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INTERNACIONAL

No en nuestro nombre

Tenía 6 años, o 7, y ya conocía, de principio a fin, el himno Israelí; tenía 8 años, y ya había escuchado hablar de Herzl, tantas veces, que perdí la cuenta; tenía 10 años, y la bandera azul y blanca, ya era parte del paisaje habitual que me rodeaba, presente en algún acto escolar, o en algún pasillo del club; tenía 11 años, y no había canción Sionista que no supiera; tenía 13 años, y ya podía recitar de memoria cada uno de los sentidos comunes instalados para defender la Nación Judía pese a todo.

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7 de agosto 2014

Tenía 6 años, o 7, y ya conocía, de principio a fin, el himno Israelí; tenía 8 años, y ya había escuchado hablar de Herzl, tantas veces, que perdí la cuenta; tenía 10 años, y la bandera azul y blanca, ya era parte del paisaje habitual que me rodeaba, presente en algún acto escolar, o en algún pasillo del club; tenía 11 años, y no había canción Sionista que no supiera; tenía 13 años, y ya podía recitar de memoria cada uno de los sentidos comunes instalados para defender la Nación Judía pese a todo.

Sin embargo, ese prolijo trabajo de adoctrinamiento, lento y gradual, se esfumo en un breve instante.

En ese instante en que la realidad habló sola, golpeándome hasta lo más profundo, haciendo crujir cada uno de mis órganos, hasta estallar de bronca y dolor.

Tengo 21 años ahora, y estoy en contra del Estado de Israel.

Tengo 21 años, y no hay himno, no hay bandera, ni estrategia justificativa, que me impida ver la masacre a la que es sometido el pueblo de Palestina. 

No hay guerra, hay un Estado gendarme, racista y teocrático, que oprime a un pueblo; hay un ejército de ocupación permanente, que legalizó el uso de torturas, que fusila, y asesina familias enteras; hay más de 5 millones de palestinos que fueron arrancado de sus tierras originarias, y obligados a vivir en los campos de refugiados, a quienes se les niega el derecho a volver; hay más de 1 millón y medio, que vive en la franja de Gaza, un gueto a cielo abierto, bloqueado por tierra, mar y aire. Hay un país financiado por el imperialismo, que usa mitos bíblicos, para sus objetivos descarados y escuetos, de colonización. 

Lo mejor de la tradición Judía, de aquellos jóvenes que se levantaron contra el ejército fascista alemán, en Varsovia, allá por el 43; vive en la lucha del pueblo Palestino. No hay que dejarse engañar por las políticas reaccionarias del Estado de Israel. Y si lo hacen, y defienden lo indefendible, entonces no lo hagan en nombre de los asesinados en los campos de exterminio Nazi, sino en nombre de USA y la Unión Europea, porque los intereses que defienden, son los de la burguesía imperialista, que explota a lo largo y ancho del planeta.

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