logo PTS

Nacional

La economía argentina enfilando hacia la recesión

La crisis económica mundial profundiza día a día su impacto en Argentina, a pesar de que viene siendo mucho más leve que en otras latitudes. Nuestro país ha entrado desde fines del año pasado en una nueva situación económica con la ruptura de los últimos seis años de crecimiento sin interrupción. Como veremos a continuación, lejos de lo que fueron los últimos años, el panorama económico se muestra sombrío. En este marco el gobierno intenta reformular los fallidos planes que viene anunciando desde finales del año pasado, ya no para evitar la caída económica, pero al menos para contenerla.

Esteban Mercatante y Pablo Anino

12 de marzo 2009

Estado de situación

De diciembre a enero el conjunto de la industria cayó por causas que están más allá de la habitual disminución del verano1. Las patronales adelantaron las paradas técnicas y vacaciones y avanzan las suspensiones. La actividad industrial está virtualmente en caída libre en muchas ramas. Es claro que los sectores ligados a la exportación, y especialmente los vinculados a las automotrices se están desplomando.
El panorama en el resto de la industria, especialmente de sectores como la alimentación, no está claro que sea tan abrupto, aunque se registra una desaceleración.

El costo ya lo están pagando los hogares. La mayoría de los estudios detectan caídas del consumo: “Las empresas y las grandes marcas salieron en marzo a ofrecer financiamiento [para] indumentaria, calzado, marroquinería, juguetes, combustible, muebles, electrodomésticos, artículos para el hogar, joyería e incluso restaurantes ofrecerán nuevos descuentos con tarjetas de crédito y débito [...] Según datos de la Confederación de la Mediana Empresa, en febrero los porteños compraron el 14,6% menos que en el mismo período de 2008”2.

La producción agropecuaria está afectada por la baja de los precios de los commodities. A esto se sumó que la campaña de trigo fue un rotundo fracaso por la sequía. Para la de soja y maíz se prevé una caída en los ingresos que rondaría un 30%. Aunque los pronósticos son interesados y exageran la posibilidad de que el grueso de los productores termine trabajando a pérdida, lo cierto es que este sector no producirá los abundantes ingresos fiscales de los años previos, ni alimentará un boom de consumo como el que caracterizó a los poblados del interior durante los últimos años.

Esto ya se viene reflejando en las exportaciones que cayeron un 36% entre enero último en relación al 2008. Claro que los sojeros vienen especulando mediante la conservación de parte de la cosecha del año pasado a la espera de mayores precios, una eventual disminución de las retenciones por la vía parlamentaria o una devaluación que les permita ganar más. Pero todos los rubros de exportación están cayendo. Sin embargo, las importaciones caen aún más que las exportaciones por menores compras de bienes intermedios y de capital por el parate3. Es así que el saldo positivo de la balanza comercial, aunque menor a años anteriores, está proveyendo dólares que se van por el lado de la fuga de capitales y los pagos de deuda.

La situación de conjunto se perfila hacia la recesión económica. La consultora ABECEB registró una pronunciada retracción de los anuncios de inversión y la mayoría de los estudios coinciden en este diagnóstico4.

El gobierno le intenta poner un paracaídas a la economía

Actualmente toda la política del gobierno apunta a tratar de contener la declinación para “pasar el otoño” y quizás hasta el invierno y ver si llegan a octubre sin desbarranque. Intenta “aislar” a los sectores más comprometidos por el efecto de la crisis mundial: automotrices y autopartistas, siderurgia, electrodomésticos. Allí impulsa negociaciones entre sindicatos y empresas con baja salarial y menos horas trabajadas, suspensiones rotativas, etc. Todas medidas contra los trabajadores.
Mientras busca, sin mucho éxito, impulsar la demanda con distintos planes y “traccionar” el resto de la economía con obras públicas en el intento de sostener las ganancias de la patronal industrial y de la construcción.

En diciembre el gobierno lanzó planes para el canje de heladeras y la financiación de automóviles, calefones, cocinas, turismo, etcétera que es evidente que no han tenido ninguna efectividad para contener la caída industrial. Si bien en algunos casos (como en las heladeras) los créditos funcionaron no tuvieron ningún impacto significativo en el conjunto. El de autos tuvo un impacto nulo en las ventas: “En el mercado interno, las ventas de febrero sumaron 33.095 unidades, 30,2% menos que un año atrás. Hasta el momento, ni terminales ni concesionarias anotaron la venta de un solo vehículo a través del plan de estímulo del Gobierno”5.

