Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
21 de septiembre de 2017

La Verdad Obrera N° 526

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La Primera Internacional: Los orígenes (I)

13 Jun 2013 | El movimiento obrero a través de su historia se ha organizado internacionalmente para enfrentar a los capitalistas y luchar por una sociedad libre de explotación y opresión poniendo en pie cuatro Internacionales. En los próximos números de LVO presentaremos una serie de artículos sobre esta historia, con sus debates, sus luchas, y sus lecciones. Esta primera entrega trata sobre los orígenes de la Primera Internacional. (Clickeá sobre la infografía para agrandarla)   |   comentarios

“¡Proletarios de todos los países uníos!”. Con estas palabras terminaba el Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) redactado por Karl Marx. Desde su fundación el 28 de septiembre de 1864, la unidad internacional de los trabajadores será la bandera de la AIT, también conocida como la Primera Internacional.

Los trabajadores se organizan más allá de las fronteras

Por aquellos años el capitalismo se encontraba en crisis. Los intentos de la burguesía (empresarios y financistas) de descargarla sobre los trabajadores provocaron un reanimamiento de la lucha y la organización del movimiento obrero en las principales potencias capitalistas de aquel entonces, Inglaterra y Francia, así como en otros países de Europa. Al calor de las primeras huelgas de finales de la década de 1850, en Gran Bretaña surgen las trade-unions (sindicatos obreros) que comenzarán a tomar en sus manos, tanto demandas sindicales como políticas de los trabajadores.

Frente a la resistencia obrera, la burguesía buscó usar las diferencias de nacionalidades para que los trabajadores compitan entre sí, buscando de esta manera lograr menores salarios y peores condiciones de trabajo. De la necesidad de enfrentar esta situación surgió uno de los primeros impulsos que darían nacimiento a la Primera Internacional. En 1863 las trade-unions de Inglaterra harían un llamamiento a sus hermanos de clase de otras naciones para organizarse contra esta competencia entre obreros que quería imponerles la burguesía.

Al mismo tiempo, fenómenos políticos enormes conmovían a la clase trabajadora. Estados Unidos se encontraba inmerso en una guerra civil donde los capitalistas del Sur del país luchaban contra el Norte para que se mantenga la esclavitud. La causa de la liberación de los esclavos despertaba la solidaridad internacional de los trabajadores de Europa. Así como también la lucha del pueblo de Polonia que se había levantado en armas para liberarse de la dominación de Rusia.

En este marco, el llamado de los trabajadores ingleses tuvo una importante repercusión entre el movimiento obrero del continente Europeo, en primer lugar, en los talleres y las fábricas de Francia. En 1864 llegará la respuesta de los trabajadores franceses y se concretará el llamado la primera reunión que marcará la fundación de la Internacional. A dicha convocatoria concurren trabajadores alemanes, belgas, polacos, italianos, suizos, entre otros.

La idea de organización internacional se difundía naturalmente entre los trabajadores, porque la burguesía aún no contaba con un aparato de burócratas a su servicio en las organizaciones del movimiento obrero capaz de aplastar este tipo de iniciativas.
Pero, a pesar de estos avances, esta joven clase obrera no contaba con partidos revolucionarios propios en los diferentes países, ni con un programa y una estrategia clara para derrotar a los capitalistas. De la lucha de las tendencias políticas que integraban la Primera Internacional y de la prueba que significará la conquista del primer gobierno obrero de la historia con la Comuna de París de 1871, van a surgir muchas de las definiciones políticas y programáticas futuras. Esas lecciones y debates ideológicos se transformarán en la base para la organización del movimiento obrero de allí en adelante. Muchas de ellas conservan su vigencia hasta la actualidad, por más que la burguesía se empeñe en borrar la historia de los trabajadores para que siempre se tenga que empezar desde cero.

