Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
21 de septiembre de 2017

La Verdad Obrera N° 529

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La Primera Internacional ante la revolución (III)

04 Jul 2013 | El movimiento obrero a través de su historia se ha organizado internacionalmente para enfrentar a los capitalistas y luchar por una sociedad libre de explotación y opresión poniendo en pie cuatro Internacionales. En esta sección de LVO presentamos una serie de artículos sobre esta historia, con sus debates, sus luchas, y sus lecciones. Esta tercera entrega trata sobre la intervención de la Primera Internacional en la Comuna de París y las lecciones que extrajo de esta experiencia. (Clickeá sobre la infografía para ampliarla)   |   comentarios

Como señalábamos en el número anterior de LVO, en 1871 la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) y cada una de sus corrientes, tendrán por delante una gran prueba: la clase obrera francesa conquista el primer gobierno obrero de la historia, la Comuna de París. Había llegado la hora de medir los programas y las estrategias al calor del enfrentamiento entre revolución y contrarrevolución.

La guerra trae la revolución

Para 1870 la agitación obrera crecía en Francia. La respuesta del gobierno encabezado por Napoleón III , quién ya llevaba 20 años en el poder, fue la persecución policial e ilegalización de las organizaciones obreras.

Para el mes de julio, Napoleón III le declara la guerra a Prusia (principal provincia de lo que luego sería Alemania) como forma de mantener la posición de Francia en Europa, y al mismo tiempo contener la oposición interna de la clase obrera. Pero los cálculos le salen muy mal. Para principios de septiembre el ejército francés es derrotado, Prusia pasa a la ofensiva e invade Francia, y el propio Napoleón III es capturado.

Francia se queda sin gobierno y se desata la revolución. El 4 de septiembre, la clase obrera y el pueblo de París marchó a la Cámara de Diputados al grito de “La patria está en peligro”, pero a pesar de la fuerza del movimiento, los trabajadores no tomaron el poder. La burguesía se aprovechó de la situación y formó un gobierno encabezado por Thiers , un político reaccionario.

Todas las fuerzas de sección francesa de la Primera Internacional participaban activamente de las movilizaciones. Mientras tanto el Consejo General de la AIT va a llamar a la solidaridad internacional de los trabajadores con sus hermanos de clase franceses. Será Marx el encargado de escribir una serie de Manifiestos a través de los cuales la Internacional va a repudiar tanto la guerra como la maniobra de la burguesía de haber expropiado la revolución.

La burguesía se une por sobre las fronteras contra la clase obrera

A pesar de estar en guerra, desde el comienzo de la revolución la burguesía francesa y la prusiana van a conspirar con el objetivo común de derrotar a la clase obrera, dando una gran demostración de “solidaridad” contrarrevolucionaria.

La defensa de Francia frente a la invasión quedó exclusivamente en manos de los trabajadores en armas, que junto con las capas bajas de la pequeño-burguesía habían conformado a mediados de febrero de 1871 la Federación de batallones de la Guardia Nacional, una milicia irregular que agrupaba alrededor de 200.000 personas.
Como señala Marx en uno de los documentos de la Internacional: “París armado era el único obstáculo serio que se alzaba en el camino de la conspiración contrarrevolucionaria.”

En marzo de 1871 la burguesía francesa capitula finalmente ante Prusia, e intenta desarmar a la Guardia Nacional, lo que era en los hechos una declaración de guerra contra el proletariado de Paris.

La respuesta de la clase obrera no se hace esperar y el 18 de marzo se desata la insurrección que llevará al proletariado al poder por primera vez en la historia. La peor pesadilla de la burguesía se hace realidad, mientras el gobierno burgués huía a refugiarse en Versalles (la antigua sede de gobierno de los reyes de Francia) los trabajadores armados formaban su propio gobierno. Nacía así la Comuna de París.

La Comuna: el gobierno de los trabajadores

En la Comuna de París, el ejército y la policía fueron reemplazados por el armamento general de la clase obrera y el pueblo de París organizados en las milicias de la Guardia Nacional. Frente a la unidad contrarrevolucionaria de la burguesía francesa y prusiana, el internacionalismo de la Comuna se plasma en la propia composición de las milicias que tenían a varios revolucionarios de otros países entre sus jefes militares más experimentados.

La Comuna se constituye como un órgano legislativo y ejecutivo al mismo tiempo, donde todos los diputados pasan a cobrar lo mismo que un trabajador. Barre así con la casta política de “representantes” que en los gobiernos burgueses utilizan sus cargos para garantizar sus negocios. A su vez, todos los diputados pasan a ser revocables inmediatamente por sus electores, de forma tal que no puedan volver la espalda a quienes los eligieron. Termina también de un plumazo con la casta de funcionarios vitalicios del poder judicial, todos los jueces son electos por el voto popular. Sanciona la separación de la Iglesia y del Estado. De esta forma la Comuna dio a la república una base de instituciones verdaderamente democráticas.

Como señala Marx: “La Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo.” Así la Comuna adopta entre sus primeras medidas la puesta a producir bajo control obrero de todas las fábricas que había abandonado la burguesía luego de la revolución; la eliminación de las multas con las que los patrones castigaban a los obreros; la prohibición del trabajo nocturno, entre otras medidas que reflejaban su carácter de clase.

Revolución y contrarrevolución

La Comuna mostraba que los trabajadores podían conformar su propio gobierno. Era un gran ejemplo para todos los trabajadores del mundo que asustaba por igual a la burguesía francesa y a la prusiana. Bismarck , canciller del recientemente creado Imperio Alemán, libera a los prisioneros de guerra del ejército francés para que Thiers pueda armar un ejército contrarrevolucionario de unos 170 mil miembros para enfrentar a los obreros de París.