Incluso, las ventas que se realizaron en su mayoría son de productos que ya se habían fabricado y estaban en stock. En lo que hace a los planes de consumo, ahora se suma el canje de bicicletas y la financiación de computadoras. Pero igual continuaron los parates en la industria automotriz y se desataron conflictos en la industria de electrodomésticos en Tierra del Fuego. Aunque hay algunas plantas, como la de Fiat y Volkswagen, que retomaron la actividad parcialmente lo hicieron en respuesta a pedidos puntuales y no como una reactivación general de las fábricas.

También se habían realizado anuncios pomposos de planes de obras públicas que hasta ahora casi no arrancaron. Frente a esto, han vuelto a anunciar los planes de obras públicas incluyendo algunas nuevas obras y achicando los plazos. Es que quieren poner en manos de intendentes del PJ la construcción de viviendas y volcar parte de los recursos al Conurbano, como por ejemplo con la Autopista Presidente Perón que sería una importante obra que pasaría por algunos de los partidos más poblados como La Matanza. El problema es que la obra pública lleva tiempo y la crisis va más rápido.

La caja fiscal: una frazada cada vez más corta

Mientras que todas las medidas que anuncia el gobierno implican aumentar los gastos para salvar las ganancias capitalistas, de aumento de salarios para docentes y estatales ni hablar. Los recursos fiscales, aunque crecieron en el último año gracias a los fondos de las AFJP, lo hicieron mucho menos que las nuevas necesidades. La recaudación se viene achicando por el lado de las retenciones a las exportaciones y es esperable que se reduzca más por la caída del IVA al consumo. Es que el consumo popular es su principal sostén. La estatización de las AFJP es insuficiente para hacer frente a la nueva situación de caída de las demás fuentes, además de que es una rifa con los fondos de los jubilados en provecho de las patronales. Cada vez más gobernadores y legisladores exigen rediscutir los ingresos fiscales que se coparticipan para enfrentar la emergencia fiscal que golpea fuerte en las provincias y municipios. Por último, los fondos de ANSES dependen directamente de los aportes de los trabajadores registrados afectados por las suspensiones y despidos. Por eso aunque por ahora viene alcanzando para intentar ponerle un paracaídas a la economía, cada vez tienen que hacer más malabares.

En una muestra más de su carácter antinacional el gobierno aseguró, antes que nada, el pago de la deuda externa de este año con un nuevo canje de los denominados préstamos garantizados. Además “En las últimas dos semanas, el jefe de Gabinete, Sergio Massa, recibió a unos veinte representantes de fondos y bancos de inversión como Fidelity, Gramercy, UBS, BNP, Barclays, Citi, Deutsche y CSFB, para sondear la posibilidad de reabrir el canje de deuda para los acreedores que tienen títulos impagos por u$s 20.000 millones de intereses”6.

Parece tan ridículo negociar con bancos que se están hundiendo y siendo semi-nacionalizados como el Citi para pagar la deuda fraudulenta a los holdouts mientras varios países se tambalean al borde del default que hasta Duhalde propone no pagar ninguna deuda. Lejos de cualquier medida por el estilo, el gobierno quiere dejar regularizada la deuda para obtener dólares frescos en una vuelta “nacional y popular” al FMI. Claro, no sin antes buscar reformas cosméticas en la próxima cumbre del G-20. Cuando el FMI pidió que paguen, Argentina pagó, ahora el FMI pide que vuelvan para poder venir y hacer otro viaje de monitoreo y Argentina vuelve nomás.

El valor del dólar y los negocios de los bancos

El gobierno considera fundamental el control del tipo de cambio. Aunque el Banco Central tiene suficientes recursos para enfrentar la situación por el momento, todo apunta a que el valor del peso continuará una tendencia a la depreciación gradual. Es que se mantiene una cierta presión a la suba del dólar luego de que volvieron a devaluarse las monedas en la región.

Es por eso, que en los próximos días intentarán algún tipo de acuerdo con Brasil sobre el tipo de cambio para intentar sostener los volúmenes comerciados. Sin embargo, el desarrollo de la crisis mundial lleva a devaluaciones continúas en Brasil, México y Chile que actúan sobre el tipo de cambio local alterando el esquema de devaluación controlada del peso. A esto se agregan las movidas especulativas y una fuga de capitales que, aunque controlada, continúa desarrollándose.

La política gradual del Banco Central como en octubre/noviembre de 2008: beneficia a los especuladores que se llevan los dólares fuera del sistema financiero local y empuja a la suba de las tasas de interés que revierta la tendencia a la baja que vienen mostrando desde enero.
Muchos economistas pronostican que podrían salir entre 6.000 y 9.000 millones de dólares. Claro que no todos pierden con esto: los bancos, aunque puedan comprometer un poco su solvencia por la salida de depósitos, pueden aumentar sus márgenes como sucedió el año pasado, y volver a mostrar ganancias fabulosas.

