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En París y Nueva York, a los pies del capital financiero

El pacto sellado en París es una hipoteca enorme que recaerá sobre las espaldas del pueblo trabajador. Todo en pos de un acercamiento al capital financiero internacional que el kirchnerismo viene gestando desde hace meses con el acuerdo con el Banco Mundial a favor de las empresas imperialistas que litigaban en el CIADI (un tribunal a favor del capital de las grandes potencias), la indemnización a Repsol y con los gestos a la Corte Suprema de EE.UU. para arreglar con los “fondos buitre”.

En París y Nueva York, a los pies del capital financiero
5 de junio 2014

El pacto sellado en París es una hipoteca enorme que recaerá sobre las espaldas del pueblo trabajador. Todo en pos de un acercamiento al capital financiero internacional que el kirchnerismo viene gestando desde hace meses con el acuerdo con el Banco Mundial a favor de las empresas imperialistas que litigaban en el CIADI (un tribunal a favor del capital de las grandes potencias), la indemnización a Repsol y con los gestos a la Corte Suprema de EE.UU. para arreglar con los “fondos buitre”. Lejos del relato del “desendeudamiento” el oficialismo acelera los tiempos de un nuevo ciclo de deuda. Se ilusiona con la llegada de dólares para intentar reparar el alicaído “modelo”.

La negociación fue presentada como “soberana” por la no participación del FMI. Pero el equipo económico, aún sin mediar la intervención fondomonetarista, eligió el camino del ajuste: devaluación de la moneda, recesión, techos salariales, quita de subsidios con tarifazo en los servicios públicos y aumento de la tasa de interés que comprime el crédito. No sólo eso. El oficialista Página 12 develó que el acuerdo fue fomentado por las empresas imperialistas (“La trama oculta del acuerdo”, 1/6), muchas de las cuales están suspendiendo masivamente trabajadores. Es que les habilita el acceso a financiamiento barato hasta ahora vedado. Abundan proyectos de inversión en la extracción de minerales y petróleo que agudizarán la primarización económica. De todos modos, las inversiones que alegran al gobierno son promesas mucho menos firmes que los pagos de deuda comprometidos con los centros imperialistas. No quedan dudas que el acuerdo traerá un reforzamiento de las posiciones e imposiciones imperialistas.

Dando de comer a los buitres

El capital financiero “sensible” a las urgencias económicas del kirchnerismo va imponiendo sus condiciones. El retroceso oficial en su posicionamiento frente a los “fondos buitre” que litigan en EE.UU. es una muestra. El año pasado Cristina Kirchner afirmó que no les pagaría un centavo. Esos fondos quieren cobrar el valor íntegro de unos bonos que compraron a precios irrisorios. Un juzgado de Nueva York falló a su favor. Esto fue apelado por Argentina frente a la Corte Suprema del país del norte, que el 12 de junio deberá resolver si acepta el caso, pide información al procurador general (que responde a Obama) o lo rechaza. Si ocurriera esto último Argentina podría entrar en default. Las dos primeras alternativas le darían más tiempo al gobierno, que tras bambalinas, estaría negociando para llegar a un acuerdo extrajudicial. El intermediario sería Fintech, socio del Grupo Clarín en Cablevisión. Se trata de un “fondo buitre” que aceptó los canjes previos de deuda de Roberto Lavagna y Néstor Kirchner en 2005 y Amado Boudou en 2010. Fintech deja en evidencia lo beneficioso que fueron esos canjes para los especuladores. No hubo reestructuración soberana como pretende el gobierno. Por el contrario, se ofreció enormes beneficios para los especuladores, como los cupones PBI. Por eso pese a la “quita” tuvieron ganancias fastuosas. Los que litigan en Nueva York quieren aún más.

Una tensa calma

Con la devaluación de enero el gobierno logró cierta estabilización cambiaria al costo de empujar la economía a la recesión. El equilibrio es precario y amenaza con salirse de cauce. No sólo por las maniobras especulativas de los exportadores agrarios, sino porque los desequilibrios económicos que condujeron a subir el precio del dólar se siguen desarrollando. Por eso el Banco Central volvió a las mini devaluaciones administradas llevando el dólar hasta $8,12. La escasez de dólares, reflejada en las disminuidas reservas del Banco Central y el “cepo” cambiario, el gobierno busca amortiguarla acudiendo a los “mercados” para obtener préstamos. Pretende así reactivar una economía en retracción. Pero los compromisos que va asumiendo con el capital imperialista, aunque pudieran dar algo de aire y tiempo, reforzarán el peso de la deuda externa y la dependencia económica. En lo inmediato implicarán presiones por mayor ajuste. Es una tarea de la clase obrera tirar abajo el ajuste y rechazar los pagos de la deuda.

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