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Notas de tapa

Europa, nuevo epicentro de la crisis mundial

El “nuevo viejo continente” se prepara para grandes convulsiones económicas, políticas y decisivos choques entre las clases. Puede leerse la versión completa de este artículo en www.ft-ci.org.

Juan Chingo

6 de mayo 2010

Europa, nuevo epicentro de la crisis mundial

Alemania logra por ahora sus objetivos, imponiendo a Grecia un ataque deflacionario inédito desde la Posguerra. Sin embargo, a pesar de la magnitud de la ofensiva y el “rescate” no cierra las eventuales dudas sobre un default de su deuda soberana y siguen abiertas – y se han potenciado – todas las amenazas sobre la viabilidad del euro. El “nuevo viejo continente” se prepara para grandes convulsiones económicas, políticas y decisivos choques entre las clases.

Un ataque deflacionario inédito desde la Posguerra

Las medidas exigidas a Grecia a cambio del “rescate” constituyen el más grande ataque deflacionario y contra las conquistas de los trabajadores griegos más importante desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El plan de ajuste y austeridad impuesto por el PASOK, el FMI y la UE es similar a los planes que aplicó la burguesía en la década de 1930 en medio y las postrimerías de la Gran Depresión. El plan va a implicar una baja significativa del nivel de vida, afectando principalmente a los empleados públicos y jubilados, pero también a los empleados del sector privado. Medio siglo después de su creación, el PASOK ha abolido las salarios extraordinarias de Navidad y Pascua, así como las vacaciones pagas para empleados públicos y jubilados; pagos que ha sustituido por una prima inferior para los sueldos menores a 3000 euros, una mera caridad que tampoco podemos descartar que no sea eliminada a su vez en futuros recortes.

A su vez, las medidas implicarán una profundización de la caída recesiva, que ya el “mentiroso” gobierno calcula de -4% en este año. Una caída semejante, en el periodo posterior a la guerra civil que asoló al país entre 1944-50 y que dejó la economía devastada, sólo se produjo en una ocasión, en 1974, bajo el efecto conjunto de la crisis mundial de 1973-75, del caos que siguió al golpe de estado fallido en Chipre y la invasión del norte de la isla por parte del ejército turco, lo que provocó la caída del régimen de los coroneles y la amenaza de una guerra contra Turquía. Todo esto provocó la caída de un 6,4% del PBI.

El temor a que la situación se desmadre preocupa al conciliador secretario general del sindicato del sector público ADEDY, Spyros Papaspyros, quien en declaraciones al Financial Times dijo que las medidas de austeridad "han rebasado el umbral de tolerancia de la sociedad y nadie puede prever lo que sucederá después". Pero mostrando a su vez su carácter conciliador y el rol que han venido jugando las cúpulas sindicales en contener y desviar la movilización de masas, aspecto central en que se apoya el PASOK para pasar el ajuste, agregó que: "…los sindicatos harán todo lo posible para presionar por sus demandas de una distribución más justa de los costos de las medidas de austeridad, pero no tienen ninguna intención de ayudar a los especuladores que apuestan contra el default de griego" [1]. En otras palabras, una justificación total a aceptar la necesidad de medidas de austeridad y a hacer todo lo posible para ayudar a resolver el déficit fiscal.

Alemania logra sus objetivos por ahora a costa de aumentar su pérdida de legitimidad al seno de la UE y crecientes divisiones internas

El hecho de que un país imperialista pero de segundo orden como Grecia y parte de la zona euro, haya recurrido al FMI (que hasta ahora se había limitado a la periferia de los países capitalistas) es una muestra sin precedentes la profundidad de la actual crisis. En este marco, y a pesar de las críticas y de su pérdida de legitimidad al interior de la UE y las críticas internas del viejo establishment alemán como el ex canciller Helmut Kohl o el ex presidente Roman Herzog, Alemania ha logrado imponer sus objetivos por ahora.

