Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
10 de agosto de 2020

La Verdad Obrera N° 490

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TERCERA SEMANA DE AUDIENCIAS

Verdades que duelen, mentiras que se arrastran

30 Aug 2012   |   comentarios

Algunas ideas importantes empiezan a tomar forma. Por un lado, quienes atestiguan en carácter de compañeros de Mariano y víctimas del ataque no confunden hechos, ni escatiman datos ni se esconden en el silencio. Saben que la verdad está de su lado, por eso responden sin titubear. Por otro lado los policías que declaran sobre lo que hicieron o no allí, en medio de los acontecimientos, sí dudan, se contradicen y regatean información. Incluso son ayudados por los abogados de los asesinos y por la fiscal María Jalbert, entre quienes por momentos parece primar más una puja por el ‘estrellato’ que un desarrollo profesional. Claramente el interés de los compañeros de Mariano (y de sus abogadas militantes) es opuesto al de quienes integran esta Justicia para ricos cobrando fortunas (sea por salarios del Estado o por clientes VIP).

La verdad desgarradora

En la última semana declararon varios compañeros de Mariano, presentes aquel día, quienes aportaron detalles sobre los hechos. El lunes 27 María Villalba, de 60 años, miembro del Polo Obrero de Florencio Varela, relató ante el tribunal todo lo que vio, escuchó y sintió ese día, desde que llegó a Avellaneda a la mañana hasta que se enteró que Mariano había muerto en Barracas. Ella vio caer a Elsa Rodríguez a su lado con un balazo en la cabeza. “Grité ´escóndanse, nos quieren matar´ -relató- Pensaba que nos tiraban de arriba de los árboles, de las paredes (…) Empecé a correr por el medio de la calle gritando que habían matado a Elsa, que tenía un tiro de verdad.” El tiro era de verdad, pero Elsa no estaba muerta. Quien sí había caído asesinado era Mariano, a quien María también vio y fue a socorrer. “Tenía una pierna doblada, se había hecho pis, tenía los ojos abiertos, la nuez no se le movía, no reaccionaba”. El relato hizo enmudecer a toda la sala. Pero esta vez el silencio no era producto de especulaciones u oportunismos. El silencio esta vez fue un verdadero alegato.

La mentira de patas cortas

Después de estos testimonios declararon algunos policías que, cuales ‘testigos casuales’, intentaron por todos los medios salvar sus propios pellejos. “No recuerdo”, “no sabría precisar” o “no le sabría decir” fueron frases compartidas por oficiales de la Bonaerense y de la Federal. Ambas policías actuaron ese día, una en Avellaneda y otra en Barracas. La segunda cumplió un rol fundamental para facilitar el ataque de la patota pedracista. Por eso los federales que hasta ahora declararon extremaron sus reparos para no dejar escapar alguna palabra o dato que los complique. Pero con cada titubeo y cada ambigüedad no hicieron más que dejar en claro que todo lo hecho por la policía ese día fue a favor de la patota de La Verde.

El martes el último en declarar fue el sargento Ortigoza, de la Comisaría 30°, a quien se le ordenó ese día ir de civil a averiguar cuáles serían los movimientos de los tercerizados y las organizaciones que los apoyaban. Su declaración (más precisa que las de los otros policías) sirvió para determinar, por ejemplo, que en el lugar había más policías de los que se intenta hacer creer (incluso varios de civil), que el ataque fue directo de la patota hacia los manifestantes, sin ‘riña’ ni ‘enfrentamiento’ como pretenden demostrar las defensas y que la policía no hizo nada para impedir el ataque sino que, por el contrario, le abrió paso a los asesinos para que consumaran su plan.

Otra semana de testimonios. Y se siguen acumulando pruebas contra los asesinos. Contra los que apretaron los gatillos, los que dieron las órdenes y quienes colaboraron con su plan criminal.

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