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¿A qué intereses responde la Federación Agraria?

“Estamos en un proceso de concentración de la tierra...muy grave… una etapa en que se desarrolla una agricultura sin agricultores, destruyendo años de historia... el mercado ordena y se produce sin agricultores, con campos que son administrados por sectores financieros… vamos camino a un peligroso monocultivo sojero… Las mejores tierras están al límite de la disponibilidad de fósforo. Debido al mal estado en que está quedando la tierra, luego de la soja no vendrá más nada…”.

Armando Mouzo

22 de mayo 2008

¿Quién dijo?

“Estamos en un proceso de concentración de la tierra...muy grave… una etapa en que se desarrolla una agricultura sin agricultores, destruyendo años de historia... el mercado ordena y se produce sin agricultores, con campos que son administrados por sectores financieros… vamos camino a un peligroso monocultivo sojero… Las mejores tierras están al límite de la disponibilidad de fósforo. Debido al mal estado en que está quedando la tierra, luego de la soja no vendrá más nada…”. Estas afirmaciones del Presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi (publicadas en www.lagaceta.com el 9/9/07) tendrían consonancia con las posiciones centroizquierdistas históricas de la FAA. Sin embargo actualmente, esta organización es punta de lanza de los sectores que critica, el capital agrario más concentrado enrolado en la Sociedad Rural y las Confederaciones Rurales Argentinas, y, junto a CONINAGRO (dirigida por las grandes cooperativas como Sancor), defiende esencialmente el “monocultivo sojero”, al pelear por la baja en las retenciones, como principal punto programático en el conflicto entre el gobierno y el “campo”.

¿Por qué?

Paradójicamente, los intereses materiales que hoy defiende la FAA se relacionan con los estragos que hizo el menemismo y la situación en que quedaron los medianos productores. En los ’90, Menem eliminó todos los entes reguladores de la actividad agropecuaria, como la Junta Nacional de Granos y la Junta Nacional de Carnes, que, junto a otros, permitían una mínima intervención del Estado en la producción agropecuaria. En este período también se llevó adelante una modificación en la producción agropecuaria, provocada fundamentalmente por la introducción de maquinarias y agroquímicos.
Esto provocó un crecimiento de la producción. “La producción de cereales pasó de las 22.624.700 toneladas en la campaña 1990/91 a 40.734.000 toneladas en la campaña 1997/98. La de oleaginosas aumentó desde las 15.701.000 toneladas a 25.059.000” (Mario Lattuada, Guillermo Neiman, El Campo Argentino).

Pero por las características mencionadas, esto no pudo ser aprovechado por la totalidad de los productores. Las explotaciones agropecuarias de pequeños productores, “aquellas en las que el productor o socio trabaja directamente en la explotación y no emplea trabajadores no familiares remunerados permanentes”, según define el INDEC, fueron los grandes perjudicados, ya que no contaban con el capital suficiente para acceder a las costosas maquinarias y agroquímicos. Esto produjo una enorme expulsión de este sector y una gran concentración de la tierra. Según Mario Lattuada (Acción colectiva y corporaciones agrarias en la Argentina) “En la zona pampeana (…) se habría producido entre 1992 y 1997 una disminución del 31% en el número de explotaciones agrarias y muy en particular de las pequeñas y medianas, pasando su número de 170.604 a 117.040. Este fenómeno se habría manifestado con mayor profundidad en la provincia de Santa Fe, en cuya zona sur el número de explotaciones se habría reducido a la mitad en ese mismo período”. Por lo tanto, si comparamos el incremento de la producción y la disminución de las explotaciones, podemos ver un avance en la producción por productor: “hacia 2001/2002, para levantar una cosecha que es un 328% superior a las de 1980, se necesitaba una población que era un 20% inferior”. (Revista Pimsa, 2006).

Este proceso favoreció a los sectores más concentrados del campo y a los pooles de siembra, la manifestación de la financierización de la economía en el campo. En el otro extremo, los pequeños productores se encontraron arruinados y los sectores medios endeudados.

¿Y ahora?

La devaluación, la refinanciación de las deudas y la suba de los precios de las materias primas a nivel internacional, arrojaron dos fenómenos. Por un lado, un crecimiento extraordinario de la renta agraria y por el otro, una recuperación de los productores medios. Mientras, los sectores más bajos de los pequeños productores no lograron (ni logran) levantar cabeza.

Los sectores medios que pudieron conservar su propiedad se encuentran con que el valor de ésta ascendió en menos de un año un 50%, pudiendo arrendarla y vivir de ese alquiler, otro sector se tecnificó y no sólo cosecha su tierra sino la de los campos vecinos, mientras que otros explotan sus campos y alquilan otros para aumentar la escala de explotación.

Así, este sector, aunque tenga algunos intereses distintos de los sectores más concentrados, se abrazan hoy al histórico programa liberal de la Sociedad Rural (en las épocas de bonanza), “que el Estado no intervenga y nos dejen producir”.

Hoy la Federación Agraria está representando los intereses de estos sectores medios del campo mientras deja librado a su suerte a las explotaciones familiares o a los campesinos pobres.

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