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EDITORIAL

Derrota del gobierno, gran elección del Frente de Izquierda y de los Trabajadores

El gobierno de Cristina sufrió una derrota sin atenuantes en las primarias de este 11 de agosto. Su caída respecto del 54% que obtuvo en octubre de 2011 superó todos los pronósticos: el Frente Para la Victoria consiguió apenas un 26% a nivel nacional que se amplía a un 29% incluyendo a algunos aliados.

Christian Castillo

15 de agosto 2013

Derrota del gobierno, gran elección del Frente de Izquierda y de los Trabajadores

El gobierno de Cristina sufrió una derrota sin atenuantes en las primarias de este 11 de agosto. Su caída respecto del 54% que obtuvo en octubre de 2011 superó todos los pronósticos: el Frente Para la Victoria consiguió apenas un 26% a nivel nacional que se amplía a un 29% incluyendo a algunos aliados. Perdió en los cinco principales distritos (Provincia de Buenos Aires, CABA, Córdoba, Santa Fe y Mendoza) y también en San Juan, Catamarca, Río Negro, Chubut, Santa Cruz… y por un pelo retuvo Jujuy. La derrota más importante se produjo en Provincia de Buenos Aires, donde el Frente Renovador de Sergio Massa se impuso al oficialista Martín Insaurralde por un 35,05% a un 29,65%. Massa ganó también en 74 intendencias contra sólo 44 del oficialismo y 13 del frente entre Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín.

Más allá del patético discurso de CFK sobre las victorias del FPV en la Antártida y en la Comunidad QOM (explicada esta última por Félix Díaz a partir de que no le entregan documentos a los QOM opositores a Insfrán), los K se ilusionan con que aún de repetirse este resultado en octubre mantendrían mayoría en las Cámaras de Diputados y Senadores, aunque en esta última su diferencia se estrecharía. Dicen que en 2009 quedaron con minoría en Diputados e igual se recuperaron. Sin embargo, la situación es muy diferente. En 2009 hubo una fuerte recesión al calor de la crisis internacional. No sólo se recuperaron por el rebote de la economía (que creció fuerte en 2010 y 2011) sino que tenían variantes políticas de recambio (reelección de Cristina o candidatura de Néstor). El fenómeno desarrollado por la muerte de Néstor Kirchner potenció una recuperación política ya insinuada en los actos del Bicentenario y Cristina logró una holgada victoria en las presidenciales de 2011. Ni bien terminada esa elección señalamos las contradicciones económicas y políticas que enfrentaba el gobierno, y que estas se expresarían más temprano que tarde. No nos equivocamos. La economía cayó fuerte en 2012 aunque no se derrumbó. Este año la producción automotriz creció respecto al año pasado, la cosecha fue récord y aumentó el consumo, lo que permitió contener las tendencias a la acción directa. Pero el esquema económico no resolvió sus contradicciones estructurales. Las reservas continuaron su caída. La inflación no se disparó pero sigue en torno al 25% anual. El dólar paralelo casi duplica al oficial. El cepo al dólar produjo un derrumbe del mercado inmobiliario, que está en su piso histórico. El superávit fiscal es cosa del pasado, no lo consiguen siquiera mediante el “impuesto al salario”, que pasó de ser pagado por un 7% de los asalariados a un 30%. El déficit es cubierto con los fondos de la ANSES. El precio de la soja está cayendo y se calcula que la recaudación del Estado por retenciones caerá en 2014 alrededor de U$S 5.000 millones. Además, las condiciones internacionales empeoraron, con la tendencia a la caída de los precios de las materias primas. Todo esto expresa las tendencias al agotamiento del “modelo”, más allá de mejoras coyunturales que recrean ilusiones conservadoras en amplios sectores de masas. Hoy las principales contradicciones son políticas: como dijimos cuando el gobierno obtenía un 54%, la ausencia de reelección de CFK lleva a una “crisis de sucesión” en el oficialismo. El descontento que el año pasado y este mostraron las clases medias (con los cacerolazos que buscaban una salida por derecha) y el movimiento obrero (con el gran paro del 20 de noviembre) preanunciaron de algún modo lo que en las elecciones se expresó políticamente.

