subordinado a los intereses de la dominación norteamericana.

La liberación nacional y social sigue siendo una causa pendiente, en las manos de los trabajadores panameños y de toda Centroamérica unidos.

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