La burguesía francesa con el apoyo de su par alemana, se lanza a una guerra de exterminio contra la Comuna. Los trabajadores luchan durante 8 días, cada barricada es defendida hasta el final. El ejército contrarrevolucionario fusila en masa ante cada oportunidad, incluyendo a los niños. Durante aquella semana son asesinados 30 mil comuneros.

Estas sangrientas jornadas, no eran producto de un exceso de la burguesía, que luego del triunfo se paseaba orgullosa entre los muertos por las calles de Paris. Como afirmara Thiers, satisfecho con el trabajo de sus tropas: “El suelo está cubierto de sus cadáveres: ese espectáculo horroroso servirá de lección”.

Sin embargo, al contrario de lo que esperaba Thiers y toda la burguesía, el combate de los comuneros y su valentía al tomar el poder, a pesar de las pocas semanas que duró la Comuna, servirían de inspiración y fuente de enormes lecciones políticas para las nuevas generaciones de revolucionarios y sus banderas serían retomadas por los trabajadores rusos en la Revolución de Octubre de1917.

La Primera Internacional y las lecciones de la Comuna

La experiencia de la Comuna de París saldaba en la práctica muchos de los principales debates que habían atravesado a la Primera Internacional.

En su lucha política por imponer instituciones verdaderamente democráticas, e incluso para repeler la invasión prusiana, la clase obrera había tenido que acudir a los métodos revolucionarios. De esta forma el propio desarrollo de la Comuna chocaba con las ilusiones pacifistas de un sector de los dirigentes de las trade unions inglesas que formaban parte de la Internacional. Fue el caso de Odger, uno de los fundadores de la AIT que se negó a apoyar a la Comuna y rompió con la Internacional.

Como señala Marx, lejos de aquellas ilusiones, si hubo un error de los comuneros, fue no haber marchado sobre Versalles para derrotar definitivamente y apresar al gobierno de Thiers, dándole tiempo para recuperarse y organizar la contraofensiva. En el mismo sentido, Marx plantea que los comuneros habían sido demasiado respetuosos de la propiedad privada al no apropiarse del oro que estaba en el banco de Francia para usar esos fondos para la revolución.

Como demostró el desenlace de la Comuna la burguesía no tuvo ninguna contemplación para con los trabajadores a los que atacó despiadadamente ni bien tuvo la oportunidad.

Por otro lado, quedaba claro, a diferencia de las tesis sostenidas por Bakunin, que el poder de la burguesía no desaparecía una vez perdido el control del Estado, sino que ésta seguía luchando despiadadamente por recuperarlo, y que por lo tanto, como señalaba Marx era necesario que la clase obrera pusiese en pie su propio poder estatal para garantizar la dominación de los antiguos opresores. La clase obrera demostró en la práctica que tenía la capacidad de hacerlo.

La debilidad de la Comuna en este aspecto justamente consistió en que no llegó a construir un poder estatal a nivel de toda Francia. Los levantamientos que se dieron en ciudades de provincia como Lyon y Marsella, o los enfrentamientos en Toulouse, Carbona, Saint Etienne y Creusot, quedaron aislados y fueron derrotados. Al contrario de lo que sostenía Bakunin, no se trataba solo de poner en pie nuevas Comunas, sino de conquistar un poder obrero y campesino central y democrático que abarcase todo el país. La ausencia de un poder de este tipo permitió la derrota de París al no contar con el apoyo y la acción conjunta de los trabajadores y los campesinos a nivel nacional para imponerse contra la burguesía.

Siendo la Primera Internacional muy débil para la envergadura de los acontecimientos, la clase obrera llegó a la revolución en 1871 sin una dirección revolucionaria capaz de llevar la enorme energía y heroísmo desplegados por la clase trabajadora francesa a la victoria.

Lejos de la desconfianza de los proudhonianos, o el repudio de Bakunin, a la acción y organización política de la clase obrera, ésta mostró ser una cuestión de vida o muerte para los trabajadores.

Las tendencias que conformaban la Primera Internacional pasarán a ser, corrientes bien diferenciadas en el periodo posterior: el sindicalismo, el anarquismo, y el marxismo. Sobre la base de las lecciones sacadas por Marx, y su corriente en la AIT, surgiría años después la Segunda Internacional bajo la dirección de Federico Engels.


Desprecio y pánico de la oligarquía argentina frente a la Comuna de París (Extractos del diario La Nación de 1871*)

Para La Nación, los obreros que habían asumido el gobierno en París eran “una turba de ignorantes feroces. Ignorantes porque no tienen la más leve idea no ya de las instituciones republicanas, sino del derecho común; feroces porque pretenden establecer los principios de la igualdad y la justicia a impulsos de la guillotina y la lapidación”.

Asustado, el cronista llama a la reflexión a las clases dominantes “¿Esperan acaso esas clases sacudir su letargo cuando […] llame a su puerta la mano famélica y codiciosa para empezar esa operación interminable de la nivelación de la fortuna?”
Exagerando el protagonismo de la Primera Internacional, La Nación sostiene que “La Internacional es una asociación formidable: ella ha hecho lo que sucede hoy en París”.

A pesar de la matanza de 30 mil comuneros, La Nación muestra que la oligarquía argentina sigue dominada por el pánico de la extensión de la revolución que identifica con la Primera Internacional. Dice el 29 de junio de 1871: “Su programa, publicado hoy mismo en todas partes, aún en París, donde no se puede descubrir la conspiración que fija los carteles en las calles, se reduce a estos cuatro principios: abolición de todo culto; exterminio de todo mandatario; abolición del capital; advenimiento de los obreros al gobierno de la sociedad humana. Su primera batalla ha sido el incendio de París. Su segundo combate será acaso la ruina de Europa entera”

*Citados en Marx en la Argentina de Horacio Tarcus

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