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NACIONAL

EL AUMENTO DEL MÍNIMO NO IMPONIBLE Y LA POLÍTICA DEL GOBIERNO FRENTE A LAS PARITARIAS

No les queda ni el relato

CFK presentó el aumento del mínimo no imponible de un 20% como un gran esfuerzo fiscal a favor de los trabajadores. Falso. El impuesto al salario es de cálculo anual, aunque mensualmente se realicen adelantos que se descuentan por recibo.

Pablo Anino

7 de febrero 2013

No les queda ni el relato

CFK presentó el aumento del mínimo no imponible de un 20% como un gran esfuerzo fiscal a favor de los trabajadores. Falso. El impuesto al salario es de cálculo anual, aunque mensualmente se realicen adelantos que se descuentan por recibo. El alza del mínimo no imponible se aplicará desde marzo y podría significar al principio que esos adelantos sean menores. Pero, incluso, ese mes ya habrán empezado a aplicarse algunos aumentos paritarios por lo cual el efecto será nulo o negativo para muchos trabajadores. En 2012 el gobierno recaudó por el impuesto al salario entre 17 y 22 mil millones de pesos. Con el transcurrir del año a medida que se vaya aplicando el resto de los acuerdos paritarios el gobierno terminará recaudando por el impuesto más que lo que recaudaba hasta ahora.

Lo cierto es que el gobierno carga cada vez más la recaudación sobre las espaldas de los trabajadores. El IVA (impuesto al valor agregado) que afecta principalmente a los consumos populares aporta la mayor parte de la recaudación. Aún en Brasil donde el gobierno antiobrero de Dilma Rousseff se viene desviviendo en bajas de impuestos a los industriales y los beneficios por las tasas de interés que gana el capital financiero son altísimos, se está estudiando bajar o eliminar el IVA a productos esenciales de la canasta alimentaria. Evidentemente, los reclamos obreros tienen que exigir la eliminación de ese impuesto a todos los consumos populares.

En la recaudación de nuestro país también tienen un peso significativo los aportes a la seguridad social que se descuentan del sueldo, aunque en esto también son importantes las contribuciones patronales, éstas gozan de significativas reducciones, un beneficio que otorgó el menemismo y que perdura con los K. Hay que exigir la restitución de las contribuciones patronales sacadas por Cavallo para reducir el peso de la carga impositiva sobre los trabajadores.

Además, las Asignaciones Familiares disminuyen o desaparecen a medida que aumentan los sueldos. Así el Estado realiza un gran ahorro castigando el salario obrero. El déficit fiscal en aumento, un “bache” que da cuenta del desgaste del “modelo”, se debe al aumento de los pagos por la deuda externa y de los subsidios a las ganancias empresarias. El ajuste recae contra el pueblo trabajador.

El método “progre” contra el salario: inflación más impuesto

Con la inflación en ascenso y acicateada con los tarifazos al transporte público y a otros servicios, el aumento de precios de enero ya superó el 2% y anualizado superaría el 30%. Los trabajadores sólo sacarían alguna ventaja del anuncio sobre el mínimo no imponible si lograran aumentos menores al 20%. La supuesta paradoja es que en ese caso perderían por goleada frente a la inflación. Aquellos que tengan aumentos por encima del 20% perderán varios puntos de esos aumentos por el impuesto al salario, ya sea porque superan por primera vez el mínimo no imponible y empiezan a tributar o porque los aumentos salariales los ubican en una escala superior (ver Infografía en páginas centrales) de la tablita que se utiliza para gravar el salario, la cual no es actualizada desde que De la Rúa fue presidente. Aún más grave es que quienes pagan por primera vez tributan tasas del 9%, mientras que las tasas a medida que se eleva la escala se incrementan de a 4%. Es decir, que los salarios más bajos y que pagan por primera vez se ven afectados por saltos en las tasas más altos que los tramos superiores.