La batalla por la sucesión del peronismo

Con el apoyo del grueso de la clase dominante, llevando incluso un ex presidente de la Unión Industrial Argentina -José Ignacio De Mendiguren- en su lista, Massa fue uno de los grandes ganadores de la elección, aunque esto no lo transforma automáticamente en quien se queda con la sucesión de Cristina al interior del peronismo. La batalla sigue abierta, no sólo con Scioli sino con gobernadores que pueden querer ocupar la candidatura presidencial en 2015. Está abierta, además, la posibilidad de dos candidatos presidenciales peronistas dentro de dos años (hoy el Frente Renovador y el FPV son coaliciones diferentes), pero para esto falta un mundo, en medio de una situación mundial altamente convulsiva, signada por la continuidad de la crisis capitalista.

Massa, con su perfil opositor light, se transformó en la “esperanza blanca” de la gran patronal para liderar el “pos kirchnerismo”. En su campaña combinó planteos abiertamente de derecha (como la campaña por la “seguridad”) con demagogia hacia los trabajadores en lo que hace al “impuesto al salario”, buscando además el apoyo de sectores de la burocracia sindical. La burocracia, dividida como nunca, es una de las grandes derrotadas de la elección. El intendente de Tigre conquistó un voto conservador, de “cambio con continuidad” hacia la derecha. Ese discurso le permitió prevalecer sobre otras opciones opositoras más “duras”, como la de De Narváez. O quedar mejor posicionado que peronistas opositores con perfil más “menemista” como De la Sota y Schiaretti. El PRO, por su parte, quedó como un partido municipal (aunque fueron aceptables, los resultados de Del Sel en Santa Fe o Baldassi en Córdoba no compensan la derrota con el UNEN) y con una elección limitada en la Capital, opacadas las expectativas presidenciables de Macri por la emergencia de Massa, al que debió subordinarse en Provincia de Buenos Aires.

En la Provincia de Buenos Aires, el centro de la campaña electoral, la política del kirchnerismo frente a la emergencia de Massa fue presentar un candidato como Martín Insaurralde, con un perfil similar, y dar gran protagonismo en la campaña a Daniel Scioli, que estuvo a la par de la presidenta en los actos (aunque no en los spots, monopolizados por la imagen de CFK). Hay que ver si, más allá de una primera reacción que los muestra desorientados, tienen algún cambio de estrategia en la campaña hacia octubre.

El espacio del radicalismo y el “socialismo” de Binner sale relativamente bien de las primarias, con Julio Cobos (que ganó en Mendoza con un 44%) y el ex gobernador santafesino como posibles presidenciables. El UNEN, que reunió la diáspora radical en Ciudad de Buenos Aires, junto a Elisa Carrió, Pino Solanas y Libres del Sur, no es seguro que retenga todo el voto que obtuvieron por separado las fórmulas que fueron a las internas y que sumadas le dieron el primer lugar. Sin embargo, la UCR salió derrotada en Ciudad de Buenos Aires, ni siquiera entrando Gil Lavedra en el reparto de candidaturas a diputado. En Provincia de Buenos Aires el grueso de los votos de la alianza entre Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín no sumó lo que obtuvo el FAP en 2011. Nacionalmente la expectativa de este espacio para 2015 se cifra en una división del peronismo que le permita llegar con alguna chance a segunda vuelta.

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores: una elección histórica

Con más de 900 mil votos, el FIT hizo una elección histórica para la izquierda anticapitalista, clasista y socialista. Mientras, la izquierda que apoya al gobierno perdió toda identidad diferenciada y la que se fue con las variantes de centroizquierda (MST - Nueva Izquierda) se redujo a su mínima expresión. A diferencia de otros frentes de izquierda que concentraban sus votos en Capital y Provincia de Buenos Aires, el FIT se mostró como una alternativa política de la clase trabajadora desde el norte hasta la Patagonia.

