Partido de los Trabajadores Socialistas

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17 de julio de 2018

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ELLAS, mujeres de la clase obrera

Simonne Minguet

07 Jun 2007   |   comentarios

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Simonne Minguet empezó su vida militante en la París ocupada por los nazis, durante la II° Guerra Mundial. En 1944, los trotskistas se unifican en el Partido Comunista Internacionalista (PCI), que edita el periódico La Verité en forma clandestina. Desde sus páginas combaten por la independencia del proletariado, contra los ocupantes y la cobarde burguesía francesa. Al mismo tiempo, enfrentan también al Partido Comunista Francés (PCF) que arrastra a la clase obrera a pelear una guerra cuyos objetivos les son ajenos.

En esos años, Simonne estudiaba en la universidad de La Sorbona, donde conoce a Lubra, un joven trotskista que meses después será arrestado y deportado a Auschwitz, destino común para muchos militantes revolucionarios de origen judío. Cuando Simonne se entera del destino de su nuevo amigo, se pregunta si esa causa que acaba de conocer, vale el sacrificio de arriesgar su vida; sí, respondió rotundamente.

Desde el primer día su militancia es clandestina. En marzo de 1944 comienza a trabajar en la fábrica Caudron-Renault, dirigida por la ocupación alemana, para producir aviones militares. Simonne se sumará así a las miles de mujeres que ingresan a las fábricas como operarias de baja calificación.

Ese mismo año se empiezan a desarrollar luchas obreras en respuesta a los despidos, recortes salariales y contra la persecución política. A pesar de la dispersión y las dificultades para organizarse, se discuten cuestiones relacionadas con la producción, que se profundizarán luego del fin de la ocupación nazi. En los meses previos a la denominada “Liberación de París”, del 24 de agosto de 1944, se conforma en Caudron-Renault un comité obrero provisional que levanta un pliego de reivindicaciones, proceso que se extiende a otras fábricas dando lugar al comité inter-fábricas Boulogne-Billancourt. Simonne es elegida delegada de su fábrica y se transformará en secretaria adjunta del Comité Obrero Provisional Central.

En ese momento existían en París y los alrededores barricadas y milicias populares contra la ocupación nazi. El PCF había llamado a defenderlas, sin embargo, había sido superado: se empezaron a instalar barricadas armadas directamente en las fábricas. Pero mientras los obreros mantenían las fábricas ocupadas, Simonne como sus compañeros trotskistas, seguían enfrentando la persecución de los patrones, de la burocracia sindical y las acusaciones del propio PCF, porque éstos habían desenmascarado su política traidora de llamar a la clase obrera a sumarse al “esfuerzo de guerra” de los aliados contra Alemania. Una política que podría resumirse con las palabras de su propio Secretario General, Thorez: “Producir ahora, pelear por reivindicaciones después...”.

Mientras, en Caudron una asamblea general vota por unanimidad asumir el control obrero de la fábrica. Surgía así una enorme experiencia, aunque trunca, de autogestión obrera. No tardarían en llegar el sabotaje de la burocracia de la CGT y las acusaciones de los stalinistas del PCF, que bregaban ahora por desarmar las barricadas y las milicias populares: “un solo ejército, una sola policía, una sola administración”.

En noviembre de 1944, Thorez, que más tarde será ministro del gobierno de De Gaulle, dijo en un acto: “Hacer la guerra, crear un poderoso ejército nacional, trabajar y combatir, unidad con todos los buenos franceses”. Frente a la misma situación Simonne y sus compañeros escribían en La Verité: “Los 30.000 milicianos obreros reunidos (...) proclamaron su voluntad de defender sus milicias y sus armas. La mejor forma de defender nuestras milicias es construir verdaderas milicias obreras”.

Más de 150 trotskistas franceses fueron detenidos o deportados durante la ocupación, casi 40 muertos, fusilados como Jean Meichler, Marc Bourhis, Henri Lebacher y André Thiolon, asesinados como Robert Cruau y Marcel Hic, muertos en los combates de la “liberación” como Henri Molinier y el joven obrero Henri Van Hulst.
Años más tarde, Simone partirá a Argelia, donde se libraba la guerra contra la ocupación colonial francesa y será parte de una escisión del movimiento trotskista, encabezada por Michel Pablo, que impulsó la línea de ingresar en los Partidos Comunistas, liquidando la independencia de las organizaciones revolucionarias.
Sin embargo, la militancia de Simonne bajo la ocupación nazi, como la de toda su generación de camaradas, representa un enorme aporte a lucha del proletariado en el camino de la revolución socialista.









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