Los K se cansaron de señalar que los oligopolios “conspiraban” contra el “modelo”. Hoy acuerdan con los supermercadistas. Es una estafa para meterle un techo a las paritarias. No obstante, pone en evidencia algunas cuestiones. En primer lugar, que un puñado de grandes cadenas de supermercados (Jumbo, Carrefour, Coto, Disco, Vea, entre los principales) controla el 70% de las ventas. No sólo eso. Estos ataron su “compromiso” de no aumentar los precios a que los grandes mayoristas y, fundamentalmente, grandes empresas alimenticias y productoras de electrodomésticos, respeten los acuerdos. Quienes aumentan los precios quedaron al desnudo. Pero hay más. Mientras Carlos Tomada, ministro de Trabajo, se desbocó contra los bancarios porque firmaron una paritaria por pocos meses diciendo que no podía ser que se reclame salario más de una vez al año, el compromiso de estas patronales, además de dudoso, es sólo por dos meses. La asimetría “progresista” en el trato a los trabajadores y a las patronales es notoria. Hay que exigir la escala móvil de salarios, una indexación y ajuste bimensual o trimestral en base a la inflación real, única manera de evitar que se pierda en pocos meses lo conquistado en paritarias.

Para los “progresistas” defensores del gobierno la puja salarial es consecuencia de un “modelo” con crecimiento y redistribución progresiva, pero hace tres años que viene cayendo la participación del salario en la torta de ingresos. El relato K es cada vez más un verso.


HORACIO VERBITSKY EN P˜áGINA/12 DEFIENDE LAS ARCAS DEL ESTADO

Impuesto al salario, sí; a las “corpos”, no

A los ya conocidos ataques a una supuesta aristocracia obrera, carácter que los escribas del gobierno le otorgan a trabajadores que muchas veces apenas llegan a cubrir la canasta familiar, ahora se sumaron argumentos sobre la necesidad de ser pragmáticos a la hora de sostener los ingresos del Estado.

Horacio Verbitsky en su habitual columna de opinión (“After hours”, P12, 3/12) explica lo difícil que sería buscar otras fuentes de recursos por fuera del impuesto al trabajo. Es raro de un defensor de un gobierno que se jacta de enfrentar a las corporaciones tanta argucia para interponer reparos a que se pongan impuestos a la renta financiera. Rechaza un estudio de la CGT oficialista (que hace investigaciones, pero no toma ninguna medida de lucha) que plantea un impuesto de apenas el 1% a las transacciones financieras para compensar la reducción de recaudación que supondría aumentar el mínimo no imponible en un 50%, algo que evidentemente no ocurrió. Al columnista de Página/12 le parece un disparate viendo lo complicado que fue aplicar un impuesto similar, pero con una tasa del 0,1%, en varios países europeos. Lo que no le parece un disparate es que el kirchnerismo esté a la derecha de los gobiernos imperialistas europeos que se desviven por salvar al capital financiero. Mientras, en nuestro país el negocio bancario y financiero vive un verdadero carnaval de ganancias. Hay que imponer la nacionalización de toda la banca bajo administración de los trabajadores para ponerla al servicio de las necesidades del pueblo trabajador.

Como si fuera poco, Verbitsky también argumenta acerca de lo complicado que sería aumentar los impuestos a la megaminería contaminante y a los terratenientes. La opción es que el impuesto al trabajo siga horadando los salarios. Verbitsky ya ni siquiera tiene la precaución de mostrarse fiel al relato K. En una “lección” de real politik presenta la negativa a atacar las ganancias de las “corpos” como una solución pragmática en función de preservar las arcas del Estado.

En realidad oculta toda una orientación política del gobierno contra el salario obrero. Resulta patético como busca encubrir de progresismo un impuesto regresivo que empezó a extenderse con el gobierno neoliberal de la Alianza cuando lo pagaban 400 mil trabajadores y que se profundizó con los K, con quienes más de 2 millones de trabajadores son afectados. Un botón de muestra del progresismo K. El salario no es ganancia, que paguen los capitalistas.

P. A.

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