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NACIONAL

Las secuelas de los motines policiales

La zaga de motines policiales parece no haber cerrado aún su último capítulo, con focos de discordia en algunas provincias y el escenario de la crisis fiscal de los estados provinciales (cuyas deudas acaban de ser refinanciadas).

Miguel Raider

9 de enero 2014

La zaga de motines policiales parece no haber cerrado aún su último capítulo, con focos de discordia en algunas provincias y el escenario de la crisis fiscal de los estados provinciales (cuyas deudas acaban de ser refinanciadas). Después de haber capitulado a todas las demandas policiales de aumento de salarios e impunidad (exoneración y reincorporación de efectivos responsables de gatillo fácil, vuelta atrás de los regímenes disciplinarios, etc.), el jefe de Gabinete Capitanich llamó a la “calma” escondiendo la cobardía del kirchnerismo (secundado por toda la oposición patronal), que vergonzosamente concedió un salario mínimo inicial de bolsillo de $10.000 para todas las fuerzas federales (FF.AA., Gendarmería, Prefectura, PSA y PF), superando con creces el ultimátum policial, mientras pretende imponer un techo del 20% a las paritarias de los trabajadores.

Para ocultar la responsabilidad de todos los personeros del régimen en la degradación de esta ya mutilada democracia para ricos, el kirchnerismo disuelve el contenido social y político de los motines en las necesidades de la pragmática de gestión. Así lo expresó el diputado del FPV Héctor Recalde quien señaló que “la sedición de algunos policías provinciales hace a los acuerdos nulos de nulidad absoluta por vicio de voluntad. Por supuesto, esto es una conceptualización jurídica de lo que pasó, después cada gobernador hará lo que la realidad le permita hacer” (Pagina12, 7/01). De este modo exime la capitulación de todos los gobiernos provinciales, desde los más genuflexos hasta aquellos como el de Tucumán que, obligado por las circunstancias, dictó el procesamiento de ocho efectivos, para descomprimir el resentimiento popular, ya que la policía apareció abiertamente impulsando los saqueos, violando incluso los domicilios de las barriadas más humildes.

En esta gama de tonalidades, el gobernador de Misiones Maurice Closs resolvió cancelar la tasa de 99 centavos a la producción de yerba mate, instaurada recientemente para financiar el aumento salarial a la policía. Bastó una breve queja de los terratenientes para que Closs resolviera abonar el aumento echando mano del presupuesto provincial, segando las partidas de salud y educación publica.
Otro fue el tono del gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, que en su afán de diferenciarse afirmó que el aumento a $8.434 es “nulo e ilegítimo por haberse arrancado a la fuerza, de manera extorsiva y producto de la sedición”, reproduciendo la sentencia del procurador general del Superior Tribunal de Justicia, Jorge García. Estas declaraciones de alto impacto obedecen al juego de uno de los delfines del kirchnerismo que apuesta a la sucesión en 2015. Sin embargo, después de semejantes acusaciones cualquier hijo de vecino, por lo menos estaría procesado. En cambio, Urribarri dispuso un aumento de $2.000, llevando el salario mínimo inicial de bolsillo a $6.700, aspecto que envalentonó más a la policía, la que amenazó con nuevas represalias. Cabe destacar que en el fragor del motín Urribarri seleccionó como “mediadores” a las autoridades patronales del Centro de Comercio e Industria y al obispado de Concordia, los que apoyaban a rajatabla todas las demandas de los autoacuartelados (Clarín, 5/01).

En infinidad de ocasiones, los intelectuales de Carta Abierta reivindicaron el kirchnerismo en la tradición de la democracia radical y plebeya del jacobinismo. Ese partido fue implacable para hacer efectivas las demandas de la Revolución Francesa. Apoyado sobre la movilización de las masas sans culottes, el jacobinismo destruyó el viejo ejercito aristocrático que conspiraba contra los intereses populares y construyó un nuevo ejercito sobre la base de la leva en masa y la selección de nuevo oficiales de origen popular, probados en el combate, un handicap que le permitió derrotar a los ejércitos contrarrevolucionarios de Austria, Prusia e Inglaterra, ganando la simpatía de la intelectualidad y el campesinado europeo. La audacia revolucionaria de los jacobinos resulta antagónica al conservadurismo reaccionario del kirchnerismo que se empeña en mantener a las policías bravas que constituyen la gerencia del gran delito y la principal fuente de inseguridad de la población civil.

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