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Estado versus mercado, otro mito kirchnerista

El relato K afirma que la “recuperación” del Estado habría alcanzado una gravitación central en la economía, opuesta a las leyes del mercado. La oposición mediática, y, en menor medida, la desdibujada oposición política burguesa, se escandaliza sobre el camino estatista que tomaría Cristina Kirchner.

Pablo Anino

2 de agosto 2012

Estado versus mercado, otro mito kirchnerista

El relato K afirma que la “recuperación” del Estado habría alcanzado una gravitación central en la economía, opuesta a las leyes del mercado. La oposición mediática, y, en menor medida, la desdibujada oposición política burguesa, se escandaliza sobre el camino estatista que tomaría Cristina Kirchner. Roberto Lavagna, ex ministro de Economía de Néstor Kirchner, dijo que hay una “sovietización del sector petrolero”. La realidad es que el intervencionismo K es pragmático y de contragolpe en pos de restaurar el país capitalista normal.

La “recuperación” del Estado bajo los K

La “recuperación” del rol del Estado abarcaría desde medidas asistencialistas como la asignación universal por hijo (AUH), que sólo adquiere relevancia en un gobierno que no hizo nada por terminar con la precarización laboral, pasando por la intervención para sostener las ganancias empresarias, hasta la nacionalización de empresas para supuestamente recuperar soberanía.

La intervención del Estado a favor de los negocios capitalistas es evidente en los subsidios que benefician a todo tipo de empresarios. Lo mismo en los pagos de enormes sumas de la deuda, como ocurrirá este viernes 4 con la cancelación del Boden 2012, mayormente en manos de fondos “buitres”. Los desembolsos para subsidios y pagar intereses de deuda equivalen a once veces los destinados a la AUH y siete veces lo que se gastaría en el plan de viviendas Pro.Cre.Ar. Mientras la recaudación de impuestos proviene principalmente del IVA (28% del total) que afecta a los consumos populares, pero mucho menos se recauda (19%) del impuesto a las ganancias sobre los capitalistas (y que desde el gobierno de De la Rúa, y ahora con los K, pagan cada vez más los trabajadores) y de los negocios agrarios que apenas aportan un 10% por retenciones. El cepo cambiario apareció después de la fuga de miles de millones de dólares. El plan Pro.Cre.Ar no resolverá el problema de la vivienda que sufren amplios sectores de trabajadores y el pueblo pobre, sino que busca dar negocios a los empresarios de la construcción, la famosa “patria contratista”, ante la desaceleración económica.

En 2008 las AFJP fueron estatizadas, no por la voluntad K de “combatir el capital”, sino cuando la “caja” comenzó a crujir por los límites del “modelo” y la crisis internacional. Los fondos no fueron para los jubilados sino a pagar la deuda y financiar a empresarios. La expropiación parcial de YPF se llevó adelante cuando la expoliación de Repsol, el fracaso de la “argentinización” a favor de los Eskenazi y el déficit energético fueron tan evidentes que amenazaban con liquidar el superávit comercial. La gran mayoría de las empresas de servicios públicos siguen privatizadas y sólo algunas fueron nacionalizadas cuando el vaciamiento empresario hizo insostenible la situación, como en Aerolíneas y Aguas Argentinas. Las medidas de mayor intervención estatal o estatización, aún cuando pudieron afectar intereses patronales específicos, se dieron para sostener los negocios de la burguesía en su conjunto.

Poca ideología y mucho tapar baches

Las transformaciones estructurales durante el neoliberalismo, que consolidaron la dependencia del imperialismo y el carácter semicolonial del país, estuvieron lejos de revertirse pese al relato de “recuperación” del Estado. No sólo porque las leyes de precarización y flexibilización laboral no cambiaron con los K, sino también porque se incrementó la extranjerización y la primarización de la economía. Incluso la expropiación parcial de YPF se hizo sin tocar a ninguna de las otras empresas imperialistas que dominan gran parte de la extracción y producción de petróleo y gas: la francesa Total; la yanqui Chevron; la Pan American Energy, en la que comparten negocios los piratas ingleses de BP, empresarios chinos y argentinos; entre otras.

Las conquistas de la burguesía con el neoliberalismo fueron de tal magnitud, que medidas intervencionistas súper moderadas son vistas como los soviets mismos. No es que de obstinados trotskistas querramos señalarle a Roberto Lavagna las diferencias entre Lenin y Guillermo Moreno, pero los K ni siquiera resisten la comparación con el menemismo en la participación de los trabajadores en la distribución del ingreso nacional. Lejos del trillado “fifty-fifty”, que tanto repite CFK, haciendo alusión a ese símbolo del peronismo donde 50% de los ingresos era de los capitalistas y 50% de los trabajadores, hoy éstos apenas llegan al 37%, siendo peor que en los ’90 y en franca caída desde 2007.
La “recuperación” del Estado es otro mito del relato K que busca mantener velado lo que Karl Marx planteaba en El Manifiesto Comunista, “El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”.

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