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Internacional

El juego de Lula en Honduras

Según Lula, Zelaya llegó solo a la Embajada brasileña en Honduras y su gobierno se limitó a autorizar su entrada, aduciendo razones relacionadas con los “derechos humanos”. Sin embargo, es muy difícil creer que Lula haya sido tomado por sorpresa por el regreso de Zelaya y menos aún que éste haya decidido ir a la Embajada sin un acuerdo previo con el gobierno brasileño.
La intervención de Brasil en la crisis hondureña tiene que ver con sus aspiraciones a jugar un rol de liderazgo regional.

Sandra Fuentes

24 de septiembre 2009

Desde Tegucigalpa

Según Lula, Zelaya llegó solo a la Embajada brasileña en Honduras y su gobierno se limitó a autorizar su entrada, aduciendo razones relacionadas con los “derechos humanos”. Sin embargo, es muy difícil creer que Lula haya sido tomado por sorpresa por el regreso de Zelaya y menos aún que éste haya decidido ir a la Embajada sin un acuerdo previo con el gobierno brasileño.
La intervención de Brasil en la crisis hondureña tiene que ver con sus aspiraciones a jugar un rol de liderazgo regional.

La política imperialista expresada en la mediación de Oscar Arias y los Acuerdos de San José, era encontrar una salida negociada con Micheletti y, en ese marco, la restitución condicionada de Zelaya a la presidencia, que entre otras cosas, garantizaba la amnistía a los golpistas y la renuncia a la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Mientras Zelaya había aceptado todas las condiciones impuestas por los Acuerdos de San José, los golpistas de Micheletti, apoyados por sectores de la derecha republicana norteamericana, rechazaron el acuerdo. Aunque tanto la OEA como el gobierno norteamericano se habían negado a reconocer las elecciones convocadas por el gobierno de facto para el 29 de noviembre, Oscar Arias venía de hacer una reunión con los candidatos de los partidos golpistas cuya política era seguir el proceso electoral esperando que una vez que se realicen las elecciones, éstas sean legitimadas.

Es probable que si esta variante se concretaba, se debilitara el papel de mediador del gobierno de Lula en la región, cuestión que pude haber motivado la decisión de Lula de alojar a Zelaya en la Embajada brasileña en Honduras.

A su vez, presionando por una salida negociada con los golpistas con la intervención de la OEA y de las Naciones Unidas, busca evitar que la acción de masas se radicalice y tome una dinámica revolucionaria, poniendo en jaque a todo el régimen hondureño.

De esta forma, Lula pretende presentarse como una garantía de estabilidad para Estados Unidos, frente a la derecha golpista y al bloque del ALBA, aunque en lo inmediato la situación abierta en Honduras está marcada por grandes tensiones.

Por más que pose de “independiente”, el gobierno de Lula es parte de la misma trampa de la negociación que auspicia el gobierno de Obama.

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