Del socialismo utópico al socialismo científico

En septiembre de 1864 tendrá lugar en Londres la primera reunión que sentará las bases de la nueva Internacional. Karl Marx será el encargado de preparar el Manifiesto Inaugural de la AIT y sus estatutos que son aprobados con unas pocas modificaciones. Marx no fue el fundador de la Primera Internacional pero se transformó rápidamente en su principal dirigente y organizador. Esto no fue casual. Por un lado, para esos años ya era un veterano revolucionario y en el exilio había cultivado una estrecha relación con los círculos obreros de Londres. Por otro lado, sus tesis expresaban las conclusiones más avanzadas del movimiento obrero de la época.
Marx junto con Federico Engels habían desarrollado una lucha política fundamental, que quedó expresada en el Manifiesto Comunista, contra las corrientes que concebían al socialismo como una utopía, como la construcción de una sociedad ideal al margen de la existente.

Robert Owen en Inglaterra, Charles Fourier y Étienne Cabet en Francia, fueron algunos de los grandes inspiradores de estas tendencias que concibieron comunidades ideales, democráticas, fundadas en relaciones de igualdad. Constituyeron un momento inicial, de gran inspiración para el naciente movimiento obrero que aún no se distinguía claramente del artesano.

Marx y Engels también se inspiraron en muchos de los temas de aquellos socialistas utópicos, sin embargo, contrapusieron al socialismo utópico el socialismo científico. Para ellos, el socialismo no era un ideal al que debía adaptarse la realidad, sino que era un objetivo que surgía de la lucha misma de la clase trabajadora contra la explotación capitalista, así como de su lugar en la producción.

Ambos revolucionarios fundadores del marxismo, se dedicaron a estudiar científicamente las contradicciones del capitalismo. No sólo descubrieron como fundamento del sistema que la ganancia capitalista surgía del “robo” de una parte del trabajo realizado por los obreros (ver recuadro “Marx y el descubrimiento de la plusvalía”), sino también que el propio desarrollo de las fuerzas productivas (maquinarias, organización del trabajo, destreza de los obreros, etc.) bajo el capitalismo era la base material que permitía aspirar a conquistar una sociedad de productores libres asociados.

Para ello era necesario poner los avances de la ciencia y de la técnica moderna al servicio de las necesidades sociales y no de la ganancia capitalista. De esta forma sería posible ir disminuyendo el tiempo que cada individuo dedica al trabajo hasta que represente una porción insignificante y que las personas puedan dedicar sus energías al ocio creativo de la ciencia, el arte, y la cultura, y desplegar así todas las capacidades humanas.

No se trataba de construir comunidades cerradas que respetaran unos principios socialistas ideales, sino de que la clase obrera tomase el poder derrotando a la burguesía para poder avanzar hacia una sociedad libre de explotación y opresión. El único medio para lograrlo era desarrollar la lucha de clases y hacer la revolución.

El movimiento obrero y las tendencias políticas de la AIT

Dos años después de su fundación, y luego de varios intentos, finalmente en septiembre de 1866 en Ginebra (Suiza), la Primera Internacional realizó su primer Congreso. Con el resurgimiento del movimiento obrero muchas de las tendencias principales que habían tenido influencia entre los trabajadores durante las décadas anteriores vuelven a tomar fuerza.

El “socialismo utópico” como tal había quedado superado por el propio desarrollo de la lucha de clases. Durante las revoluciones de 1848 (ver recuadro “La primavera de los pueblos”) la clase obrera ya había demostrado que la lucha por una nueva sociedad se jugaba en las calles y que era capaz de conmover los cimientos de la dominación de los capitalistas.

Sin embargo, estas conclusiones eran patrimonio del sector más avanzado de los trabajadores, mientras que muchos de los que salían a la lucha al momento de fundarse la Primera Internacional lo hacían con expectativas en que una sociedad más justa se podía lograr sin un enfrentamiento abierto contra el Estado y la burguesía.
En este marco es que la AIT avanza en la elaboración de un programa y una estrategia de la clase obrera a partir de la intervención en la lucha de clases y del debate político e ideológico entre las diferentes tendencias que la componían. Entre las principales, una estará representada por Marx, Engels y su grupo; otra por los anarquistas que se basaban en las teorías de Proudhon; otra la constituirán los dirigentes de las trade-unions inglesas; y finalmente la corriente anarquista dirigida por Mijaíl Bakunin que se incorporará a la AIT en 1868.

En el próximo número de LVO abordaremos las características y el contenido de estas polémicas así como los primeros combates de la Primera Internacional en la lucha de clases.

Temas Relacionados: Historia , Teoría , Historia de las Internacionales









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