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Internacional

ENCUENTRO CHAVEZ-URIBE

Los virajes de Chávez y el orden regional

El pasado viernes 11 de julio estuvo en Venezuela el presidente colombiano Alvaro Uribe, en el marco del encuentro cumbre con Chávez.

Milton D’León

17 de julio 2008

El pasado viernes 11 de julio estuvo en Venezuela el presidente colombiano Alvaro Uribe, en el marco del encuentro cumbre con Chávez.

Después de una reunión a puertas cerradas durante más de tres horas, Chávez afirmó que “decidimos voltear completamente la página de la borrasca que pasó y de la que hemos hablado”, asegurando que las relaciones entre Venezuela y Colombia comienzan “una nueva etapa”.

Poco y nada se dijo de lo que realmente se discutió a puertas cerradas, a no ser la conferencia de prensa, donde lógicamente no se pasó de la retórica acostumbrada en la que Chávez mantuvo su discurso tradicional sobre el “socialismo” y la “independencia”. Cuatro días antes, el propio Chávez se había reunido en el palacio de Miraflores (sede del gobierno) con el embajador norteamericano en Caracas, Patrick Duddy, manifestándole su deseo de reabrir el diálogo con EE.UU., recordándole las viejas relaciones que mantenía en la época del ex embajador John Maisto, con quien “desayunábamos, hablábamos”, ratificando que “a esa situación hay que volver”. Hasta el canciller español Miguel Angel Moratinos se encontró por esos mismos días con Chávez en Caracas en busca de normalizar las relaciones con Madrid y “su majestad”.

El giro de Chávez, que tiene el objetivo de restablecer las relaciones con Uribe, tuvo su inicio en el primer viraje en Santo Domingo. Allí le ofreció una salida política a Uribe después que éste perpetuara el sangriento bombardeo y la consecuente masacre que se cobró la vida de Raúl Reyes y otros guerrilleros de las FARC en pleno territorio ecuatoriano, avalando que la OEA no condenara la acción belicista. Luego vendría la declaración exigiendo abiertamente la rendición incondicional de las FARC, afirmando al mismo tiempo que esperaba “trabajar conjuntamente” con el próximo presidente de EE.UU., ensayando así, reacomodos frente al imperialismo norteamericano y sumándose a la campaña reaccionaria de Uribe. Como vemos, Chávez viene, en sus intentos de reubicación frente al imperialismo yanqui, operando un cambio en su política, primero hacia Uribe, luego hacia EE.UU., culminando en el reciente encuentro de Paranaguá y ofreciéndose como mediador para resolver las tensas relaciones que mantienen Ecuador y Colombia. En estos saltos y virajes ocurridos en las últimas semanas, Chávez también busca una estabilización en la región en aras de mayores compromisos, en un claro signo de respetar el “orden” imperante a escala regional más allá de su retórica antibushista y nacionalista.

Este giro se da en el marco de que el gobierno narco-paramilitar de Uribe, aliado incondicional del imperialismo yanqui en América Latina, viene obteniendo importantes triunfos en su política represiva de “seguridad democrática”, que no es más que la continuación de una sistemática guerra civil de baja intensidad contra las organizaciones obreras, campesinas y populares combativas, y una posición de liquidar lisa y llanamente la insurgencia. Con el reciente “rescate” de Ingrid Betancourt, los tres contratistas del Pentágono y los 11 militares y policías que estaban en manos de las FARC, Uribe ha obtenido un importante triunfo político, que lo ayuda a salir de la fuerte crisis política que tenía encima, no sólo ya por las comprobadas relaciones de su partido y su entorno con los paramilitares (que ha llevado a juicio y/o a la cárcel a decenas de parlamentarios), sino también por comprobarse que sobornó a congresistas para que aprobaran su reelección. Sarcásticamente, ya se afirma entre el pueblo que, de continuar con este ritmo de parlamentarios presos, dentro de poco el Congreso colombiano sesionará en la cárcel.

Aquellos últimos triunfos “tácticos” que mencionamos, le permiten al gobierno colombiano validar la “vía militar” para el rescate de los rehenes (una vía que le venía fracasando y que era resistida por la mayoría de los “países amigos” y los familiares de los rehenes que privilegiaban un “canje humanitario”), e imponer su política de llegar a un “acuerdo de paz” con las FARC a la manera unilateral de Uribe. Como lo graficó el ministro de Defensa Juan Manuel Santos “el gobierno está dispuesto a negociar con ellos... pero si las FARC no quieren, les vamos a dar garrote”. Es en este marco y bajo estas nuevas condiciones que se opera el “giro” de Chávez.

