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Eduardo Glavich

PTS

4 de diciembre 2008

Uno puede en primer lugar referirse a que la actualidad es en cuanto a lo vigente, pero sobre todo a lo etimológico de la actualidad que tiene que ver con algo que actúa, que está en acto y no tiene nada que ver con algo que está de moda [...]. Yo me voy a referir a la realidad en el aspecto más etimológico, en relación a lo que actúa y[...] a la teorización que hace Marx de esos problemas. [...]

La primera [tesis] tiene que ver [...] con que los productos del trabajo humano siguen adoptando la forma de mercancía y eso no es menor a la hora de la actualidad de una obra que parte justamente en sus primeras páginas de esta noción. [De ahí] nos lleva [...] a la antítesis interna de la mercancía entre valor de uso y valor. Entre ese aspecto natural y ese aspecto social, como despliega en los primeros capítulos. Por eso esta primera antítesis en el desdoblamiento de la mercancía en mercancía y dinero y posteriormente el dinero en dinero y capital es donde a mi juicio encontramos los fundamentos para lo que podemos preguntarnos como actualidad de El capital. Por supuesto que esto no quiere decir que está todo ahí, en esta concentración o en el ser, hegelianamente dicho, de la mercancía [...]. Pero me parece que esta estructura básica de los primeros capítulos de El capital nos remite también a otro de los fundamentos: [...] a que esto está sostenido en una relación social con productores privados recíprocamente independientes y eso no hay que olvidarlo, más allá de las complejidades que tome la producción capitalista en la actualidad [...].

Otro elemento que me gustaría tomar [...] es la referencia que hace Marx al fetichismo de la mercancía. [...] Dice Marx que “la comprensión científica de que los trabajos privados ejercidos independientemente los unos de los otros pero sujetos a una interdependencia multilateral en cuanto rama de la división social del trabajo que se origina naturalmente, son reducidos en todo momento a su medida de proporción social porque en las relaciones de intercambio entre subproductos, fortuitas y siempre fluctuantes, el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de los mismos se impone de modo irresistible, como ley natural reguladora, tal como se impone la ley de gravedad cuando a uno se le cae la casa encima”. [...]

Este es un elemento importante a la hora de plantearse actualidades de Marx en el sentido que planteé al comienzo. En el sentido de problemas y teorizaciones en torno a problemas, no a si es el momento en que se cae cierto capitalismo neoconservador o neoliberal y surgen otras formas, sino a si eso sigue vigente o no y en qué sentido [...]. Mientras sea generalizada esa imposición de que las mercancías se determinen en su magnitud por el tiempo de trabajo socialmente necesario tenemos el mismo problema [...]. Lo mismo podemos decir con la génesis del dinero, y en algún sentido podemos decir lo mismo de la explicación del plusvalor que también está en estos primeros capítulos del capital, aquella contradicción de que [el plusvalor] sale y no sale de la esfera de la circulación, y también la explicación de la explotación que es un debate con otras corrientes económicas no marxistas.

[...] Hay un aspecto con respecto a la ciencia, que está presente en el capital, que [es] la relación entre ciencia y conciencia. En algún punto podemos decir, como tesis fuerte para discutir, que la ciencia sirve de mediación entre el estado de naturaleza y el estado de cultura. Algún grado de ciencia, de saber y algún grado de conciencia, no sólo acompaña objetivamente, como cualidad aleatoria, el proceso cultural, sino que constituye la forma originaria e irreductible de todo proceso cultural sea cual fuera el sentido de su intención y el contenido de su realización. Por lo tanto puede decirse, extremando la tesis, que ciencia y conciencia determinan necesariamente el proceso cultural en la medida en que introducen en la naturaleza la intencionalidad humana funcionalmente ergológica, prototípicamente sociativa, y circunstancialmente histórica, determinaciones de la praxis cultural en algún sentido. [...]

Acá habría que discutir con algunas cosas que dijo Juan hacia el final, pensar cómo se salta “mecánicamente” a que esa acción política redunde en que la conciencia enajenada reconociéndose en esa enajenación avance revolucionariamente. Eso per se no es, por posición en el proceso de producción, tampoco; por lo tanto [...] esta conciencia tiene que empezar a entenderse como una conciencia escindida, [...]. Esto nos lleva al problema de la subjetividad para la realización en todo caso de esa base revolucionaria, en reconocerse como conciencia enajenada y a partir de ahí quizás transformar la relación social que por ahí no es otra cosa aunque sea muy abstracto, que los productos del trabajo no se transformen en mercancía generalizadamente. Que haya una realización social de los trabajos de manera distinta a la que propone la relación social capitalista.

Por eso me parece que aquí hay un elemento que tenemos que seguir discutiendo [...] elementos de la organización, de los partidos y de toda nuestra [...] lucha contra el capital y la liberación de la explotación capitalista. Esto no es menor, me parece un tema pendiente entre nosotros [...].

Me voy a permitir tomar dos o tres aspectos de la propia obra de Marx para también plantearlos como tesis a la discusión.

El primero es el difícil equilibrio entre la ciencia y la acción política, entre lo que quizás la tesis once redujo y complicó a un exceso de discusiones en términos de interpretación y transformación. Marx dice en el prólogo a El capital [que] las campanas tocaron a muerte por la economía política burguesa científica, cuando se veía amenazada por la lucha de clases. Y, dice Marx, ya no se trataba si este o aquel teorema era verdadero sino si al capital le resultaba útil o perjudicial, cómodo o incómodo, si contravenía o no las ordenanzas policiales. Los espadachines a sueldo, sustituyeron a la investigación desinteresada y la mala conciencia y las ruines intenciones de la apologética ocuparon el sitial de la investigación científica sin prejuicios.

Uno puede desprender acá que hay investigación científica sin prejuicios, que hay investigación desinteresada, que hay teoremas verdaderos, es decir que hay verdad. Y ese es un tema no menor entre nosotros, porque muchas veces se asocia la verdad a una relación de fuerza o a una aplicación mecánica de ciertas verdades rápidamente conquistadas o más o menos aprendidas y de ahí nomás a que eso se realiza en el mundo real. Un poco aquello de que sólo la verdad es revolucionaria y entonces per se, se realiza en la realidad social.

Dice Marx [que] en la ciencia no hay caminos reales y solo tendrán esperanzas de acceder a sus cumbres luminosas aquellos que no teman fatigarse al escalar por senderos escarpados. La relación entre los problemas y la ciencia que se ocupa de esos problemas y la intermediación política o de acción política, refiere muchas veces a confundir algunos elementos. [...]

Este también es un elemento que puede olvidarse, no ocuparse de la relación social y sí de las determinaciones concretas de esa relación social en términos de un país, una nación, un individuo, como si fuesen la encarnación misma de la relación capitalista. Por lo tanto el capital ahí puede darnos unos elementos de la actualidad.

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