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La Verdad Obrera N° 589

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El Estado según Marx… y según Lear

23 Oct 2014   |   comentarios

¿Qué es el Estado para Marx? ¿Por qué es un mito que defienda los “interés comunes” de toda la población? ¿Cuál es la crítica de Marx a “igualdad de derechos” tal como la postulan las democracias capitalistas? ¿A qué se refiere con que el Estado es una “máquina del despotismo de clase”? En el presente artículo, vamos a abordar estas preguntas tomando en cuenta la experiencia de la gran lucha de Lear. Para profundizar estos y otros temas actualmente se están (...)

¿Qué es el Estado para Marx? ¿Por qué es un mito que defienda los “interés comunes” de toda la población? ¿Cuál es la crítica de Marx a “igualdad de derechos” tal como la postulan las democracias capitalistas? ¿A qué se refiere con que el Estado es una “máquina del despotismo de clase”? En el presente artículo, vamos a abordar estas preguntas tomando en cuenta la experiencia de la gran lucha de Lear.
Para profundizar estos y otros temas actualmente se están realizando los cursos del Instituto del Pensamiento Socialista de los que comenzaron a participar más de 900 personas en todo el país y se iniciarán este jueves con Christian Castillo en Córdoba y a fin de mes en Tucumán y Jujuy. La inscripción se encuentra abierta a través de: ipskarlmarx@yahoo.com.ar

El mito del “interés general”
Una de las cosas que comúnmente se enseña en toda escuela de cualquier país del mundo es que el Estado es el que representa el “interés general”, que está para defender los intereses comunes de toda la población. Pero la población no es un todo homogéneo, y este es el punto de partida de la crítica de Marx. La sociedad está dividida en clases sociales.
El principio más sagrado del capitalismo es el carácter inviolable de la propiedad privada. Según nos vende la televisión y todos los discursos de la sociedad oficial, este sería un derecho democrático de todos, el derecho a ser propietarios. Ahora bien, resulta que mientras algunos podemos ser propietarios de un celular, de una moto, tal vez un auto, o una vivienda en el mejor de los casos, otros son propietarios de las fábricas, de las tierras y de los recursos naturales.
El centro de la cuestión no está para Marx en que unos sean propietarios de más cosas que otros. La diferencia fundamental es que unos, los capitalistas, son los propietarios de los medios de producción (fábricas, empresas, tierras, etc.) y no necesitan trabajar para subsistir, mientras que otros, los trabajadores, al no tener la propiedad de los medios para producir se ven obligados a vender a quienes sí la tienen, su fuerza de trabajo para poder sobrevivir. Así es que la propiedad privada traza las fronteras entre las clases sociales.
Esta contraposición de intereses es la que justifica la existencia del Estado capitalista para Marx. La idea de que el Estado debe garantizar el “interés general” contra los intereses particulares, esconde una realidad opuesta por el vértice: el Estado (burgués) garantiza los intereses particulares de la clase capitalista contra los intereses de los trabajadores y el pueblo, que son la mayoría aplastante de la población.
Lo vemos, por ejemplo, en Lear. Uno podría pensar que el “interés general” consiste en mantener el empleo sin el cual ningún trabajador o trabajadora puede subsistir. Pero resulta que el derecho del propietario de los medios de producción, en este caso la empresa norteamericana Lear Corporation, a dejar sin trabajo a quienes se organizan y defienden sus derechos, o piensan distinto (“los zurdos” como dice la patota del SMATA) está por encima de todo. Acá se ve cuál es la realidad del mito del “interés general”.

En el Manifiesto Comunista Marx y Engels definen que:
”el gobierno del Estado no es más que la junta que administra los negocios comunes de la clase burguesa”.

La “igualdad ante la ley”
Resulta, sin embargo, que para el Estado todos seríamos iguales ante la ley. Esta supuestamente es la base de la democracia según el discurso oficial. Pero, como decía Marx, al consagrar la propiedad privada, el Estado, lejos de suprimir las diferencias de hecho, “descansa más bien en la hipótesis de esas diferencias” (La cuestión judía, K. Marx). O como dice el saber popular: “todos somos iguales pero algunos son más iguales que otros”. Podemos volver al conflicto de Lear como ejemplo. Los trabajadores pueden tener una docena de fallos judiciales a su favor, como de hecho tuvieron, para reingresar a la planta y, sin embargo, si no fuera por la gran lucha que están dando todavía no habría ningún delegado adentro. El derecho del propietario (Lear Corp.) está por encima de la Justicia del propio Estado burgués.
Pero incluso en este caso, una vez que los delegados entran a la planta se ve como la democracia se termina en la puerta de la fábrica, donde se expresa con toda claridad el reinado de la propiedad privada. La patronal tiene plenos poderes para decidir sobre los ritmos de trabajo, la cantidad de horas que usted trabaja, la continuidad de su puesto de trabajo, etc. Pero también tuvo la potestad de encerrar en una jaula a los delegados que habían osado insubordinarse. Otra vez, si no fuera por la lucha, la lucha de clases, esta situación no se hubiera modificado.
Lear cuenta también con sus propias fuerzas del orden para la fábrica: la patota de la burocracia del SMATA. Ahora también atacando la carpa de los trabajadores en la puerta y amenazándolos de muerte. Como era de esperarse para esto cuentan con la mirada cómplice de la policía bonaerense con la que comparte el objetivo de defender los intereses patronales.

El Estado como máquina del despotismo de clase
La cuestión es que las relaciones de explotación no pueden sostenerse sólo presentando al Estado como representante del interés general, por eso para cuando estos tipos de mecanismos fallan, la burguesía cuenta con cuerpos armados permanentes dedicados a imponer por la fuerza sus intereses. En este sentido, Marx explicaba que “El poder estatal centralizado, con sus órganos omnipresentes: el ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la magistratura –órganos creados con arreglo a un plan de división sistemática y jerárquica del trabajo– procede de los tiempos de la monarquía […] Al paso que los progresos de la moderna industria desarrollan, ensanchan y profundizan el antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, el poder del Estado fue adquiriendo cada vez más el carácter de poder nacional del capital sobre el trabajo, de fuerza pública organizada para la esclavización social, máquina del despotismo de clase.” (La Guerra Civil en Francia, Carlos Marx.)
Volviendo a Lear vemos como la policía bonaerense custodia la planta, a los palos cuando fue necesario, o la Gendarmería que se encarga de reprimir sistemáticamente a los trabajadores y a quienes se solidarizan con ellos. Como podemos ver, con Marx y con Lear, tras el engaño de la defensa del “interés general”, de la “igualdad ante la ley”, la burguesía presenta sus propios intereses particulares como intereses de todos, y los intenta presentar por “encima” de la lucha de clases; pero cuando ésta surge ahí están los destacamentos armados como la Policía, la Gendarmería para defender sus intereses frente a los trabajadores.
Estas breves observaciones no agotan los mecanismos de los que se valen para dominar los capitalistas, pero expresan de qué se trata la realidad del Estado burgués.

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