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El ejército y la oposición al servicio de la burguesía y el imperialismo

Desde el golpe de los Oficiales Libres de 1952 que puso fin al colonialismo británico y llevó al poder a G. Nasser, el Ejército se ha transformado en la institución clave del régimen y el Estado, además de acumular un importante poder económico.

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17 de febrero 2011

El ejército y la oposición al servicio de la burguesía y el imperialismo

Desde el golpe de los Oficiales Libres de 1952 que puso fin al colonialismo británico y llevó al poder a G. Nasser, el Ejército se ha transformado en la institución clave del régimen y el Estado, además de acumular un importante poder económico. Según algunos analistas, al menos un 10% de la economía nacional estaría en control de las fuerzas armadas. Gran parte de estos privilegios fueron conseguidos con los programas privatizadores de Mubarak y el FMI, que permitieron la apropiación por parte del alto mando de empresas estatales y tierras quitadas a los campesinos.

Las masas todavía tienen ilusiones en que el ejército está de su lado, lo que impidió una mayor radicalización de la lucha y sigue siendo uno de los principales límites del proceso revolucionario. Estas ilusiones se explican por razones históricas –el pasado nacionalista burgués del ejército y su enfrentamiento con Israel en la guerra de Yom Kipur- y por la negativa del ejército a reprimir, salvo excepciones, durante la lucha contra Mubarak. Sin embargo, el Ejército egipcio no sólo ha sido el principal sostén de Mubarak sino que recibe por año 1.500 millones de dólares de Estados Unidos para garantizar la estabilidad regional, la paz con el estado sionista y el bloqueo a la Franja de Gaza, entre otras cosas.

Este mismo Ejército es el que nombró el comité encargado de redactar la nueva constitución y ponerla a consideración en un referéndum, evitando incluso la posibilidad de una asamblea constituyente soberana.

La experiencia con el gobierno militar que tiene como tarea crear condiciones estables el dominio burgués, para lo cual es imprescindible poner fin a la agitación social, puede poner fin más temprano que tarde a estas ilusiones y dejar expuesto el verdadero rol del Ejército y su carácter profundamente reaccionario y proimperialista.

Si el proceso revolucionario no da un nuevo salto contra sus enemigos actuales, la burguesía y el imperialismo aprovecharán los meses de “transición” para transformar a alguna figura de la “oposición” en un candidato confiable que pueda jugar el rol de desvío.

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