La magnitud del ataque es un mensaje claro en relación con las medidas draconianas que los distintos gobiernos del sur de Europa deben poner en práctica para evitar la extensión de la crisis, forzando drásticos recortes de los gastos y una gran limpieza de capital si no quieren seguir el calvario griego [2]. En palabras de la canciller Merkel en el popular diario alemán Bild am Sonntag: "Todos los expertos creen que Portugal, España e Irlanda están en un estado mucho mejor que Grecia. Estos países pueden ver que el camino seguido por Grecia a los lados del FMI no es fácil. Por lo tanto, ellos van a hacer todo lo posible para evitar encontrarse en esa situación y ya han anunciado sus planes de ajuste" [3].

La operación de “ayuda” a Grecia se realizará mediante 12 tramos durante los próximos tres años. Los pagos periódicos estarán sometidos a duras condiciones. Cada trimestre, las instituciones europeas y el FMI examinarán los avances realizados por Grecia. En particular, Berlín espera que Atenas respete "hasta la última coma" del plan de austeridad, según dijo el ministro alemán de Economía y Tecnología, Rainer Brüderl [4].

La necesidad de un nuevo ajuste severo, que fue la condición sine qua non que Alemania exigió frente a la decisión de Grecia de recurrir a la “ayuda” del FMI y la UE, que se agrega las anteriores condiciones que ya impuso como la entrada del FMI, la única organización con experiencia en aplicar a rajatabla estos impopulares ajustes como lo demostró en la crisis asiática de 1997-98 o innumerables veces América Latina, muestra quién decide en la nueva UE. Una muestra patética, fue el arribo como suplicantes del jefe del Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI) a Berlín -ambos franceses casualmente -el miércoles 28/4 [5], rogándole a la canciller Angela Merkel y a un comité de finanzas del Bundestag salvar a la unión monetaria. La crisis griega ha sacado a relucir una nueva realidad en el seno de la Unión Europea. Como titula el NRC Handelsblad "los grandes países se han vuelto a convertir en los jefes". El diario holandés observa que la crisis griega revela "una nueva realidad geopolítica en la Unión Europea. Tras un largo periodo de gran influencia política de la Comisión Europea, quienes llevan realmente las riendas son los países. Es decir, los grandes países". Y en la crisis actual, "el que lleva el mando es un ministro nacional": Wolfgang Schäuble, ministro alemán de Finanzas. "Se oculta […] tras el FMI y el BCE, pero estas dos organizaciones lo único que hacen es elaborar los detalles técnicos de las reformas y las restricciones presupuestarias dictadas por Schaüble y que a los griegos no les queda otra opción que aceptar" [6] .

Alemania está marchando abiertamente a una política imperialista hacia el seno de la UE. Estamos en presencia de un giro en su tradicional política consensual o de compromiso -como fue el caso de la Comunidad del Carbón y del Acero en 1951 y posteriormente el Tratado de Roma en 1957 que sentaron las bases de la construcción europea en el periodo de la Posguerra, expresión a la vez de la derrota alemana en la II Guerra hasta el Pacto de Maastricht que sentó las bases de la creación del euro luego del avance que significó para su poder la unificación alemana en 1990 – a una política más coercitiva que busca avanzar en imponer sus designios – es decir una tendencia a la semicolonización -no sólo a los países periféricos del Este de Europa, sino a algunos de los imperialismos más débiles de la UE. Esta política agresiva de la potencia más fuerte de la UE, desestabiliza la relación de fuerzas en Europa no solo entre los países más fuertes y la periferia más débil de la UE, sino entre los más grandes, sin embargo aún el eje franco alemán se mantiene, aunque con Francia en un rol cada vez más subordinado y acomodándose por ahora a los designios de Berlín, como fue el caso de la aceptación de la entrada del FMI a la que se había opuesto en primera instancia.

Este giro político es una muestra de su fortaleza con la constitución del estado más poblado y el avance político y geopolítico que implicó la emergencia de una Alemania Unida hace dos décadas sino también de su debilidad, expresión esto último del marcado giro a la derecha en el terreno económico como consecuencia de la caída de su tasa de ganancia desde fines de 1970 y que ésta ha sido restablecida parcialmente en base a un aumento de la tasa de explotación y reducción de su mercado interno, lo que impide toda salida virtuosa a la crisis de sus deudores a través de la exportación a la misma. A su vez, en esta crisis Alemania parecería estar internacionalizando su dura política de ajuste fiscal que exige a sus estados (landers) arruinados fiscalmente como es el caso de Berlín, Bremen o Sachsen-Anhalt, y que tienen un nivel de endeudamiento en relación al PBN que es superior en cuatro o seis veces a la superendeudada California. Un problema igual de agudo sucede en las ciudades. En Renania del Norte el problema no es la afluente Düsseldorf sino municipios como Bochum, Dortmund, Essen y Duisburg, todas sinónimos de la imbatible a nivel mundial industria pesada alemana y que ahora han caído en alto desempleo, crecientes costos sociales y fuerte caída de ingresos fiscales. El parlamento alemán puso un límite al endeudamiento de sus landers, primer lugar al que recurren las ciudades en crisis, apuntando a una dura consolidación y ajuste fiscal en los próximos años. Es con este trasfondo de duras medidas internas que Alemania estaría queriendo disciplinar a Grecia.

De alguna manera, el profundo giro conservador en lo económico de Alemania, aunque ésta siga siendo una potencia exportadora, se emparenta en el terreno financiero cada vez más con el giro que pegó los EEUU en la década del 80 con Reegan que llevaron a una política por ejemplo de abierto saqueo de América Latina pero sin los atributos de éste que es y era la potencia hegemónica a nivel mundial (Por ejemplo el rol clave de este en instrumentalizar el Plan Brady que permitió dar salida a la crisis de la deuda latinoamericana de la década de 1980). A los tumbos, el imperialismo alemán está tratando de buscar una nueva forma de expansión que le permita salir del ciclo de crecimiento europeo de la pasada década que ya ha quedado agotado y que se basó en el desarrollo exportador alemán a sus vecinos europeos, a cambio del desarrollo de la burbuja inmobiliaria y el turismo en países como el Estado español o Grecia en los cuales la banca alemana financiaba el desarrollo de mercados que absorbieran su producción industrial y no le hicieran a su vez competencia en este terreno, en el marco por otro lado de la crisis de sobreproducción a nivel mundial. El resultado de su apuesta es abierto, ya que pasa por una reestructuración a la escala europea, que puede disparar una nuevo ascenso de los nacionalismos al seno Europa, aislar a Alemania del resto de la UE y provocar un descalabro económico que los termine hundiendo a todos a los estados a la vez que forzar una oleada de combates decisivos entre las clases como los que ya se preanuncian en Grecia.

La crisis de la deuda griega no está cerrada para nada

A pesar de que el plan de “rescate” salva a Grecia de un inminente colapso, la crisis de su deuda soberana no está cerrada para nada, incluso un default sigue siendo la variante más probable en los próximos meses o años. Wolfgang Münchau, columnista de Financial Times especializado en asuntos europeos, aunque más positivo que la semana pasada cuando veía el "Acropolis Now" [7] encima, dice sin reservas: “Pero pese a su disposición a aceptar una severidad extrema, Grecia no se salvará sin algún tipo de condonación de la deuda. Puedo entender por qué el Fondo Monetario Internacional y la UE no quisieron tocar este complicado problema en este punto. Eso habría prolongado las negociaciones. En medio de una aguda crisis del mercado de bonos, las expectativas deben manejarse con mucho cuidado. Sin embargo, terminará siendo necesaria una reestructuración de la deuda, ya que el ratio deuda/producto interior bruto de Grecia va a subir desde su actual 125% a cerca de entre el 140% y el 150% durante el periodo de ajuste. Sin una reestructuración, Grecia acabará austera, dócil, y lisiada” [8]. En otras palabras, aunque la magnitud del “rescate” es la más alta hasta ahora recibida por un país y a una tasa inferior de la requerida por los mercados, ésta ultima es aún demasiado usurera y el monto insuficiente para cubrir el crecimiento de la deuda que se prevé, como alertó el mismo ministro de economía el martes 4/5 poniendo nervioso a los inversores.

El punto central, sin embargo, es que el brutal ajuste provocará una brutal recesión, mucho mayor que la que prevé el gobierno hasta 2012, incrementando el déficit fiscal, generando bancarrotas y pérdidas significativas, pues provocaría una menor recaudación de impuestos y un elevado nivel de impagos de la población, en el marco de un déficit estructural de ahorro privado y la cultura de economía en negro existente en el país. Parte aguda de este escenario de catástrofe que enfrenta Grecia es la situación de suma fragilidad en que se encuentran los bancos [9], que viene soportando una fuga de capitales y una corrida bancaria que se ha acelerado. Paradójicamente la posibilidad de su colapso de sus sistema bancario se produce en un momento en el que no hay ya recursos para su nacionalización ni para garantizar sus depósitos. El aporte de 10.000 millones fijado en el Plan UE-FMI es una gota en el océano de las dificultades que pueden emerger. Su evolución será clave en todo el proceso de ajuste.

Es que, como venimos diciendo, Grecia se aproxima cada vez más a la película que Argentina pasó en la crisis de 1999-2001 y que terminó con el desordenado default y devaluación de fines de 2001-comienzo de 2002. En este caso la crisis tardó tres años en alcanzar su punto culminante. Esto sin hablar de los duros problemas de implementación de semejante ajuste. Aunque el gobierno tiene mayoría parlamentaria para aprobar el paquete de la UE y el FMI en el parlamento, hay cada vez mayor reticencia dentro del PASOK y el líder del partido derechista de oposición Nueva Democracia anunció el martes a la noche que su partido se opondría al mismo, rompiendo toda perspectiva de un consenso duradero para las contrarreformas. A su vez, y fundamentalmente, la respuesta en la calle parece estar pegando un salto como muestran las acciones y el paro general masivo del 5/5. Tomando en cuenta que el FMI habla de un proceso de ajuste que podría durar diez años las perspectivas para la clase dominante griega y europea no son para nada alentadoras. Papandreu podría seguir si sigue la crisis y la movilización in crescendo de las masas el camino de De la Rúa más rápido de lo pensado.

En este contexto, lo que está claro es que los anuncios del domingo 2/5 no marcarán el final de la crisis de la deuda griega, ni constituyen un punto de inflexión de la misma, ni siquiera parece haberle dado algunos meses, días de respiro. Por el contrario, nuevos y más fuertes coletazos, que harán inevitable la reapertura de las negociaciones y ataques tal vez más draconianos que los ya diseñados, como el despido de empleados públicos, serán inevitables si el plan no es derrotado por la acción obrera y popular. Es que como todo programa del FMI, el programa griego sólo trata con los problemas de liquidez más que con los problemas de solvencia, condenando a Grecia a una transferencia de ingresos a los acreedores descomunal, al igual que la década perdida sufrida por América Latina en la década de 1980. Los trabajadores y el pueblo griego deben oponerse a esta perspectiva ominosa a que los condena su gobierno, con el aval del FMI y la UE.

La perspectiva de una desintegración monetaria de la UE sigue rondando en el horizonte

Y menos aún el plan de “rescate” ha parado el contagio de la crisis de su deuda soberana a otros países del sur de Europa, como mostraron el aumento del riesgo país de sus deudas y las caídas sucesivas de las bolsas, en especial el desplome del martes 4/5, de los últimos días. El euro no ha parado de caer con respecto al dólar abriéndose interrogantes sobre la capacidad de la euro-divisa para actuar como moneda de reserva.

Aunque sin lugar a dudas hay elementos de pánico y especulación en el contagio que han sufrido los mercados desde la semana pasada, las dificultades de los llamados despectivamente PIGS aunque menos graves por ahora que las actuales que está sufriendo Grecia, tienen una base estructural común. Sus necesidades de financiamiento, esto es la suma de vencimientos de la deuda y el déficit presupuestarios durante los próximos tres años asciende a $ 2 billones. Sólo en el año 2010 necesitan recaudar 600.000 millones de dólares. Estos países, aunque algunos puedan tener una aceptable relación deuda / PBI como el Estado Español, están sometidos a enormes problemas estructurales. Los mismos no son competitivos con respecto a Alemania, están sobrellevando déficits presupuestarios (excepto Italia) y están todos atravesados por un elevado desempleo.

Por ejemplo Italia, el más importante de estos países vio en la última década su productividad laboral y su cuota de mercado en el comercio mundial reducirse bastante, su crecimiento económico se ha estancado y está por debajo de la media de la Unión Europea y su nivel de inversión es bajo. Además, la deuda pública italiana crecerá este año hasta el 118%. En 2009, la economía italiana registró un crecimiento interanual negativo, del 3% y la inflación se situó en el 1,5%, mientras que la tasa de paro se elevó por encima del 8%. Además, sufre problemas estructurales que van desde un sector público ineficiente hasta prácticas restrictivas al comercio y los profesionales debido al peso de la pequeña producción de baja productividad y una extendida corrupción, entre otros. Todo ello hace que el país mediterráneo sea uno de los menos atractivos para hacer negocios, según el Banco Mundial. Positivamente, el nivel de endeudamiento de los italianos es relativamente bajo y el de ahorro alto frente al del resto de los europeos. Además, un alto porcentaje de la deuda del país está en manos de italianos, según los datos del Financial Times, que destaca que la banca se encuentra en relativa buena forma.

En este conjunto de países, la capacidad para crecer a su vez ésta limitada por las medidas de austeridad que exigen los inversores y las instituciones internacionales como de la UE para reducir los niveles de déficit. Clausurada la vía inflacionaria para reducir su nivel de endeudamiento por su pertenencia al euro y las posibilidades de crecimiento altamente cuestionadas, los mercados apuestan a una restructuración y/o default de sus deudas, como la solución más probable a mediano plazo. Evitar el default en países como estos, léase el Estado Español o Italia, sería enormemente duro. Es que las crisis agudas de deuda sobernas que hemos vivido en las últimas décadas, son todas de países semicoloniales, mientras que la crisis presente está más centrada en países imperialistas como los PIGS (y no es descartable que en su momento “salte” al Reino Unido.) Los niveles de deuda son enormes y por tanto, el rescate mediante organismos internacionales no es factible, al menos con los niveles actuales de capitalización de instituciones como el FMI (éste posee después de su espectacular ampliación 700.000 millones de dólares para fondos de rescate). En este marco, de darse una un peligro de default en un país como España o Italia, solo podrían ser sostenidos por los países centrales de la eurozona como Alemania y Francia, lo que redundaría por un lado en un aumento de las tasas de rendimiento de los bonos alemanes y por el otro en un debilitamiento del euro. Esto se debe a que todo el peso de incumplimiento de los PIGS sería absorbido por el núcleo de la eurozona, lo que podría ser sancionado por los “mercados”. De hecho, el reciente movimiento ordenado desde el euro hacia el dólar que comentamos más arriba estaría de alguna manera anticipando esto.

La perspectiva de que un mega- rescate de este tipo eventualmente se concrete es altamente dudosa, como demuestran los coletazos del rescate de Grecia. Contra lo que se esperaba, los mercados han caído porque por un lado especulan que con esta operación quedan menos recursos para cubrir futuros eventos de este tipo en caso de producirse, y, en segundo lugar, la generalización del mecanismo es imposible políticamente para naciones como Alemania, lo que aumenta la vulnerabilidad de la eurozona.

Una alternativa a este escenario deflacionario y de crecimiento de las deudas, es que el BCE inicie la monetización de los déficits de la eurozona mediante una política expansiva de adquisición de activos [10]. Ello provocaría una fuerte baja del euro, lo que ayudaría al sector exportador y disminuiría la deuda real. Esta política, sin embargo, se choca de bruces con toda la estrategia del BCE que tiene en sus estatutos la estabilidad de los precios como único objetivo; además un proceso inflacionario, por ejemplo de 4 o 5% durante los próximos años, requeriría del consentimiento alemán ante tal cambio de política, algo por ahora difícil de imaginar. Ni hablar que una política proteccionista paneuropea de exportar su crisis mediante un euro barato (o una “desinflación competitiva”) agravaría la ya tensa situación de sobreproducción a nivel mundial, en la cual EEUU apuesta a recuperar su economía mediante un alza de sus exportaciones vía la depreciación de su moneada en relación al yuan chino y que la devaluación brusca del euro lo dejaría con los pies cambiados.

Lo que resalta tanto en la variante deflacionaria de salida de la crisis como en la variante inflacionaria es lo mal armada que está la UE para defender su propia moneda y actuar ante la crisis, a diferencia de países imperialistas como los EEUU. Es que la agudeza de la crisis saca a la luz crudamente las contradicciones de la construcción europea: la incapacidad de la UE de conquistar un supraestado capaz de actuar colectivamente frente a las grandes crisis y de llevar adelante una política y operaciones en el exterior (inclusive en el plano militar) común. La gravedad de la crisis actual, hace que la convergencia de intereses que venían logrando los distintos gobiernos y burguesías europeas desde el comienzo de la construcción comunitaria -a pesar de las crisis y las grandes tensiones a las que se vio sometido en su historia- y cuyo máximo logro es el lanzamiento y la existencia del euro están entrando en contradicción cada vez más abiertamente con los intereses particulares de cada burguesía nacional que frente a grandes crisis prioriza el salvataje de sus propios deudores. La burguesía europea está como el Banco central norteamericano antes del pico de la crisis financiera: si arriesga un nuevo salvataje a Grecia podría aumentar la exposición y la credibilidad financiera de los países más fuertes, pero si la deja caer podría disparar en el seno de la UE una crisis a lo Lehman Brothers que los hunda a todos.

En ese marco, aunque aun minoritarios y todavía lejos de las corrientes centrales del establishment político y financiero, no se puede descartar la formación de una “zona marco", formado en torno al núcleo duro de los miembros económicamente fuertes, que acabara con el proyecto europeo. Ningún sector central de la burguesía plantea esa posibilidad cuya gestación puede ser enormemente traumática. Pero salvo un redomado armonicista puede descartar en semejante crisis capitalista las variantes extremas, como la salida del euro de Grecia y/o de los países del sur de Europa a pesar del escenario de pesadilla que implicaría, e incluso que Alemania opte por abandonar el pesado fardo para sus intereses financieros dominantes que implicaría sostener a éstos países. ¿Pero, hasta hace una semana quien imaginaba un rescate conjunto de la UE y el FMI y el ataque deflacionario sin precedentes que está llevando adelante Grecia? La crisis europea podría estar entrando en escenarios desconocidos e inesperados, en donde el enfrentamiento entre las clases en un escenario económico y político convulsivo que será cada vez más frecuente.

A su vez, puede llevar a una generalización de la crisis de nuevo a nivel internacional, socavando la débil recuperación en curso, aguijoneada por el salto deflacionario de la crisis europea y el freno que el gobierno chino intenta imponer a los préstamos bancarios y a la especulación inmobiliaria y bursátil, cuestiones ambas que han hecho caer a las bolsas de todo el mundo. Es que mientras la caída vertiginosa del euro con respecto al dólar, permite a los EEUU sacar provecho de los descalabros de la eurozona en el marco de que el financiamiento del abultado déficit fiscal norteamericano es cada vez más difícil; contradictoriamente, por otro lado, si esta política de un euro débil se profundiza dando origen a una política proteccionista paneuropea de exportar su crisis mediante un euro barato (o una “desinflación competitiva”) como salida en última instancia a la crisis europea , agravaría la ya tensa situación de sobreproducción a nivel mundial. Las preocupaciones de Geithner, secretario del Tesoro norteamericano, en relación al rescate a Grecia la semana pasada demuestran que nadie – a pesar de las ventajas ocasionales que pudiera sacar, podría salir a flote del agravamiento de la crisis capitalista en Europa, sobre todo cuando ese elemento disparador son los abultados déficits fiscales en los cuales EEUU están claramente en una posición delicada. En última instancia, la crisis griega podría ser el prolegómeno de una nueva crisis en los EEUU, cuyo endeudamiento público y deuda nacional es, en términos relativos y absolutos, el más alto del mundo.

París, 5 de mayo de 2010.

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