Nuestro voto expresó el descontento por izquierda con el gobierno kirchnerista, algo que los encuestadores y analistas buscaron ocultar durante la campaña y la prensa intenta hoy minimizar. Cuando en algunos distritos sacamos resultados entre un 5 y un 10% es evidente que no hubo “error estadístico” sino una intencionalidad política en no registrar el voto al FIT, algo que sí percibía nuestra militancia, tanto en los lugares de trabajo como en ámbitos públicos. Esta vez no pueden querer explicar nuestra votación como producto de un supuesto “milagro” como hicieron en 2011. El FIT se transformó en alternativa por nuestra presencia permanente en las luchas políticas y sociales de este período. No somos partidos ni candidatos que sólo aparecemos para una elección (Ver página 4). Fuimos los que denunciamos el espionaje ilegal de la gendarmería con el Proyecto X y llevamos adelante la campaña por la perpetua para Pedraza. Los que enfrentamos el copamiento de Plaza de Mayo por el gobierno el 24 de marzo. Los que nos solidarizamos con los inundados de La Plata e impulsamos las asambleas populares. Los que denunciamos la mafia en el sistema ferroviario que estuvo tras los crímenes sociales de Once y Castelar y fue responsable del asesinato de Mariano Ferreyra. Los que denunciamos en plena campaña como hizo Claudio Dellecarbonara en el Subte junto a los metrodelegados a Macri y su política de poner a funcionar estaciones sin condiciones de seguridad para trabajadores y usuarios. Los que impulsamos decenas de listas antiburocráticas en los sindicatos y estamos en primera línea en cada lucha obrera, como en Lear, Kromberg, Volswagen (Córdoba) o Liliana (Rosario), por nombrar casos recientes. Los que luchamos por la defensa de la educación pública en el movimiento estudiantil e intervenimos en todas las luchas antirepresivas y contra la impunidad de los represores de ayer y de hoy. Los que batallamos en el terreno de las ideas, como estamos haciendo desde el PTS con otros intelectuales adherentes al FIT con la revista Ideas de Izquierda. Los que mostramos en Córdoba y Neuquén la utilidad de las bancas de izquierda para las luchas obreras y populares, como hace Rául Godoy denunciando la entrega a Chevron de Cristina y Sapag, o antes apoyando la lucha docente y popularizando la idea de que todo funcionario político gane lo mismo que un docente. Es desde esta presencia militante que las fuerzas del FIT intervenimos en la instancia electoral. Es eso lo que nos hace una molestia para la clase dominante, que seamos fuerzas con presencia orgánica entre los trabajadores y la juventud. Los que no negamos que existen diferencias entre nuestros partidos pero siempre las discutimos públicamente, de cara a la vanguardia obrera y juvenil. Por eso, porque molestamos a la clase dominante, hoy tratan de minimizar el innegable hecho político que fue la elección del FIT.

La izquierda y los “fines de ciclo”

Desde el fin de la dictadura hubo dos ocasiones donde la izquierda canalizó electoralmente parte del descontento popular y llegó al parlamento nacional. Una fue en 1989, en el “fin de ciclo” alfonsinista, con Izquierda Unida, el frente entre el MAS (Movimiento al Socialismo) y el Partido Comunista (PC), por el que entraron Luis Zamora al congreso nacional y Silvia Díaz como diputada provincial en la legislatura bonaerense. El carácter democratizante del programa de este frente donde participaba un partido defensor de la conciliación de clases como el PC y la construcción abiertamente electoralista “geográfico-poblacional” del MAS (en función de los distritos electorales y no de las fábricas, gremios y grandes concentraciones decisivas para la lucha de clases) preanunciaban que no jugarían ningún rol progresivo en los eventos convulsivos de la lucha de clases. Todo lo contrario, sin perspectiva revolucionaria consecuente, combinando sindicalismo y electoralismo, el MAS mostró su impotencia claudicando a la burocracia sindical en las grandes luchas contra la embestida menemista y luego estalló en decenas de grupos, producto de su carácter centrista, oscilante entre la reforma y la revolución. La otra fue durante el “fin de ciclo” de la convertibilidad, donde Autodeterminación y Libertad (AyL), el agrupamiento liderado por Luis Zamora, y la segunda variante de Izquierda Unida (esta vez formada por el MST y el PC) llegaron al parlamento nacional (siendo los principales beneficiarios de 1.200.000 votos que recibieron el conjunto de las listas de izquierda en octubre de 2001) y obtuvieron numerosas bancas en la legislatura porteña en el caso del grupo de Zamora. Pero IU no fue alternativa durante la crisis del 2001 y el bloque de legisladores de AyL en la Ciudad de Buenos Aires, electo en 2003, se disgregó, como antes había pasado con la ruptura de sus diputados nacionales. En ningún caso estos frentes o listas electorales, que captaron el descontento de franjas minoritarias pero importantes de las masas, fueron la base para la construcción de un partido revolucionario de la clase obrera.

