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Editorial

‘Es la clase trabajadora, estúpido’

Parafraseando a Bill Clinton, que tomó como lema de campaña “es la economía, estúpido” para llamar la atención del problema crucial del momento, hoy se podría decir que lo principal que surge del resultado electoral no es ni “el fenómeno Pino” ni “el voto inteligente” del que habla la derecha (aquel que supuestamente “repartió el poder equilibradamente” entre varios sin dárselo a ninguno).

Manolo Romano y Ruth Werner

8 de julio 2009

Parafraseando a Bill Clinton, que tomó como lema de campaña “es la economía, estúpido” para llamar la atención del problema crucial del momento, hoy se podría decir que lo principal que surge del resultado electoral no es ni “el fenómeno Pino” ni “el voto inteligente” del que habla la derecha (aquel que supuestamente “repartió el poder equilibradamente” entre varios sin dárselo a ninguno). Lo relevante es la crisis de representación política abierta en la clase trabajadora concentrada en la Provincia de Buenos Aires con la derrota del peronismo oficial en su propio bastión.

Los recientes cambios en el gabinete que decidió Cristina Kirchner son apenas un reemplazo de figuras dentro del mismo elenco kirchnerista que es completamente insuficiente para “oxigenar” al gobierno despertando alguna nueva expectativa. Parecen destinados, además de “tirar lastre” como en el caso del inexistente ministro de Economía y poner allí al “exitoso” titular de la Anses Amado Boudou, a dar una señal de que el rumbo continuará, aún en medio de las presiones de la oposición para que “escuchen el mandato de las urnas”. A los reclamos de “diálogo y consenso” que viene haciendo la UIA, ahora la Mesa de Enlace agraria se presentó nuevamente en público para reclamar una solución a la baja de las retenciones y, sobre todo, para recordar quiénes son los padres del “voto no positivo” del 28J.

Los que desvarían sobre el “voto castigo” para explicar la derrota electoral del gobierno diluyen en una generalidad aclasista el contenido de la resultante política de la elección: el triunfo de los candidatos que se postularon como representantes del “bloque agrario” de la clase dominante que, luego de torcerle el brazo al gobierno en la puja por la 125, ahora coronan el triunfo en las elecciones, aunque esos más de 10 millones de votos estén dispersos entre Unión Pro, Reutemann, Cobos o la Coalición Cívica. En su mayoría refleja un giro a derecha de amplios sectores de las clases medias urbanas y rurales que, como en todo el continente, son permeables a las oposiciones “republicanas” (que en Honduras ensayen un golpe “constitucional”), a los gobiernos que sucedieron a los neoliberales luego de la crisis de 2001. La franja de un millón de votantes que se inclinaron por la centroizquierda de Solanas en la Capital o Sabatella en Buenos Aires, y el medio millón de votos de la izquierda, muestran un incipiente polo en sentido contrario.

Pero el fenómeno de mayor importancia es, sin duda, la crisis política abierta con la derrota del PJ sobre la masa de votantes de la clase obrera de la Provincia de Buenos Aires. Como venimos sosteniendo, en la mayoría de los trabajadores sindicalizados, en la que se apoya la CGT, caló la propaganda oficial de “mantener lo conquistado”, conservar el empleo votando “lo seguro”. La derrota electoral dejó en crisis política el núcleo central del aparato peronista, la CGT y el PJ bonaerense, el eje del gobierno en que depositaron expectativas millones en los últimos 6 años de crecimiento económico y ahora entra en debacle. Esta crisis ya tiene un primer reflejo superestructural en la cúpula de la CGT. Hugo Moyano, al mismo tiempo que sale a pulsear con el gremio de Camioneros reclamando el 25 % de aumento ante el avance de las corporaciones patronales que aprovecharon la derrota oficial y salieron a proponer la postergación de las paritarias a cambio de la preservación del empleo, ha declarado que “no está en contra de que Duhalde vuelva a ocupar un cargo de relevancia en el PJ”, quizá tratando de contener a los sectores de la cúpula cegetista que una vez más se están pasando de bando en el peronismo y abriendo nuevas divisiones en la burocracia sindical. Pero también se están dando síntomas “desde abajo” que expresan esta crisis, como las inéditas muestras de rebeldía en las grandes fábricas industriales de la alimentación que, mediante la acción directa, exigieron licencias y medidas sanitarias contra la Gripe A, así como la ebullición que se vivió en los trabajadores de hospitales, escuelas y dependencias estatales de la provincia que concentra la mayoría de los casos de enfermedad. Algo que no sólo puede explicarse como reacción por temor al contagio de la pandemia sino por la debilidad del aparato de contención de las masas obreras y populares en las grandes concentraciones de trabajadores.

La clase trabajadora de la Provincia de Buenos Aires se ha transformado en un terreno de disputa ante el lugar “vacante” que deja la conducción del PJ oficialista y la CGT bajo mando de los Kirchner. Todos los esfuerzos de los revolucionarios deben estar puestos en multiplicar los lazos en empresas y barrios del conurbano donde se van a librar grandes combates de clase y surgirán nuevos fenómenos políticos al interior de las organizaciones obreras, como ya lo anuncia la multiplicidad de agrupaciones antiburocráticas que están surgiendo en la gran industria siderúrgica o los jóvenes delegados independientes que se eligen en las secciones de las plantas de las automotrices claves del SMATA.

Resumiendo: Uno, comenzó la crisis del peronismo en la clase trabajadora, que tiene sus fuerzas intactas, sin haber sufrido grandes derrotas ni un proceso de desmoralización por despidos en masa, como había sucedido antes de que se precipitara la caída de De la Rúa. Dos, continúa el proceso del llamado “sindicalismo de base”, con la elección de nuevos delegados y el surgimientos de activistas que tienden a enfrentar a las patronales y las burocracias sindicales. Tres, una parte importante de la clase obrera que vino apoyando al kirchnerismo puede ser interpelada si nos dotamos de una adecuada política de transición hacia la construcción de un partido de la clase trabajadora.

Los buenos resultados en el conurbano bonaerense del Frente de Izquierda que encabezó el PTS deben ser aprovechados para una orientación audaz hacia las masas trabajadoras y sus sectores más avanzados. La unidad alcanzada con los compañeros de la izquierda clasista que hacemos extensiva, una vez más, a los compañeros del PO, debe ser una palanca para proponer ampliamente a todos los dirigentes sindicales que estén dispuestos a dar pasos en esta pelea por la independencia de clase, la construcción en común de una corriente en los sindicatos en la perspectiva de la formación de un gran partido de trabajadores.

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