En medio de estos virajes de Chávez, y por los golpes sufridos casi en la forma de “efecto dominó” que le ha venido asestando el gobierno de Uribe, las FARC se encuentran presas de su estrategia guerrillera, encontrándose en un callejón sin salida, alejada de las necesidades de lucha y movilización de los trabajadores y el pueblo pobre colombiano, así como de su “reformismo armado”, que termina proponiendo un “gobierno de unidad nacional” con sectores de la burguesía colombiana. Sin embargo, a pesar de nuestras diferencias con el método y la estrategia de la guerrilla, los socialistas revolucionarios no ponemos en ningún momento un signo igual entre las acciones de la guerrilla y el sistemático terror de Estado, que ha causado 4 millones de desplazados, miles de torturados y asesinados, cientos de desaparecidos, y el récord mundial de asesinatos de sindicalistas. Los revolucionarios defendemos el derecho de las FARC a ser reconocidas como fuerza beligerante, y no estamos por que se rindan ni por que entreguen las armas, sino por que se subordinen a las necesidades de la movilización revolucionaria del movimiento obrero y popular.

¡Ni “amigo” ni “hermano”! ¡Abajo las negociaciones de Chávez con Uribe!

En el marco del “respeto al orden regional”, Chávez llegó al descaro en afirmar que las FARC “dan excusas al imperio para amenazarnos”, demostrando un “pragmatismo” político repugnante, como parte de un intento de tender puentes hacia una posible futura administración demócrata. Quiere mostrar que está dispuesto incluso a convivir con el régimen colombiano, a pesar del apoyo descarado de éste a EE.UU., y justo cuando se está reactivando la Cuarta Flota norteamericana, responsable de los aviones, portaaviones y submarinos operando en el Caribe, Centroamérica y la zona norte de América del Sur (la Cuarta Flota había sido desactivada luego de la Segunda Guerra Mundial, hace ¡58 años! y dejó de funcionar porque el objeto de su creación era “defender” el Caribe y el Canal de Panamá).

Mientras tanto, los gobiernos “progresistas” de la región como Chávez, se suman al coro burgués que denuncia el secuestro por parte de las FARC pero no dice “ni pío” sobre los centenares de militantes obreros, campesinos, pobres y de izquierda que se pudren en las cárceles de la oligarquía colombiana, y de los masivos asesinatos de sindicalistas por parte del gobierno de Uribe en el que están mezclados los paramilitares. No dicen “ni pío” de que Colombia está de hecho ocupada por más de 3.000 militares y mercenarios yanquis enrolados en el Plan Colombia, y actualmente se discute abiertamente la posibilidad de convertir la base aérea de Palanquero, a orillas del río Magdalena, en una nueva unidad militar norteamericana. Llaman a rendirse a las FARC por “pasadas de moda”, cuestionando en realidad el derecho de los explotados a insubordinarse contra el poder militar del Estado burgués, en este caso, el colombiano, asesorado y armado hasta los dientes por los gringos. Con esa misma lógica que cuestionan la guerrilla, cuestionan también desde organismos de autodefensa obreros y campesinos, hasta la insurrección misma de los explotados. Por todo esto, no podemos menos que expresar nuestra firme solidaridad con los trabajadores colombianos, con los campesinos y el pueblo pobre de Colombia, y denunciar categóricamente los abrazos y las paces de Chávez con este régimen asesino.

En el marco de la “visita” de Uribe del 11 de julio, se realizó en Caracas, frente al consulado colombiano, una manifestación de repudio por la presencia del presidente colombiano en frente único entre distintas corriente políticas y organizaciones obreras y sindicales, entre ellas, CCURA. En la misma, la LTS se hizo presente, denunciando no sólo la presencia de Uribe en Venezuela, sino también la política del gobierno de Chávez de recibirlo de brazos abiertos llamándolo “amigo” y hermano” y reimpulsando nuevas negociaciones tanto en el plano político como económico. Por eso al mismo tiempo que levantábamos ¡Fuera Uribe!, también decíamos ¡Ni “amigo” ni “hermano”! ¡Abajo las negociaciones de Chávez con Uribe! Y levantando las consignas

¡FUERA URIBE! ¡ABAJO EL PLAN COLOMBIA!

¡POR LA LIBERTAD DE TODOS LOS ACTIVISTAS, TRABAJADORES, CAMPESINOS Y GUERRILLEROS PRESOS EN LAS C˜áRCELES DE URIBE Y DE BUSH!

¡FUERA ASESORES Y MILITARES YANQUIS DE COLOMBIA Y AMÉRICA LATINA!

¡POR LA UNIDAD DE LOS TRABAJADORES Y PUEBLOS POBRES DE AMÉRICA LATINA CONTRA EL IMPERIALISMO Y SUS GOBIERNOS LACAYOS!

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