El desafío del Frente de Izquierda y de los Trabajadores

El desafío del FIT no es meramente canalizar el descontento obrero y popular para obtener bancas de izquierda sino ser una herramienta para la construcción de un verdadero partido revolucionario, con decenas de miles de militantes y lugares de dirección en decenas de sindicatos, centros de estudiantes y otros organismos del movimiento de masas, es decir, con capacidad de dirección de una franja de la clase trabajadora (al comienzo minoritaria, pero que se proponga dirigirla en su conjunto). Para nuestro partido, el FIT es un medio para este objetivo, ya que un partido de este tipo es el que necesita la clase obrera para que una nueva crisis de “fin de ciclo” no sea resuelta favorablemente para la clase dominante.

La elección del FIT se da en el marco de que el actual equilibrio relativo de la situación política nacional se enfrenta a interrogantes que ponen en duda si podrá mantenerse a mediano plazo: las contradicciones no resueltas del modelo económico, las divisiones en el peronismo y las tendencias al agotamiento de los gobiernos que se presentaron como progresistas en Latinoamérica y hoy son cuestionados por movilizaciones de masas, como en Brasil, Chile o Bolivia, dan una mayor inestabilidad a la situación regional. Tendencias todas que, de desarrollarse, llevarán a escenarios más convulsivos en nuestro país, para los cuales nos preparamos.

En este camino, lo importante que mostró esta campaña es que sectores de trabajadores la tomaron activamente dando un carácter no sólo sindical sino también político a sus agrupaciones de fábrica y gremio. Ejemplos de esto, dos entre decenas, son el acto/asamblea de más de un centenar de obreros en apoyo al FIT en Lear y las asambleas realizadas en los distintos turnos de la gráfica Donnelley para discutir el apoyo a la campaña, en ambos casos impulsadas por trabajadores que eran candidatos.

Partimos para ello de que el FIT, a diferencia de Izquierda Unida, se basa en una plataforma de 26 puntos que señala claramente la lucha por la independencia política de la clase obrera tanto del gobierno como de toda variante patronal y por un gobierno de los trabajadores.

Un programa que no sólo plantea las demandas más inmediatas de los trabajadores y la juventud (contra la precarización laboral y contra el impuesto al salario o por el 82% móvil a los jubilados) sino medidas que nos permitan terminar con la dominación imperialista y el atraso, como la nacionalización del gas y el petróleo para que sean gestionados por los trabajadores, lo mismo que el sistema de transporte o la banca y el comercio exterior. Así como la expropiación de la oligarquía terrateniente, de los grandes pooles de siembra, de los monopolios cerealeros, aceiteros y frigoríficos y por la nacionalización de la tierra, comenzando con la expropiación de los cuatro mil principales propietarios, respetando los derechos de los campesinos pobres, pueblos originarios y pequeños chacareros que no exploten mano de obra asalariada. Un programa que se plantea la lucha por un gobierno de los trabajadores y el pueblo impuesto por la movilización de los explotados y oprimidos.


Hacia octubre, tenemos planteado continuar una gran campaña militante. Los votos obtenidos no son un techo sino un piso. Muchos que no nos votaron están predispuestos a darnos su apoyo para que ingrese una bancada de izquierda al parlamento, a las legislaturas locales y a los concejos deliberantes. No porque creamos que las bancas son un fin en sí mismo, sino que son un medio para impulsar la movilización y la organización política independiente de la clase trabajadora. Vamos con el Frente de Izquierda y de los Trabajadores! ¡Por un gran partido revolucionario de la clase trabajadora!

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