Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
15 de agosto de 2020

VIVA LA LUCHA DE EL TABACAL

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A RAÍZ DEL REPUDIO A UN INVESTIGADOR DEL CONICET QUE COLABORÓ CON BLAQUIER

La intelectualidad jujeña muestra su miseria

30 Aug 2012   |   comentarios

El inicio en Jujuy de los juicios contra los represores de la última dictadura militar en nuestro país (1976-1983), y en particular la citación a declaración indagatoria al dueño de la empresa Ledesma, Carlos Pedro Blaquier, ha abierto un debate entre las organizaciones sociales, los organismos de DDHH y los partidos de izquierda sobre cómo encarar la lucha para lograr que éstos genocidas vayan a la cárcel. Las posiciones que levantamos desde la Juventud del PTS han quedado expresadas en la prensa local y también en las páginas de La Verdad Obrera.

Pero hubo quienes prefirieron callar. Y no es la primera vez. De igual manera guardaron un sepulcral silencio el año pasado, cuando en Libertador General San Martín tres jóvenes trabajadores que luchaban por viviendas dignas fueron asesinados por la policía provincial que custodiaba la propiedad privada de Blaquier. ¿Quiénes son? Nos referimos a la intelectualidad jujeña.

Ni una sola nota en los diarios, ni un tímido comunicado. ¡Nada! El silencio de la intelectualidad jujeña durante estos largos meses desde la apertura de los Juicios a los genocidas de la provincia, no mostró otra cosa más que la indigencia política de unos; y de otros, las correas de las que la clase dominante los sujetan.

Particularmente escandaloso es el caso de la tan ponderada academia, esa fuente de la más viva luz que pretende “iluminar” nuestros pasos… Los doctos de la Facultad de Humanidades de la UNJu, a quienes tanto placer les genera citar a Gramsci, Sartre o Pierre Bourdieu, y repetir frases –tan vacías como ambiguas– como “pensamiento crítico” o “compromiso con la sociedad”, decidieron refugiarse tras los muros de su torre de marfil. En las antípodas, Gramsci no sólo era un lúcido intelectual marxista, sino también un reconocido dirigente comunista que murió en las cárceles del fascismo por luchar por la revolución contra el capital; Sartre y Bourdieu fueron, por su parte, entusiastas defensores de la lucha por la independencia nacional de los pueblos oprimidos y de la clase obrera. (En esta breve nota no vamos a desarrollar las importantes diferencias teóricas y políticas con éstos intelectuales).

Pero la abstinencia de “nuestros” intelectuales, no les impidió dejar que otros hablen por ellos. Así, la camarilla profesoral alineada con el rector Arnau y la vice Fumagalli, junto al gobierno provincial, organizó una mesa panel por el bicentenario del Éxodo Jujeño, invitando como uno de los panelistas al ignoto Dr. Gustavo Paz, miembro del CONICET y docente de la UBA, quien, de forma cínica y canalla, sostiene en un libro que escribió para la empresa Ledesma –con motivo del cumplimiento de sus 100 años–, que las Organizaciones de DDHH, las víctimas de la noche del Apagón y partidos y organizaciones de izquierda hacen planteos “infundados” cuando denuncian la participación de Blaquier y Ledesma en los crímenes perpetrados por la dictadura militar.

La cobardía no podía ser mayor. Callar sus pensamientos y dejar que otros los defiendan por ellos. No es menor tampoco el “mérito” de los docentes alienados con el decano Slavutsky, quienes también callan y sólo murmuran unas palabras incomprensibles, escondidas en sus gabinetes.

Unos y otros, en sus silencios y en sus enfrentamientos como parte de camarillas alineadas con distintas fracciones del kirchnerismo, expresan con toda claridad la dependencia tanto material como ideológica de la intelectualidad con respecto a la burguesía y su Estado (durante estos últimos años de bonanza económica, lo hicieron en gran medida a través del CONICET). Pues en el capitalismo, donde la producción no es ajena al mercado y todo tiene un precio, el intelectual que tenga como primera preocupación procurarse una vida de comodidades no tiene mejor oferta que vender sus aptitudes al postor más acaudalado. Y los más acaudalados, al componer la clase parasitaria de este sistema, siempre que compren un “producto” va a ser para adaptarlo a sus intereses.
Por ello, los intelectuales como el Dr. Paz, que alquilan sus capacidades a genocidas empresarios como Blaquier, no tienen otra alternativa que entregarse enteramente, doblegando su objetividad, adaptando sus elaboraciones a la moral burguesa, poniéndole la firma a los diversos embustes de la patronal contra la clase obrera para darle “credibilidad”, “neutralidad”, “profesionalidad” y “carácter científico”.

Por ello, intelectuales como los afines al rector Arnau, que no tienen ningún inconveniente con cerrar la boca ante los juicios a los genocidas y abrirla al compás de una mesa panel integrada por esta calaña de ciervos de genocidas explotadores, no merecen más que el título de miserables.
Desde la Juventud del PTS, que repudiamos la presentación del Dr. Paz en Humanidades –presentación que finalmente no llegó a realizarse–, apostamos a que los estudiantes abracen desde su juventud el marxismo, como teoría revolucionaria y guía de acción para la liberación de la clase obrera y todo los oprimidos, para que se conviertan en intelectuales al servicio del pueblo pobre y trabajador, siguiendo el ejemplo de León Trotsky –de quien acaba de cumplirse un año más de su asesinato a manos de un sicario de Stalin–, gran intelectual marxista y líder de la revolución rusa junto a Lenin; fundador de la oposición de izquierda y la IV Internacional que buscó contra el viento y la marea de la burocracia stalinista mantener viva la tradición revolucionaria. (VER Nota en Suplemento “Revolución”).

Es por eso que apostamos a realizar una gran campaña por la cárcel a Blaquier, y llamamos a todos y todas los/as profesionales, intelectuales, artistas y estudiantes a subvertir el conformismo y a auto-organizarnos para que con la movilización y la lucha logremos la cárcel a este genocida y a todos sus pares y tirar abajo el avance privatista de la LES en la universidad, empezando por la anulación de los convenios de la UNJu con la empresa Ledesma y el conjunto de los convenios precarizadores que nos usan como mano de obra barata. Así nos jugamos a pelear por una universidad al servicio de los trabajadores y el pueblo.

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