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Internacional

UN CAMBIO FUNDAMENTAL DE LA LUCHA DE CLASES INTERNACIONAL

La emergencia del nuevo movimiento obrero chino

Las últimas acciones obreras marcan un punto de inflexión. La ola de suicidios en Foxconn Technology ha puesto en cuestión el sistema basado en la maximización de la explotación mediante jornadas laborales extenuantes, un régimen militar ultra opresivo y un control sobre la reproducción de la fuerza de trabajo.

Juan Chingo

10 de junio 2010

La emergencia del nuevo movimiento obrero chino

Las últimas acciones obreras marcan un punto de inflexión. La ola de suicidios en Foxconn Technology ha puesto en cuestión el sistema basado en la maximización de la explotación de la mano de obra mediante jornadas laborales extenuantes, un régimen militar ultra opresivo dentro y fuera del proceso de trabajo y un control sobre la reproducción de la fuerza de trabajo mediante dormitorios obreros gigantescos en ciudades empresas, en las que viven y trabajan diariamente más de 300.000 obreros. Desde que se conocieran internacionalmente estos casos, el grupo, subcontratista de multinacionales como Dell, Apple y Hewlett-Packard, aumentó los salarios en China un 30%. En forma activa, por otro lado, la huelga de 1.900 empleados de Honda Auto Parts Manufacturing de Foshan (provincia meridional de Guangdong) logró finalmente un aumento salarial de 24% al 33%. La paralización de casi dos semanas de esta fábrica que produce cajas de velocidad causó el cese de actividades de 4 fábricas ensambladoras de vehículos del fabricante japonés que funcionan en sociedad con empresas chinas, por falta de componentes. Es importante considerar que al menos un tercio de los casi 1.900 empleados son trabajadores educados en escuelas técnicas, que entraron en la firma como personal temporario, cuestión que creció en el último tiempo al calor de la recuperación económica.

Este éxito obrero contagió a otras empresas autopartistas ligadas a un joint venture de la misma firma japonesa; ha provocado el paro y un rápido logro de aumento salarial en una planta automotriz de Hyundai; y más significativamente su extensión más allá del corazón industrial al sur de China, lo que plantea un desafío nuevo y peligroso para Pekín. Este último fue el caso de los trabajadores de KOK Machinery en Kunshan, fábrica de maquinaria taiwanesa, que el 8/6 se enfrentaron con la policía. La confrontación representó una escalada de las recientes acciones de protesta obrera en el país, que hasta esta semana había sido en gran parte pacífica y se concentraba en la provincia de Guangdong. Estas acciones, a diferencia del período anterior, tienen un carácter ofensivo, no son esporádicas y se sostienen por un período más largo de tiempo, afectan por primera vez a grandes multinacionales, como Honda, a la vez que escapan al control de la Federación de Sindicatos de China, organización sindical única y “oficial” del país. Fue el caso de los empleados de Honda que intentaron organizarse de forma independiente y se enfrentaron con matones de la burocracia que los empujaban a volver al trabajo. Todo apunta a que un nuevo estado de ánimo en los trabajadores chinos podría estar desarrollándose más rápido de lo esperado, dejando desubicadas a las autoridades y a la organización sindical oficialista.

Una nueva generación obrera

Estas inéditas acciones obreras, así como negativamente la ola de suicidios en Foxconn, son expresión de la aparición de una segunda generación de trabajadores chinos, con menor arraigo en el campo, que quiere instalarse en las ciudades, más educada y menos preparada para soportar las durísimas condiciones de explotación de la generación precedente, más consciente de sus derechos y con mayores expectativas de futuro que la anterior generación obrera aún muy atada al campo y dispuesta a sacrificarse para mejorar la situación de sus familias. Esta nueva generación quiere progresar, mientras el precio de la vivienda a la que aspira es cada vez más inalcanzable -en medio de la burbuja inmobiliaria en las grandes ciudades-, y crece el precio de los artículos de consumo, en especial la comida, por la inflación. Existe un cuestionamiento no sólo a las condiciones salariales. Casi uno de cada cuatro trabajadores no vio evolucionar su sueldo en cinco años, sino también a las condiciones de reproducción de la fuerza de trabajo y, lo más agudo, al proceso de trabajo alienante mismo.

