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MOVIMIENTO OBRERO

De casa al trabajo y del trabajo a casa: viajando para el patrón

¿Qué dirían las casi dos millones de personas que se trasladan desde el GBA a Capital cada día para trabajar si les señalaran que cuando termine su vida laboral habrán regalado entre uno y tres años de su vida a sus patrones, sólo en concepto de tiempo de viaje?

Verónica Zaldívar

2 de agosto 2012

De casa al trabajo y del trabajo a casa: viajando para el patrón

¿Qué dirían las casi dos millones de personas que se trasladan desde el GBA a Capital cada día para trabajar si les señalaran que cuando termine su vida laboral habrán regalado entre uno y tres años de su vida a sus patrones, sólo en concepto de tiempo de viaje? Visto así parece increíble, pero algunos estudios calcularon que, si se toman por ejemplo 35 años de trabajo, con un promedio de entre 80 y 160 minutos de viaje diarios, el resultado podría medirse no ya en días sino en años dedicados a viajar de casa al trabajo, y viceversa.

Mientras se anuncian aumentos de tarifa de trenes y colectivos, y el gobierno nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires se tiran la pelota por la crisis del subte, millones de usuarios siguen viajando en las mismas -pésimas- condiciones que quedaron en evidencia con la masacre de Once. En medio de esta situación, hay un “plus” que ganan los capitalistas por no hacerse cargo del gasto que implica llegar al lugar de trabajo; a esto se agregan las consecuencias de las interminables horas que dedican cotidianamente a viajar en condiciones paupérrimas los asalariados, sin que esto sea considerado parte de la jornada laboral. Negar esto último contradice no sólo cualquier razonamiento crítico al capitalismo, sino hasta la ley pro-empresa N° 24.557 (de Riesgos de Trabajo) que “considera accidente de trabajo a todo acontecimiento súbito y violento ocurrido por el hecho o en ocasión del trabajo, o en el trayecto entre el domicilio del trabajador y el lugar de trabajo, siempre y cuando el damnificado no hubiere interrumpido o alterado dicho trayecto por causas ajenas al trabajo”. Si a fin de legislar sobre accidentes laborales se reconoce esto, se cae de maduro que debería contabilizarse ese tiempo como parte de la jornada laboral. Si así fuera habría una consecuencia directa: la reducción del tiempo de permanencia en el establecimiento laboral propiamente dicho, ya que se descontaría el tiempo de viaje.

Ni máquinas ni bestias de carga

La lucha por la duración de la jornada laboral ha sido constante desde que existe el capitalismo: para los capitalistas, se trata de ganar lo más que puedan; para los trabajadores, de algo tan básico como conservar su salud, y poder tener vida más allá del trabajo. “El tiempo es el espacio en que se desarrolla el hombre. El hombre que no dispone de ningún tiempo libre, cuya vida, prescindiendo de las interrupciones puramente físicas del sueño, las comidas, etc., está toda ella absorbida por su trabajo para el capitalista, es menos que una bestia de carga. Físicamente destrozado y espiritualmente embrutecido, es una simple máquina para producir riqueza ajena”1.

En la Argentina del “modelo ” K, la jornada laboral promedio está entre las más altas del mundo. A esto se suman, sobre todo en las grandes áreas urbanas como la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, eternas horas de viaje hacia y desde el trabajo, en medios de transporte absolutamente precarios, anticuados, que hace décadas no reciben mantenimiento adecuado. Las condiciones de viaje son tan insoportables que llevan a recurrentes estallidos, donde usuarios hartos destrozan estaciones, vagones y lo que se ponga en su camino, como pasó en Constitución, Haedo o Castelar.

Finalmente el gobierno nacional llevará adelante este mes lo que no pudo hasta ahora: el aumento de tarifas en boletos de colectivos y trenes (el subte ya aumentó). Hace unos meses, cuando se aprestaban a golpear con el tarifazo, ocurrió lo de Once. Ese verdadero crimen social persuadió al gobierno de Cristina de que era mejor esperar, y por eso recién ahora comienzan con su plan de aumentos, en principio para quienes no tengan la tarjeta SUBE. Que hayan exigido los datos personales de cada usuario al otorgar el plástico hace suponer que luego vendrá otro aumento diferenciado. Además, el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo inauguró una página web con detalles de los subsidios otorgados a las empresas de transporte. Aunque se hable demagógicamente de “transparencia”, los capitalistas no van a renegar de su naturaleza, que es lucrar: esos subsidios seguirán siendo usados para beneficio propio. Por eso, la primera medida a tomar es reestatizar sin pago las empresas de transporte y ponerlas bajo gestión de sus trabajadores y usuarios. El deplorable estado de la infraestructura hace que esta medida resulte insuficiente por sí sola; es necesaria una inversión millonaria para revertir décadas de abandono por parte del Estado y los empresarios. Para esto hay que tomar medidas que afecten a los capitalistas, dejando de pagar la deuda externa y cobrando impuestos especiales a las grandes empresas y fortunas, para garantizar un servicio de transporte eficiente, cómodo y gratuito para los sectores más necesitados.

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