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Internacional

MIENTRAS LA RECESION SE PROFUNDIZA, LA CRISIS FINANCIERA NO DA RESPIRO

EE.UU: el rescate del Citigroup, un nuevo salvataje bochornoso

El generoso rescate del Citigroup pergeñado entre otros por el recientemente nombrado futuro secretario del Tesoro
de Obama, Timothy Geithner, actual presidente de la Reserva Federal de Nueva York, junto al actual secretario del Tesoro,
Henry Paulson y el jefe de la Reserva Federal, Ben Bernanke, muestra que, a pesar de toda la demagogia de cambio del
nuevo presidente, son los intereses de la aristocracia financiera los que aún deciden el rumbo político de los EE.UU.

Juan Chingo

27 de noviembre 2008

La caída del banco más importante del mundo: no hay nadie que está seguro

El tsunami financiero se ha trasladado de la banca de inversión, en septiembre y octubre a raíz de la quiebra de Lehman Brothers, al segmento que hasta ahora parecía estar a salvo: la banca comercial norteamericana. El que hasta hace dos años fuera el mayor banco del mundo, el creador del concepto de holding financiero, el mismísimo Citigroup, ha tenido que ser rescatado por el gobierno de forma urgente para evitar una quiebra de consecuencias cataclísmicas para el sistema financiero internacional.

Hasta ahora, los grandes vencedores de la crisis habían sido los grandes holdings financieros, entidades que combinan la banca comercial con la de inversión, como JP Morgan, Bank of America o el propio Citigroup, ya que su negocio tradicional de depósitos y financiación del consumo les ofrecía un colchón contra las fuertes pérdidas del área de la banca de inversión. Pero, mientras los dos primeros habían salido reforzados hasta ahora, JP Morgan compró a precio de saldo Bear Stearns y Washington Mutual, y Bank of America se quedó con Merril Lynch, el Citigroup se encontraba en una situación mucho más delicada: éste había caído al 5° puesto de la banca norteamericana por capitalización y presentado pérdidas durante 4 trimestres consecutivos por un total de 20.000 millones de dólares. En pocos días, el banco que en octubre era visto como un potencial ganador de la crisis crediticia y que se preparaba para devorarse a otros competidores, cayó en desgracia. El fracaso en hacerse del 5° banco comercial norteamericano Wachovia y sus millones de dólares de depósitos minoristas marcaron un punto de inflexión. En la actual crisis financiera mundial, no hay nadie que esté seguro.

La gota que colmó el vaso llegó la semana pasada, cuando la cotización del banco se hundió literalmente (un 83% desde principios de año y un 60% sólo en la semana pasada) por la desconfianza del mercado en la capacidad del Citi para salir adelante sin ayuda, pese al anuncio de 52.000 despidos y un recorte de costos de 2.000 millones de dólares en el trimestre. Este derrumbe había desatado el temor a una retirada masiva de depósitos, no tanto de los depositantes con garantías sino de varios inversores institucionales, que habría provocado la quiebra de la entidad con 2 billones de activos y 200 millones de clientes repartidos en más de 100 países.

Un nuevo peldaño en el sostén estatal de la banca

El rescate del Citigroup marca un nuevo peldaño en el uso de fondos públicos para sostener a la banca. Constituye la mayor operación de rescate al día de hoy, superando los 200.000 millones de dólares asignados con la nacionalización de los gigantes del mercado hipotecario, Fannie Mae y Freddie Mac, y los más de 150.000 millones de dólares usados para respaldar al gigante del seguro AIG (American International Group).

Así, después de un fin de semana de intensas negociaciones entre el Tesoro, la Reserva Federal, la Aseguradora Federal de Depósitos (FDIC) y el Citigroup, si sumamos todas las medidas se ha aprobado el mayor rescate de la historia: 64.500 millones de dólares en inyecciones y avales por importe de otros 306.000 millones de dólares1. Además, de esta cifra lo insólito es que es a cambio de condiciones ultragenerosas.
Mientras tanto el banco seguirá con su anunciado plan de reestructuración: la semana pasada anunció nada menos que 52.000 despidos en todo el mundo en los próximos meses. Para cuando se implemente esta reducción, su actual fuerza laboral mundial se reducirá de 350.000 puestos de trabajo a 300.000 (una reducción de un 20% por debajo de su pico de 375.000 en 2007).

