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LIBERTADES DEMOCRÁTICAS

DEBATE CON UNA NOTA DE PRENSA OBRERA

¿Qué política levantar frente a legalización de las drogas?

En una nota publicada el 5 de julio el Partido Obrero se opone, una vez más, a la legalización de las drogas

Rosa D'Alesio

2 de agosto 2012

En una nota publicada el 5 de julio el Partido Obrero se opone, una vez más, a la legalización de las drogas1. Mantiene una posición errónea que no combate la política represiva del Estado burgués, ni denuncia que el narcotráfico provoca miles de muertes y descomposición social, como en México, donde a diario se asesina a jóvenes y mujeres que no quieren ser parte de las mafias. Mientras, aprovechando el terror que imponen los barones de la droga, el Estado quita a las masas los más elementales derechos.

PO considera que la legalización es sólo una política impulsada por sectores burgueses y el imperialismo para quedarse con las ganancias del narcotráfico. “El llamado ‘movimiento’ por la despenalización se monta sobre una corriente internacional de orden más general -impulsada por magnates como George Soros y The Economist-, en favor de legalizar el comercio de drogas y de ‘blanquear’ el dinero del narcotráfico en la economía capitalista” en crisis. Pero, aunque sectores burgueses planteen la legalización, la política imperialista y burguesa responde a la “doctrina Nixon”. Desde que Richard Nixon impulsara las “guerras contra las drogas” se impuso la militarización y el control de América Latina con bases norteamericanas y servicios de inteligencia. La doctrina Nixon justificó así el Plan Colombia, cuyo verdadero objetivo era combatir a sangre y fuego a la FARC2. En Bolivia la excusa del narcotráfico se usó para perseguir a los cocaleros del Chapare.

Por otro lado el dinero del narcotráfico ingresa a la economía formal con mecanismos financieros legales, abasteciendo de capitales a empresarios, gobiernos y campañas de políticos. Sólo en México, en los seis años del gobierno Calderón, se identificaron U$S 31.000 millones de origen ilícito.
Los gobiernos de la región discuten la conveniencia de la legalización, ya que entró en crisis la “guerra contra las drogas”. Estas políticas favorecen la asociación de los carteles de la droga con camarillas capitalistas, políticos y fuerzas represivas. Si bien la corrupción es inherente al capitalismo, se produce una crisis cuando, por ejemplo, la corrupción estatal lleva a que el poder militar de los narcos dispute al Estado el monopolio las armas, cuestionando el “orden burgués” y obstaculizando su libre ejercicio de dominio. Todo esto lleva a los sectores dominantes a discutir nuevas políticas para dominar el negocio. Oponerse por ello a la legalización, como plantea el PO, llevaría (desde lo metodológico) a la posición de prohibir la venta libre de tabaco porque es un negocio capitalista.

Nuestra lucha es por la legalización de todas las drogas

PO parece ignorar un principio elemental: los marxistas nos oponemos a las fuerzas represivas, a la legislación reaccionaria y al control social que ejerce el Estado capitalista. Debemos pelear por arrancar cada derecho, socavando el poder de control policial como parte de una estrategia política para ampliar la movilización y la organización independiente de los trabajadores y la juventud contra el orden político y social. Luchamos por quitar al Estado toda potestad de inmiscuirse en la vida personal. El narcotráfico es funcional a quienes piden mano dura y lanzan acusaciones racistas y xenófobas contra los jóvenes trabajadores y plebeyos o los vendedores minoristas.

El PO se opone a la legalización pero está en contra de criminalizar al consumidor. Pero oponiéndose a la legalización deja a los jóvenes a merced del aparato represivo y cede a la moral burguesa que se ampara en un problema de “salud” para cuestionar el consumo de drogas con fines recreativos.

Nosotros partimos de defender y ampliar las libertades democráticas del pueblo pobre y trabajador, víctima del poder punitivo del Estado.
Desenmascaramos a la clase dominante que habla de libertades individuales mientras en el sistema capitalista (incluso bajo un régimen democrático burgués) no es posible conquistar la absoluta libertad porque los desposeídos están obligados a subsistir vendiendo lo único que tienen, su fuerza de trabajo. En el capitalismo, la clase dominante no sólo coersiona a las masas explotadas sino que logra que se naturalicen su moral y creencias (el verdadero opio de la humanidad) usando leyes restrictivas que cercenan los derechos individuales, que disciplinan los cuerpos y doblegan la voluntad frente a la explotación asalariada.
No hacemos apología del uso de estupefacientes, y no se nos esconde que el capital prefiere una juventud sumisa y estupidizada a una combativa y revolucionaria. Pero no le damos ninguna autoridad al Estado para regular la vida de los explotados. El PO acá incurre en otro error: ya que está comprobado que el alcoholismo provoca más estragos personales y sociales que las drogas prohibidas, el PO debería incorporar en su programa la prohibición de la venta de alcohol. Un dislate.
Hasta que no se logre la emancipación del trabajo asalariado, que cuestione el orden social, la conquista de derechos individuales será limitada. Nuestra tarea es develar este entramado entre las masas explotadas.

Uso de drogas

El consumo de sustancias psicoactivas lícitas o ilícitas tiene múltiples motivos: fines recreativos, ampliar sentidos, anestesiar la angustia, favorecer el encuentro social o, a la inversa, encerrarse en sí mismo. Una amplia mayoría consume sustancias ilícitas sólo por recreación, otros acuden a las lícitas (como los psicofármacos) para calmar el dolor de existir y soportar las obligaciones sociales. Pero las políticas contra el uso de drogas ilícitas no buscan impedir el consumo, sino que éste sea estigmatizado, asociándolo a la delincuencia o la patología, nutriendo discursos morales, subsidiarios de políticas represivas ejercidas por el poder político y el poder médico. Se legisla sobre los cuerpos, criminalizando la vida privada y dejándola al arbitrio de políticas sanitarias y, especialmente, penales.

No negamos que los condicionantes sociales empujan a un consumo compulsivo. Sí le negamos a las sustancias un poder omnipotente, porque tiene que haber condiciones subjetivas y sociales para que alguien caiga en una adicción3, cuestión que la prohibición no resuelve4.

Desde el PTS peleamos por arrancar todas las libertades democráticas como el derecho al aborto, las libertades sexuales, los derechos de la mujer e incluso el derecho al consumo recreativo de sustancias psicoactivas. Junto a la legalización peleamos por implementar políticas de disminución de daños que incluyan información médica para consumir en las mejores condiciones sanitarias. La desinformación aumenta los riesgos. Si se legalizara se podrían evitar los “cortes” y la adulteración, más perjudiciales que la droga misma. La legalización sería no sólo un arma menos en manos de las fuerzas represivas sino que mostraría, deslegitimándolo, que no debe permitirse al Estado intervenir sobre nuestras vidas.

Para que la juventud y el pueblo trabajador accedan a la cultura, la diversión, el ocio y su máxima libertad sexual; para que las libertades individuales no sean formales es necesario enfrentar radicalmente al sistema capitalista y liquidar la vieja maquinaria estatal.

Prensa

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