Los planes burgueses y la necesidad de una salida de los trabajadores

Con estas políticas, el gobierno aspira a que la recesión se procese lentamente y no se transforme en catástrofe antes de las elecciones. No puede descartarse que logren contener la caída con el paracaídas de la intervención estatal activado. Todo depende de cómo evolucione la situación mundial.

Pero el plan del gobierno cuenta con un apoyo cada vez más reducido en los medios empresarios. Con la economía camino a la recesión, la burguesía agrava cada día la presión por un cambio drástico en el esquema. Las patronales del campo exigen la eliminación de retenciones, bajas de impuestos y más subsidios como los ya otorgados a la leche y la carne. De cara al nuevo conflicto con las patronales agrarias, la Asociación Empresaria Argentina (AEA) ya salió a reclamar consenso, desde una posición favorable al campo.

La UIA pide mayor devaluación, postergación de las paritarias y subsidios para no despedir masivamente, mientras cada día son más los sectores precarios o contratados que pierden su trabajo, aunque Tomada y Moyano niegan que haya despidos. Los industriales también exigen la postergación de las paritarias: “¿Qué es preferible, conservar los trabajos o hablar de aumentos?”7, dicen desde la central patronal. La “burguesía nacional” muestra así que su salida: apunta a que la crisis la paguen los trabajadores mediante despidos y a través de la devaluación del salario como en el 2002. Además, en la UIA se está concretando el desplazamiento de Lascurain, un aliado del gobierno, en favor de Héctor Méndez. Este último sube con el compromiso de profundizar el discurso opositor, mostrando la menor disposición a considerar las necesidades del gobierno en las negociaciones con los sindicatos frente a la crisis, avanzando en los reclamos de ajuste del tipo de cambio, y probablemente exigiendo “mayor racionalidad en el gasto fiscal”, es decir, ajustes, despidos, y por qué no, baja de retenciones. Los fantasmas agitados en los últimos días, son expresión de estos cambios en la central industrial.

En este marco, empiezan a delinearse dos campos alternativos, alrededor de los cuáles se empiezan a nuclear los distintos sectores burgueses: la propuesta liberal clásica, representada por la Coalición Cívica, de liquidar las retenciones, bajar el gasto y dejar de subsidiar industrias “inviables”, lo que estaría acompañado de ortodoxia fiscal y revaluación del peso, en beneficio del capital extranjero y las finanzas.

Por otro lado, el proyecto de concertación productiva del peronismo disidente, de inspiración duhaldista, que aunque se muestra favorable a los reclamos del campo, sostiene la necesidad de un esquema de redistribución de la renta en beneficio de la industria, acompañado de una fuerte devaluación. En última instancia, se trata de dos planes alternativos que buscan enfrentar la crisis destrabando el laberinto de mecanismos armados por el kirchenirsmo para contener el agotamiento del esquema de crecimiento que empezó a verse desde fines de 2006.

Entre la impotencia de las medidas del gobierno para seguir conformando a los capitalistas con subsidios pagados con los impuestos a los trabajadores y los fondos de jubilaciones, y los programas que empiezan a levantar los distintos partidos patronales, algo está muy claro: como pasó a la salida de la convertibilidad, si no desarrollan una alternativa independiente, seremos los trabajadores los que paguemos todos los costos del impacto de la crisis en Argentina.

Para enfrentar la crisis y que la paguen los capitalistas, los trabajadores debemos levantar un programa independiente de las alternativas patronales. Hay que comenzar por un verdadero plan de obras públicas en manos de los trabajadores, que no este en función de sostener las ganancias de las grandes constructoras y pulpos inmobiliarios, sino que apunte a satisfacer las necesidades sociales de vivienda, infraestructura para la salud y educación y de obras esenciales para los sectores más empobrecidos para evitar nuevos episodios como el de Tartagal. Este plan puede ser fácilmente financiado con impuestos a las grandes fortunas y el no pago de la deuda externa. No debemos permitir que pase ningún despido planteando el reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles sin rebaja salarial. Si los empresarios aluden a que no tienen ganancias hay que imponer el control obrero de toda fábrica que cierre o despida. Hay que expropiar a los grandes terratenientes, los puertos privados y nacionalizar en manos de los trabajadores el comercio exterior para que los alimentos estén accesibles a toda la población y no sean objeto de la especulación de las patronales agrarias y exportadores. Ante la fuga de capitales, la especulación con el dólar y el negocio de la deuda externa está planteado establecer la nacionalización de la banca y el no pago de la deuda externa.

Temas relacionados: