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Internacional

JOVENES DE LOS SUBURBIOS DE PARIS SE AMOTINAN CONTRA LA POLICIA

Francia: La “brasa social” aun sigue ardiendo

Juan Chingo

29 de noviembre 2007

Grupos de jóvenes han protagonizado durante dos noches una revuelta localizada contra las fuerzas de represión en Villiers-Le-Bel y otras localidades vecinas tras la muerte de dos adolescentes de 15 y 16 años, Larami y Mouhsin, que viajaban en moto y chocaron con un coche policial. La expresión de rabia fue tal que una comisaría fue quemada y otra saqueada además de ser heridos más de 82 policías y de la destrucción de varios locales comerciales.
Estos enfrentamientos recuerdan el levantamiento de las banlieues de 2005 que conmocionó por días la periferia de París y otras ciudades de Francia. Al día de hoy, no se ha extendido como aquel episodio, aunque las condiciones están latentes. Es que dos años más tarde nada ha cambiado sino que ha empeorado. Todos los indicadores de precariedad, desempleo, miseria y violencia han subido. La marginación y el racismo sobre estos jóvenes franceses de padres de origen árabe-musulmán en su mayoría que se expresa cotidianamente, partiendo de la escuela pasando por los trenes para ir a trabajar o estudiar y en los lugares de trabajo (cuando logran tener uno) se ha profundizado y nadie espera la más mínima solución del presidente Sarkozy que llamó a estos jóvenes “lacras”(“racaille”) cuando era ministro de Interior del anterior gobierno. También se han endurecido las medidas de represión, así como la determinación y la preparación de los jóvenes en sus enfrentamientos con las fuerzas del orden, siendo los enfrentamientos de estos días (aunque reducidos) más violentos que durante las tres semanas de hace dos años. Le Monde del 28/11 en una nota titulada “Banlieues: escenas de guerrilla urbana en Villiers-Le-Bel” lo describe así: “Ni bien prendieron las luces, los jóvenes los atacaron con ladrillos, fuegos de artificio, cohetes ´mamouth´ – de los grandes. Cada vez que un policía es alcanzado, los pibes lo festejan, brazos levantados. El mismo grito de victoria se escucha cuando retroceden. Sobre los techos de los autos, se sacan fotos con los celulares. ´Atrapar un policía´, un ´rata´, un ´cerdo´: durante tres horas un puñado de menores repetían las consignas: ´Quedémonos agrupados!´, ´Solidarios, los pibes!´. Y los amotinados, disciplinados, siguen las consignas. Los ´pequeños´ – algunos con no más de diez años – hacen de espías. Corren a los policías y tiran Cócteles Molotov; los más grandes esperan que el camino esté libre para incendiar autos y tiendas, se aprovisionan en los reservatorios de tres autos ‘del barrio’ donde se llenan las garrafas y enseguida las botellas de vidrio. Un joven vigoroso vestido de negro, con un walkie-talkie conectado a una frecuencia de onda de la policía, guía al equipo.”
Los jóvenes no están solos en los barrios: “Algunas mujeres tiran agua de los balcones para aliviar los ojos rojos de sus ´hijos´. Cuando la policía ataca, algunos pisos no dudan en tirarles piedras. En el suelo, todas las armas son buenas: agarraderas, una espada, un fusil... Pero la mayoría pelea con bastones de madera o barras de hierro que agarran en los canteros de obra. Se aprovisionan de botellas en los depósitos de vidrio para reciclaje”.
Por quienes sí han sido abandonados es por las organizaciones oficiales de la izquierda, el PS y el PC y la cúpula de los sindicatos. Tanto como en 2005, las direcciones de las organizaciones sindicales y políticas de centroizquierda están del lado de la policía, o en el mejor de los casos pide que la tropa reprima en forma “republicana”. Como en 2005 cuando se decretó el estado de emergencia, la represión dirigida contra los jóvenes de Villiers-le-Bel, que enfrentaron durante dos noche a mil efectivos de policía respaldados por helicópteros, es un golpe dirigido al conjunto de nuestra clase y de la juventud. Por eso es fundamental que los trabajadores y los estudiantes tomen las reinvidaciones de los jóvenes de las banlieues como propias. La extrema izquierda tendría que estar en primera línea para llevar adelante esta batalla. La única forma de que la rabia de los jóvenes se desarrolle por canales clasistas y no en acciones aisladas cuyo blanco no sean solamente las fuerzas de policía, es que al menos una fracción de la vanguardia obrera que luchó en las últimas semanas y que está cotidianamente en contacto con ellos, en las escuelas, en los trenes, demuestre a estos jóvenes ghetizados y marginados por el Estado, sus tribunales, su policía, sus instituciones, que su lucha es la misma, que el blanco del odio de clase no puede ser quemar una biblioteca comunal o saquear la estación de tren, sino la burguesía, su Estado y su brazo armado. Es necesario que ahora mismo las asambleas estudiantiles y las nuevas marchas previstas tengan como consigna: “¡Basta de represión a nuestros hermanos de clase, los jóvenes de la banlieue! ¡Por una comisión investigadora independiente de las organizaciones obreras y estudiantiles para indagar sobre la muerte de Larami y Mouhsin!”.

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