El peligroso curso de la transición a un nuevo patrón económico
Los recientes acontecimientos laborales en China están mostrando las primeras brechas estructurales de un modelo de control y gestión de la fuerza de trabajo que permitió una enorme maximización de la explotación de los trabajadores, y suculentos beneficios para los grandes conglomerados como Foxconn o Yue Yuen Industrial (gigante industrial taiwanés que produce el 17% de las zapatillas del mundo, en especial para Nike y Adidas) que aprovechan la economía de escala para bajar sus costos. A su vez, ponen en tensión la relación entre proveedores y clientes lograda durante años, que permitió una división mundial del trabajo en la cual marcas gigantes como Apple o Nike se dedicaban al diseño, la innovación y el marketing, mientras se desligaban de la producción, en la que se especializaron estas grandes firmas, que prosperaron a niveles inimaginables aplicando los patrones taiwaneses formados en el modelo de militarización del trabajo japonés y aprovechando sus buenas conexiones en China continental y el vasto ejército de reserva de la misma.

La emergencia de una nueva generación de trabajadores chinos está cambiando estas coordenadas que algunos economistas y empresarios occidentales creían sustentables indefinidamente. Estamos frente a un momento peligroso para las autoridades de Pekín que aún no ha tomado conciencia de la nueva realidad en el mundo del trabajo. Aunque el elemento generacional existe, lo fundamental de esta falta de adecuación a la realidad de la burocracia restauracionista es no solo la colusión de intereses con los empresarios, sino su desprecio por la que consideran una masa ignorante, como se ve en la prepotencia en los Burós de Peticiones locales donde concurren día tras día cientos de trabajadores con quejas laborales o de otro tipo.

En el marco de una creciente brecha entre los trabajadores chinos y sus gobernantes, patrones como Terry Gou, dueño de Foxconn, han cambiado las reglas del juego en las relaciones obrero-patronales. En la reunión anual de su grupo hermano en la capital de Taiwán, anunció el aumento salarial del 30% y una modificación más radical del viejo sistema de trabajo, comenzando por un aumento del 66% desde el 1/10 a los trabajadores que cumplan determinadas condiciones de rendimiento en un período de evaluación de tres meses que busca evitar que los trabajadores vayan de trabajo en trabajo. A su vez que desechó las ciudades-empresas, diciendo que no quiere seguir corriendo con los costos de los suicidios, y que para eso el gobierno chino debe hacerse cargo de los beneficios sociales y la vivienda de los obreros (que hoy corren por cuenta de la empresa). Gou dijo que lo ocurrido en su empresa y en Honda “le hizo darse cuenta de que la estructura [de la industria manufacturera en China] tiene que cambiar” (Financial Times 8/6/2010). Esta jugada aparece como un movimiento estratégico de parte de este gran capitalista, de presionar a sus competidores, obligándolos a seguirlo, mientras que pasa parte de la carga extra a sus clientes a la vez que le tira el pesado fardo de las condiciones de la reproducción de la fuerza de trabajo al Estado. Un daño colateral de esta socialización de los costos de la reproducción de la fuerza de trabajo sería que podría politizar los enfrentamientos no solo con la patronal sino también con el Estado, superando el carácter ligado a la unidad de producción que venía teniendo la protesta obrera en el período anterior.

Desde el punto de vista económico, y en el marco de la persistencia de la crisis de sobreproducción mundial y una demanda que se constriñe en el marco de la crisis de la Eurozona y el fin del modelo norteamericano basado en el sobre consumo y el sobreendeudamiento, este movimiento de patrones como el de Foxconn puede hundir a muchas empresas incapaces de absorber los aumentos de sus costos laborales que, aunque marginales para muchos de los grandes fabricantes, pueden no serlo para muchas otras empresas de menor tamaño y productividad que se verán condenadas a la quiebra. Ya la crisis económica mundial ha liquidado a centenares de empresas del sur de China cuyo costo social solo fue atenuado por el rol que aun juega la aldea como colchón social para reproducir la fuerza de trabajo despedida, además del fenomenal plan de gasto estatal lanzado por el gobierno en medio de lo más agudo de la crisis.
Pero aunque este movimiento es inevitable, el gobierno y las autoridades chinas temen por la transición, e intentan manejar el proceso de forma gradual y lo más cuidadosamente posible. Sin embargo, las intenciones de Pekín podrían chocar con los intereses de las autoridades de la costa que saldrían claramente como perdedoras de este proceso y, más importante, la aceleración del despertar de esta segunda generación de trabajadores chinos podría desestabilizar los planes de la burocracia central y hacer fracasar la transición a un nuevo modelo más equilibrado si el despertar obrero adquiere un carácter autónomo y va mas allá de lo que quiere la burocracia restauracionista. Si este fuera el caso, por el nuevo peso de China en la economía mundial sus consecuencias se harían sentir a nivel global, cuestión que el resto del mundo teme. Por eso el grito de alarma en todos los diarios imperialistas por los recientes movimientos de los trabajadores chinos. Un nuevo batallón de la clase obrera mundial, uno de los más fuertes y poderosos estructuralmente, comienza a entrar en escena. Estén atentos.

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