¿El último rescate del Citigroup?

Lo peor de todo es que, a pesar de lo favorable de los términos acordados y la cuantiosa suma entregada, la viabilidad del Citigroup sigue cuestionada más allá de que sus acciones hayan repuntado después del oneroso salvataje. El caso de AIG, que el gobierno rescató con 85.000 millones de dólares a mediados de septiembre, debió ser reforzado recientemente ante la acumulación de nuevas pérdidas. Esto es parte de los zig-zags de las autoridades que hace dos semanas, ante la sorpresa de todo el mundo, dejaron atrás el emblemático plan de compra de activos tóxicos de 700.000 millones de dólares que dividió al Congreso para luego garantizar una buena parte de los activos tóxicos del Citi y anunciar el 25/11 un nuevo plan de inyectar hasta 800.000 millones de dólares en el sistema financiero para comprar hipotecas y valores respaldados por activos de dudosa eficacia.

Pero lo más grave de todo es que posiblemente una gran parte de los activos tóxicos del Citi y de los otros grandes bancos comerciales de EE.UU., como sucedió con el JP Morgan que se ‘tragó’ al Bearn Stearn incluyendo buena parte de sus activos tóxicos (otra parte fue entregada al Estado) aún no se han dado a conocer. Y no nos estamos refiriendo solamente a los créditos al consumo que pueden quedar impagos, sino al astronómico negocio especulativo de derivados que puede estallar en cualquier momento. El daño inimaginable que una caída del Citi podría causar salta a la vista cuando hacemos la siguiente comparación: el Citi posee una participación en dicho mercado que involucra cinco veces el dinero de Lehman Brothers, el banco cuya caída significó la entrada en una nueva etapa de la crisis financiera… ¡y JPMorgan posee trece veces tal cantidad!

Es así que, algunos analistas como el ex consultor de McKinsey, James Kwak, en su blog dice que el rescate es “Débil, Arbitrario, Incomprensible” y agrega: “…el Citi tiene más de 2 billones de dólares en activos y varios centenares de millones de dólares de pasivos (deudas) fuera de balance. Veinte mil millones es una gota en un balde. La semana pasada Friedman Billings Ramsey estimó que el Citi necesitaba 160.000 millones en nuevo capital ... Sí, hay 306.000 millones de dólares en garantías de activos (los cuales no se van a desembolsar hasta que se agoten esos 20.000 millones), pero eso deja otros 2 billones en otros activos, a muchos de los cuales no se los ve muy saludables.”2

Un accidente económico o financiero que puede desencadenar
una depresión

El caso del Citi muestra que es falsa toda idea de que ahora nos encaminamos a la recesión, y que lo peor de la crisis financiera quedó atrás. Por el contrario, la caída económica que va a implicar la profundidad y duración de la recesión va a desencadenar una oleada de bancarrotas, cierres y despidos que puede realimentar a su vez un nuevo pico de la crisis financiera. La perspectiva de un alza inusitada del desempleo puede multiplicar geométricamente la incapacidad de pago de las tarjetas de créditos y/o de los créditos estudiantiles de miles de personas, poniendo en duda la viabilidad de muchos bancos. Más grave aún, una quiebra de un gran gigante corporativo de alguna de las Tres Grandes de Detroit y sus secuelas en todo el entramado de productores y distribuidores en EE.UU. no sólo sería grave para la industria automotriz, sino que podría ser peor para los bancos, especialmente para aquellos involucrados en credit default swaps (CDS)3, probablemente uno de los productos financieros más letales jamás inventados. En última instancia, dependiendo de cómo algunos acontecimientos impredecibles se desarrollen en las próximas semanas o meses, la economía norteamericana puede terminar en una depresión deflacionaria (en una espiral inflacionaria si se hace hasta lo imposible para evitarla, o una seguida de la otra).

