Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
15 de agosto de 2020

La Verdad Obrera N° 490

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Actividades de formación de la Juventud del PTS Capital

30 Aug 2012   |   comentarios

Más de 300 jóvenes estudiantes universitarios, secundarios y trabajadores participaron de las actividades de formación durante julio y agosto, coordinadas por distintos compañeros y compañeras de la Juventud de PTS, así como del ciclo de charlas organizado por los militantes secundarios “Pensando la revolución” a cargo de Héctor “Catoto” Penuto, Carlos “Titín” Moreira y Facundo Aguirre.

Curso “La teoría de la revolución en Marx y Trotsky”

Como parte de estas iniciativas, estudiantes y trabajadores participamos del curso “La teoría revolucionaria en Marx y Trotsky”, a cargo de Santiago Jara y Verónica Valdez. Secundarios, terciarios y universitarios junto a jóvenes metalúrgicos, textiles, gráficos y trabajadores de la alimentación recorrimos en cinco encuentros el desarrollo de la teoría de la revolución proletaria y las ideas del marxismo revolucionario.

Comenzamos con el Manifiesto Comunista y la revolución de 1848, que se extendió a lo ancho de Europa en la llamada “Primavera de los pueblos”. Abordamos las lecciones que Marx y Engels extrajeron de la experiencia revolucionaria en Francia y Alemania y cómo en el texto “Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas” Karl Marx retoma el término “revolución permanente”, que había sido utilizado por los jacobinos en la revolución francesa de 1793, para explicar la dinámica de las revoluciones de 1848 y señalar que el proletariado debe sostener una lucha independiente de la burguesía y la pequeño-burguesía.

Complementariamente abordamos las lecciones de la lucha de clases del siglo XIX otorgamos especial atención al balance de la Comuna de Paris.
Luego, avanzamos sobre el debate abierto en el marxismo ruso a comienzos del siglo XX sobre las perspectivas de la revolución, su mecánica y sus fuerzas motrices. En este contexto es en que interviene León Trotsky con su primera formulación de “Teoría de la Revolución Permanente”: sólo la clase obrera como caudilla de la nación oprimida podría resolver las tareas democrático-burguesas planteadas en la atrasada Rusia estableciendo la dictadura del proletariado, y de este modo avanzar también en sus propias medidas “socialistas” conforme se avanzara en cuestionar la propiedad privada. La revolución de 1917 fue la oportunidad de verificar, bajo la confluencia con Lenin en la dirección del Partido Bolchevique para la toma del poder en Octubre y la instauración del primer Estado Obrero de la historia, la demostración de las previsiones de Trotsky.

En el cuarto encuentro, analizamos la generalización de la Teoría de la Revolución Permanente a partir de la derrota de la Revolución china de 1925-27 para terminar en la última reunión analizando los procesos revolucionarios de la posguerra, como la Revolución china de 1949 y la Revolución cubana, a través del prisma de esta teoría- programa.

Seminario “La concepción de estrategia en el marxismo de Trotsky”

En el curso sobre "La concepción de estrategia en León Trotsky”, coordinado por Patricio del Corro y Sol Cheliz, con la participación de Jesica Calcagno y Juan Oribe, abordamos las principales discusiones concentradas en “Stalin, el gran organizador de derrotas”, tomando la base del seminario coordinado por Emilio Albamonte. El objetivo central de este seminario fue poner en discusión los aspectos centrales que hacen a la relación entre táctica y estrategia del marxismo revolucionario en la época imperialista, tomando las discusiones de Trotsky con la Internacional Comunista en los ’20 para pensar la tarea de la construcción de un partido revolucionario hoy en Argentina y el mundo. Con una dinámica de taller y grupos de estudio, se expresó mucha avidez como mostraron las decenas de intervenciones en cada encuentro.
Partimos de la definición provisional de un marxismo con predominancia de la estrategia, que mantiene una unidad dialéctica entre teoría y práctica. Abordamos qué marxismo reivindicamos, en contraposición por un lado con la separación academicista entre teoría y práctica que caracterizó al marxismo occidental, pero también a la adaptación a otras estrategias y direcciones reformistas que caracterizó al trotskismo de posguerra.

