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El plan del gobierno: ¿apagar un incendio con un vaso de agua?

Desde hace tres semanas, el gobierno viene presentando planes para hacer frente a la crisis. Busca recuperar la iniciativa perdida, y hacerse eco de los reclamos de todos los “progres” de que el Estado intervenga para resolver los desaguisados de los capitalistas.

Esteban Mercatante y Pablo Anino

11 de diciembre 2008

Desde hace tres semanas, el gobierno viene presentando planes para hacer frente a la crisis. Busca recuperar la iniciativa perdida, y hacerse eco de los reclamos de todos los “progres” de que el Estado intervenga para resolver los desaguisados de los capitalistas. Aparte de medidas de dudosa eficacia como un blanqueo de capitales mientras se están fugando masivamente, o una moratoria para que los capitalistas contraten más trabajadores o blanqueen cuando arrecian los despidos (un verdadero regalo para los explotadores), tenemos medidas más ambiciosas, como el plan de obras públicas por $71.000 millones anunciado sin dar todavía especificaciones, y las líneas de crédito por $13.200 millones para autos, electrodomésticos o paquetes turísticos junto con financiamiento a exportadores y empresarios pymes.

Como otros anuncios hechos por el gobierno, podemos decir que el plan es todavía de dudosa implementación. Las propias pujas internas del gobierno entre la flamante Ministra Débora Giorgi y el Secretario Guillermo Moreno vienen demorando las especificaciones del plan por desacuerdos en cuanto a que tipo de auto se debería destinar la financiación y mediante que formas. Este tipo de obstáculos podrían limitar los alcances del plan.

Sin considerar estas posibilidades, ¿que efectos podría tener el plan de aplicarse exitosamente?

El plan de 13.200 millones de pesos, implica un monto menor al 1% del PBI. Tamaña inyección de fondos, es dudoso que pueda traccionar el crecimiento de la economía cuando los efectos depresivos son mucho más fuertes. Por sólo nombrar un ejemplo, cada 10% que cae el valor de las exportaciones (de acuerdo a la estimación que indica que se llegaría a los 70.000 millones de dólares de ventas externas a fin de año) cae la demanda por 7.000 millones de dólares (o 24.150 millones de pesos). Es decir que si cae el 20% el valor exportado (un escenario casi optimista), se pierde más que lo que el gobierno está inyectando en la economía. Es por este motivo que resulta totalmente insuficiente la compensación de demanda que el gobierno quiere efectuar con su plan por $13.200 millones.

Pero además, el gobierno se ha puesto en una situación grotesca: a menos de dos meses de anunciar la estatización de las AFJPs para “defender” los ingresos de los jubilados y de denunciar los manejos escandalosos del capital financiero con esos fondos, anuncia este plan que se implementa… a través del sector financiero mediante licitaciones públicas de los fondos de ANSES en una concursa de bancos. Le están regalando a los bancos plata a tasa del 0% en el mejor de los casos (si la inflación cae al 11% anual) o negativa si la inflación se mantiene por encima del 11%. Como vemos, desde la pequeña apreciación del peso en mayo/junio a esta parte, los bancos son uno de los grandes beneficiados de la política kirchnerista.

Aunque el gobierno no lo confiese, el plan apunta más bien a contener la caída de la actividad, más que a sostener el nivel de crecimiento que ya se está desacelerando fuertemente. Al mismo tiempo, el plan parece apuntar a conformar una base de clase media hacia las elecciones del año que viene. Los planes de financiación para la compra de autos que tendrían cuotas entre $800 y $1.000 son de imposible alcance para los trabajadores suspendidos de Wolkswagen a quienes la empresa quiere pagar solo $500 mensuales. Es más, el salario neto promedio del conjunto de los trabajadores registrados fue de $2.434 en el segundo trimestre del año1, por lo cual una gran mayoría de trabajadores, aún en el caso de conservar sus puestos, se verían imposibilitados de alcanzar uno de los requisitos mínimos que exigiría la financiación que es un ingreso familiar que supere los $5.000.

Los $3.100 millones destinados al financiamiento para automóviles alcanzarían para facilitar la venta de unos 100.000 autos como máximo.
Según ACARA (Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina) en el año 2007 se produjeron 544.647 automóviles en el país. Es decir, que en realidad este “súper” plan en el mejor de los casos serviría para “pasar el verano” pues el financiamiento llega a un equivalente de algo más de dos meses de producción.

En cuanto a los futuros jubilados el gobierno ha comenzado a dilapidar sus ingresos colocando a una tasa real negativa los ingresos de los actuales trabajadores. Se ve cómo los trabajadores, con los fondos previsionales siguen financiando a los capitalistas (por la diferencia entre las tasas de mercado y las tasas subsidiadas, se licuan fondos previsionales como en los ‘502); mientras que por otro lado el gobierno sacó plata del sistema financiero, ahora la pone en los bancos, con la esperanza de que estos la presten, y de que el que tome la plata subsidiada no la use para ver la manera de fugarla. Lo concreto es que no se suma dinero al sistema, sino que vuelve el mismo dinero, pero ahora es administrado por el Estado en lugar de por las AFJP.

Mientras tanto, el anunciado plan de obras públicas se mantiene en una completa nebulosa. No está claro cuántos de los recursos son nuevos planes, y cuánto ya estaba presupuestado. Tampoco queda claro cuánto significa verdaderamente nuevo gasto, y cuánto es reasignación de partidas que iban a tener otros usos. Si ya estaba presupuestado para otra cosa, poco dinamiza que ahora se reasignen fondos para la construcción. Por otra parte, hay que ver en qué medida el gobierno no estará sencillamente compensando la caída en la construcción privada, que ya empieza a dar signos de parálisis. Si uno tiene en cuenta que la construcción representa alrededor del 12% del PBI, y este plan no llega al 10% del PBI, y si consideramos que una parte importante ya estaba presupuestada de antes, podemos ver que lo nuevo del tan mentado plan “keynesiano” es más bien poco.

Aunque el gobierno está mostrando iniciativa en defender las ganancias de los capitalistas, y ha mostrado que para hacerlo está dispuesto a dilapidar los fondos previsionales, el plan no ha cambiado el panorama para los empresarios. Los reclamos de mayor devaluación, por un lado, y los de mayor “seguridad jurídica” y “restablecimiento del clima de negocios”, por otro, muestran que el gobierno no ha logrado volver a entusiasmar a ningún sector capitalista sobre el cual relanzar el “esquema”.

E. M y P. A

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