Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
14 de agosto de 2020

La Verdad Obrera N° 492

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LA DISPUTA VERBAL DEL GOBIERNO CON TECHINT TERMINÓ EN TREGUA

Techint y el agotamiento del “modelo”

13 Sep 2012   |   comentarios

La semana pasada mientras Cristina Kirchner celebraba el Día de la Industria, Clarín publicó críticas de Paolo Rocca, presidente de Techint, a la política económica oficial. El empresario, ausente en el cónclave, se quejaba por la perdida de competitividad y lo caro de los salarios en comparación con Brasil y México. Finalmente, Techint se desmarcó de Clarín y llegó a una tregua con el gobierno.

Algunas escaramuzas y muchos negocios

Aunque las ganancias siguen positivas las expectativas de los empresarios reflejan el desgaste del “modelo” por la desaceleración económica, la caída industrial y el déficit fiscal. A esto responde la escaramuza con Techint. Desearían volver a las ganancias extraordinarias de los primeros años del kirchnerismo con un aumento del dólar mayor al que practica el gobierno. Pero como la “sintonía fina” busca recomponer las ganancias atacando los salarios, las relaciones no se terminaron de romper. Además, contar con la cercanía del gobierno paga en efectivo.
La escaramuza tiene antecedentes. En 2007 Techint entró en tensión con el gobierno por el escándalo de Skanska por sobreprecios en la obra pública que también involucraba al grupo siderúrgico. En 2008 cuando Hugo Chávez nacionalizó Sidor (una planta de Techint en Venezuela) reaparecieron las tensiones. Néstor Kirchner medió y le consiguió a Techint una compensación de miles de millones de dólares que pagó el gobierno bolivariano. El Estado nacional tiene el 26% de las acciones en Techint a través de la cartera de inversión de la Anses. La última escaramuza se dio en 2011 cuando CFK quiso colocar a Axel Kicillof en el directorio de la empresa. Al principio fue rechazado por Techint, pero finalmente lo aceptó.

En el entredicho actual Paolo Rocca se desmarcó de Clarín dejando entrever que fue objeto de una operación política. Para sellar la paz, Kicillof y la ministra de Industria, Débora Giorgi, recorrieron la planta de San Nicolás para revisar el plan de inversiones de Techint, unos 470 millones de dólares, sólo una parte de la compensación recibida por la estatización de Sidor.

Un ejemplo de la burguesía “nacional”

No está descartado que haya nuevos roces dado que Techint se apoya en su gran poder para establecer precios monopólicos de los productos que produce, y algunos son insumos claves para otras industrias. Esta conducta hiere la “susceptibilidad” del equipo económico porque afecta la competitividad general de la economía.

Se dice que Néstor Kirchner era un admirador de esta empresa “nacional”. Lejos de la fantasía de haber encontrado a un verdadero ejemplar de la burguesía “nacional”, Techint nació de la mano de un empresario italiano que hizo base en Argentina y creció con los favores del Estado: uno de los más importantes fue la privatización de Siderar. Hoy es un grupo trasnacional que opera en México, Brasil, EE.UU. y Japón, entre otros países. Un tercio de sus negocios están en Argentina y dos tercios en el resto del mundo. Siendo una de las empresas del país con mayores ganancias, no fue distinta a Repsol su política de reinversión. Más que un ejemplo, es la manifestación acabada de la bancarrota del intento de construir una “burguesía nacional” desde el Estado.

Salarios bajos para todos

El presidente de Techint plantea que hay cierta pérdida de competitividad y que los salarios están muy altos. Desde 2007 la inflación es la expresión de las contradicciones del “modelo”. Los empresarios, por un lado, aumentan los precios para sostener sus ganancias, pero, por el otro, pierden competitividad internacional porque ese aumento de precios encarece los productos argentinos para el resto del mundo. Para los ideólogos oficiales la inflación no es mala porque dicen que alienta el consumo. Evitan decir que también deteriora el salario. Igual el gobierno intentó moderar las subas de precios subsidiando ganancias, pero ahora con el fin del superávit fiscal esa política enfrenta cada vez más problemas.

No obstante la tregua, Techint integra junto a Clarín la Asociación Empresaria Argentina, una elite empresarial que interpone reparos al gobierno y que oportunamente presenta sus quejas por las medidas de intervención en la economía. El gobierno, mientras mantiene respaldos más o menos solapados de las empresas imperialistas mineras, automotrices y exportadoras agrarias, utiliza los roces circunstanciales con distintos sectores empresarios para simular grandes batallas con las corporaciones empresarias.

Los empresarios no rechazan la dádiva del gobierno mediante subsidios a las ganancias, pero preferirían mantenerlas con menos “control” sobre sus negocios. Las distintas medidas del gobierno para que los empresarios tengan “ganancias razonables” (como ocurre en el negocio petrolero y de la electricidad) develan que el sentido general de la política kirchnerista no es contra las corporaciones, sino para mantener los negocios del conjunto de la clase capitalista. La “sintonía fina” resulta ser una política para gestionar el desgaste del “modelo” en el marco de la crisis mundial atacando por distintas vías el salario obrero.

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