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Las perspectivas de la economía norteamericana

Juan Chingo

2 de agosto 2007

A pesar de los datos positivos que acaban de conocerse, que después de un primer trimestre muy bajo (0,6%), hubo un crecimiento del 3,4% en el segundo trimestre alentado sobre todo por las exportaciones, de conjunto el crecimiento para el semestre está muy por debajo de su potencial. Sin embargo, el pronóstico más probable es que la economía norteamericana se encamina a una recesión o tal vez algo peor.

Profundización de la recesión inmobiliaria

En primer lugar, la recesión inmobiliaria está cada vez peor. Es la recesión inmobiliaria más aguda en EE.UU. de las últimas décadas, con caídas de precios anuales a nivel nacional, cosa que no pasaba desde la Gran Depresión de 1929. Esto lo afirman algunos de los más importantes ejecutivos de empresas hipotecarias, como Angelo Mozilo máximo responsable de la firma californiana Countrywide, quien sostuvo que “(...) los precios de la vivienda están cayendo como nunca antes, con excepción de la Gran Depresión”. Se acumulan viviendas invendibles nuevas y viejas para 2008, además de que esto va a empeorar porque muchos propietarios van a tener que vender sus propiedades para devolver los préstamos. Muchísima gente que está endeudada ahora tiene que pagar aun más porque le aumentaron la cuota del crédito y la vivienda vale mucho menos que cuando la compró. Lo que antes fue un círculo virtuoso con tasas de interés bajas, ahora se vuelve en contra. A esto hay que sumar las ventas de los que especularon con el “ladrillo”, lo que ahondará las caídas de los precios. A su vez, las más grandes empresas de la construcción han pasado de ganancias el año pasado a grandes pérdidas, y son las más afectadas por las caídas bursátiles.

Fuerte caída del consumo

Segundo, el consumo privado (que representa el 70% del Producto Bruto Nacional) es probable que crezca muy lentamente, después de la significativa caída del segundo trimestre. El panorama para el consumidor está cambiando bruscamente. Su sobreconsumo se basó en el crecimiento del valor de las propiedades lo que hacía que la gente, aunque tuviera ingresos más bajos, se sintiera más rica y se endeudara poniendo como colateral o garantía una propiedad cada vez más cara, lo que le permitía endeudarse más y refinanciar en mejores condiciones. Ahora la película se revirtió y hay que bajar abruptamente los gastos para pagar las deudas, ya que su capacidad de ahorro es prácticamente nula (la tasa de ahorro de los hogares en EE.UU. es prácticamente negativa). Esta realidad es la que aparentemente explicaría la fuerte reducción del consumo de un crecimiento de 4,2% en el primer trimestre a un 1,3% en el segundo. A esto hay que agregarle la incidencia del aumento de los precios del petróleo y la gasolina y un mercado laboral más debilitado, que hasta ahora no se ve en las estadísticas de desempleo porque aparentemente lo están sintiendo los millones de trabajadores indocumentados que trabajan en la construcción, que fueron muy probablemente la primera variable de ajuste.

Debilitamiento de la inversión

Tercero, la inversión de las empresas en software y equipamiento va a permanecer débil. Por ejemplo, en contraste con la suba del segundo trimestre de este indicador, si tomamos junio y julio ya hay una baja en bienes durables. Con este panorama que describimos en la construcción, una situación alicaída en la industria automotriz y otros sectores ligados a la construcción en recesión, como la fabricación de muebles, etc., ¿qué incentivo hay para la continuidad de una fuerte inversión?

Lo que más juega a favor del crecimiento de la economía es el aumento de las exportaciones por la baja del dólar y el crecimiento de la demanda a nivel mundial. Pero estos elementos positivos pueden ser contrapesados por la suba del petróleo y otras commoditties que harán subir la cuenta importadora. Por último, el crecimiento del gasto gubernamental, que fue de un 4,2%, ha sido sólo temporario.

Un panorama más complicado

A todas estas condiciones de la economía real debemos agregar los problemas en el mercado financiero y crediticio que pueden amplificar la caída. Hoy el mercado crediticio está con mucha mayor exposición al riesgo que cuando sucedió el colapso en 1998 del LTCM, un hedge fund, como coletazo de la crisis asiática y rusa y que fue rescatado por la Reseva Federal. Y sobre todo creció la vulnerabilidad de la economía norteamericana en la escena mundial. La confianza en el dólar está cayendo y hay 800.000 millones de dólares al año de déficit de cuenta corriente. Además hay que tomar en cuenta los problemas políticos y geopolíticos de EE.UU. después de la debacle de Irak, en donde su fortaleza político-militar era siempre en el pasado su gran punto de apoyo frente a sus flaquezas económicas. Esto no quiere decir que EE.UU. logre, al igual que ahora, que el resto del mundo siga financiando sus desequilibrios aprovechando que el dólar sigue siendo –a pesar del crecimiento del euro, la principal moneda de reserva mundial. Sin embargo esta solución es cada vez más insostenible.

Una salida más traumática, sería una devaluación de la divisa norteamericana tratando de recomponer sus exportaciones y encareciendo más sus importaciones. Pero el nivel de la devaluación podría ser tan grande –además de que habría que evitar que sea abrupto– que podría afectar la credibilidad del dólar y la continuidad del financiamiento internacional del cual depende. Ambas variantes demuestran que sus márgenes de maniobra se han reducido y la perspectiva de evitar una solución dolorosa como una fuerte recesión, o algo peor y seguir huyendo hacia adelante como ha hecho en las últimas décadas, y en particular después de 2001, sean cada vez menos probables.

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