Todo para el capital financiero, leña para los trabajadores

Mientras las actuales autoridades, con el aval de Obama que estuvo al tanto de todas las tratativas, salieron corriendo a rescatar al Citi, el pedido de ayuda de las patronales de las Tres Grandes automotrices de Detroit sigue en veremos en el Capitolio. Obama, en una de sus intervenciones, al tiempo que planteaba la importancia de evitar su caída aclaraba que la misma no debía ser incondicional, dejando en claro que exige una serie de medidas para aprobar su rescate, exigencias que no le impusieron a la banca.

Es que, a diferencia del sistema financiero que es rescatado incondicionalmente, sobre todo después de las ominosas consecuencias que trajo la bancarrota de Lehman, la burguesía y el nuevo gobierno quieren utilizar éste caso, ya sea mediante la bancarrota o mediante un plan con condiciones precisas, para atacar el nivel de vida, las condiciones de trabajo y las prestaciones sociales que aún mantienen los trabajadores de la vieja industria automotriz norteamericana, a pesar de años de retroceso y concesiones de la burocracia sindical de la UAW4.
Esto es el subtexto del “plan de futura viabilidad” que Obama y los líderes del Congreso les exigen a los managers de las compañías automotrices antes de recibir un dólar, mientras tratan con guantes de seda a los managers de los bancos como Vikram Pandit, director General del Citigroup.

El objetivo es hacer un caso testigo con los trabajadores de la industria automotriz que históricamente han sido un punto de referencia para el conjunto de los trabajadores. Este fue el caso en el período de ascenso de la lucha de clases en la época de los ‘30 que obligó al gobierno de Roosevelt a realizar una serie de concesiones.

Más recientemente, bajo el gobierno de Reagan, cuando se vivía una enorme desocupación en los años ’79 y ’82, se perdieron 200.000 empleos sólo en la industria automotriz, y la clase obrera sufrió grandes derrotas, en particular la huelga de los controladores aéreos al inicio de su gobierno, hechos que envalentonaron la ofensiva patronal.

En ese contexto y bajo la presión formidable del gobierno, que hace depender un préstamo a la Chrysler –que estaba, como las Tres Grandes ahora, cerca de la quiebra en el año 1982– de concesiones pedidas al sindicato, la UAW firma un contrato leonino con enormes pérdidas de conquistas (suspensión del aumento automático y sistemático del salario por hora nominal, de los aumentos ligados a la inflación y el abandono de los días feriados pagados), luego de años de avances en la negociación colectiva.

Posteriormente, estas concesiones y la política de adaptación de las direcciones sindicales se generalizaron al conjunto del movimiento obrero y significaron un enorme retroceso de las conquistas de la clase obrera, iniciando la recuperación de la ganancia capitalista después de la turbulenta década de los ‘70.
Es esencial que los trabajadores no se dejen doblegar por este chantaje del nuevo presidente y el parlamento, ni tampoco aceptar la presión que harán los patrones de GM, Ford y Chrysler para salvar sus malos negocios, luchando por la nacionalización de las Tres Grandes bajo administración obrera.
La política de Obama de bendecir el salvataje de la banca y de exigir veladamente duras condiciones para los trabajadores de la industria automotriz, junto a sus nominaciones tanto en economía, como en política exterior al nombrar a la belicista Hilary Clinton, muestran que su propaganda de cambio es sólo eso, propaganda, mientras mantiene una continuidad política en lo esencial, en defensa de la aristocracia financiera que dirige el país, que debe buena parte de sus fortunas a hombres como Bob Rubin, ex secretario del Tesoro de Bill Clinton en la década del ’90 y que ahora acude a varios de sus protegidos como Geithner entre otros, para que le salven las papas.

Sólo rompiendo con los dos grandes partidos patronales y confiando en sus propias fuerzas los trabajadores norteamericanos podrán impedir el nuevo retroceso al que se apresta a infligirles más temprano que tarde el nuevo gobierno. Es esencial que los costos de la crisis los paguen los que la crearon: los grandes bancos y empresas que defienden el conjunto de la elite política de la que Obama no es más que su nueva cara.

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