Abordamos las premisas objetivas para el desarrollo de la estrategia revolucionaria, basadas en el desarrollo capitalista mundial en la época imperialista a través de un proceso de asimilación/diferenciación de países y regiones, que hace imposible pensar la Teoría de la Revolución Permanente como una teoría para el desarrollo de las fuerzas productivas o para la construcción del socialismo en un solo país. Sino que la conquista de un Estado Obrero es una posición conquistada como trinchera para la revolución mundial. De la mano de esto, abordamos el internacionalismo como una necesidad concreta que se desprende del desarrollo del capitalismo mundial, que no es un simple análisis de las tendencias económicas y políticas mundiales, sino parte integrante de la estrategia y el programa de la revolución internacional. Desde 1914, “ha sonado la hora de los programas nacionales”, que llevaron a la socialdemocracia alemana al socialpatriotrismo, historia que repetiría senilmente la Internacional Comunista stalinizada culminando en la política de los frentes populares como forma de defensa militar de la URSS luego de haber liquidado la revolución en Europa.

Luego desarrollamos la relación entre táctica y estrategia, y la significación de la predominancia del factor subjetivo en la época, donde la recomposición de la fuerza de la burguesía no depende exclusivamente de motivos económicos sino de las derrotas del proletariado en momentos de giros bruscos. Es por esto que si en “tiempos de paz” el papel de la dirección puede acelerar o retrasar la construcción del partido, en momentos donde la revolución está a la orden del día el factor decisivo pasa a manos del partido.

También, definimos por qué la Teoría de la Revolución Permanente no es una teoría de la ofensiva permanente: la época da un carácter permanentista a la revolución pero no en todo momento está planteada la toma del poder. En cada situación la táctica implica evaluar concretamente el terreno en el cual la lucha de clases se desarrolla. Así por ejemplo el Tercer Congreso de la Internacional Comunista, había definido luego de la acción de Marzo de 1921 en Alemania, que era una tarea de primer orden para los PC en Europa acumular fuerzas para pasar a la ofensiva en el momento indicado, y dictó la táctica del “frente único” con el objetivo estratégico de ir “hacia el poder, previa conquista de las masas”. Sin embargo, el ultraizquierdismo que mostró el PC en el ‘21 (y la corriente que se expresó en la teoría de la ofensiva permanente propia de un momento de inmadurez de los partidos comunistas en el 2° y 3° Congreso) no sería el único peligro. En el ‘23 el PC alemán, se habría “adaptado a la rutina de la táctica”, dejando pasar sin combate una oportunidad llevando a la derrota de la clase obrera alemana. El error no fue entrar al gobierno de Sajonia (como lo recomendaba Trotsky “sólo si la revolución está al alcance de la mano”), sino en no utilizar consecuentemente en esta táctica de gobierno obrero, como forma del frente único, una posición para pasar a la ofensiva y lanzar la insurrección.
Junto a esto discutimos la dinámica de la guerra civil y la insurrección, y por qué la Teoría de la Revolución Permanente no es un militarismo, ligado a que la revolución es una tarea consciente que requiere de la experiencia de las masas obreras con sus direcciones para lo cual es una parte importante de la estrategia el desarrollo de organismos de autoorganización como frente único para la ofensiva.

A lo largo del “Stalin”, Trotsky discute con la degeneración centrista de la Internacional Comunista después del 4° Congreso. Entre las principales características que este fenómeno asume, se encuentra el problema de no extraer lecciones de la lucha de clases, bajo la pregunta que debe hacerse la estrategia: qué se esperaba y qué se ha obtenido, o la tendencia a absolutizar el factor objetivo que lleva al catastrofismo y fatalismo, o como contracara la tendencia al subjetivismo, así como a oscilaciones que van desde perder oportunidades revolucionarias en forma oportunista hasta cubrir esas derrotas con acciones ultraizquierdistas. Como corolario de esta política errática, una profunda adaptación empirista al retraso de la revolución luego de la derrota del 23, que tuvo su punto más funesto en la política interna de la URSS, en la Revolución China y el Comité Anglo-ruso. Las maniobras, que bien definidas son útiles para la política revolucionaria porque permiten ganar tiempo y conquistar aliados, fueron transformadas en estrategia por el centrismo olvidando las reglas principales de la maniobra: no confundir tu organización ni tus estandartes con otros, ni recurrir a acuerdos que restrinjan tu acción. Porque las grandes “causas” del proletariado no pueden ser decididas por las “maniobras”, sino por la acción revolucionaria de la clase y una dirección revolucionaria.

Pusimos en común la importancia de estas discusiones hoy para la estrategia revolucionaria donde al calor de la crisis capitalista internacional se empiezan a desarrollar fenómenos incipientes de la lucha de clases y se que suscitan debates estratégicos en la izquierda que se reclama trotskista, como la adaptación a fenómenos episódicos como Syriza en Grecia, o los procesos abiertos por la primavera árabe, donde tenemos un debate con otros partidos que sostienen posiciones oportunistas.

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