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Historia

EL INSTITUTO ARGENTINO PARA LA PROMOCION DEL INTERCAMBIO (IAPI) Y EL COMERCIO EXTERIOR

La política agraria del peronismo

La “crisis del campo” ha abierto un debate político-ideológico. De un lado están los que desde las entidades agrarias defienden la teoría neoliberal del derrame (“déjennos producir; queremos exportar, es una gran oportunidad; de esa manera se va a hacer la distribución de la riqueza”).

Hugo Echeverre

15 de mayo 2008

La “crisis del campo” ha abierto un debate político-ideológico. De un lado están los que desde las entidades agrarias defienden la teoría neoliberal del derrame (“déjennos producir; queremos exportar, es una gran oportunidad; de esa manera se va a hacer la distribución de la riqueza”). Del otro, el gobierno, que aunque hable contra la oligarquía, favorece a los sectores igualmente concentrados de la economía. Lógica que pudo verse semanas atrás cuando desde el mismo gobierno hablaba de una Junta Nacional “privatizada” a la medida de los pulpos Cargill y Dreyfuss. Con todo, esta semana se supo que diputados oficialistas de la Comisión de Agricultura y Ganadería del Senado estarían impulsando un organismo que controle la producción, el procesamiento y la venta de alimentos. Una especie de Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI), pero con menores atribuciones. Además, distintos intelectuales como el diputado Claudio Lozano y Pino Solanas sostienen una posición “estatista” que tiende a buscar referencias históricas en políticas de regulación y comercialización de la producción agraria, como la Junta Nacional de Granos y Carnes, y el IAPI del primer gobierno peronista.

El diputado Claudio Lozano plantea que “Los enemigos de la renta agraria siguen siendo las multinacionales del cereal y la oligarquía terrateniente. Sólo con la puesta en marcha de una Junta Nacional de Granos y Carnes y un plan de desarrollo agropecuario que incluya la recolonización y el repoblamiento rural, podremos recuperar el conjunto de la renta y dejar de ser los hijos de la pavota.” Y Pino Solanas, propuso: un “Plan Nacional de Desarrollo Agropecuario, que tiene que incluir la restitución de las Juntas Nacionales de Granos y de Carnes; la nacionalización del comercio exterior en ambos rubros”. Por su parte, el profesor de la UBA y del CEDES, Nicolás Salvatore, propone “algo más o menos parecido a lo que hubo una vez. Lo hizo un movimiento (...) en la década del ’40. Los historiadores lo llaman ‘peronismo’. Las oficinas públicas eran dos: se llamaban Junta Nacional de Granos y IAPI.” Este sector rescata de forma acrítica experiencias fracasadas.

¿Qué fue el IAPI?

En 1946 el gobierno peronista proyecta objetivos y metas a través del Plan Quinquenal. Por aquellos días algunas de las necesidades populares, importantes y prioritarias, eran abastecer en cantidad con alimentos a una naciente, extensa y dinámica clase obrera, junto con la derivación de una parte importante de la renta agraria para subvencionar a la industria en desarrollo. A la vez, debía lograrse una capacidad productiva en el campo que permita derivar volúmenes de carne y granos para la exportación; entrada clave de divisas para comercializar e importar tecnología; en un mercado mundial a la salida de la Segunda Guerra, en el que se afirmaba la hegemonía de EE.UU. Una de las claves para llevar adelante esta política fue el IAPI. “Herramienta central de la política económica peronista” -explica, Alicia Rojo, profesora de la UBA e investigadora del Instituto de Pensamiento Socialista (IPS). “El IAPI intentó asumir las operaciones directas del comercio exterior en exportaciones e importaciones: vendía carne y cereales y compraba diversos materiales en el extranjero. Hasta 1949 pagó a los productores rurales una cotización 50% menor que la que percibía por sus ventas al mercado mundial. Los excedentes obtenidos por esa vía eran usados por el Instituto para algunos de sus variados fines o canalizados hacia el sistema financiero nacionalizado. Financió la venta de productos argentinos a países europeos que no tenían por entonces liquidez para comprar; compró cemento, caucho, madera, maquinarias y material de transporte, que luego eran colocados a precios promocionales en el mercado interno; subsidió precios de artículos de consumo masivo, otorgó créditos a las empresas públicas; prestó ayuda a firmas privadas a tasas de interés negativas”1.

Crisis, financiamiento, subsidios y quebrantos

Pero al estallar la crisis en 1949, la política peronista es jaqueada en una de sus torres. Los precios internacionales de la producción agropecuaria caen, y aumentan los manufacturados. Las divisas internacionales son regateadas y el IAPI profundiza su rol de financista de los capitalistas agropecuarios. “Respecto del comercio exterior –expresa la investigadora Susana Novick– se intenta un aumento de las exportaciones por mayor producción y disminución del consumo (...) y una nueva legislación sobre la introducción de capitales extranjeros, más flexible que la existente. En este nuevo contexto, el Instituto comienza a desempeñar un rol de asistencia a la actividad privada”2. A la vez, explica el historiador Jorge Schvarzer “los acuerdos con Gran Bretaña llevaron al gobierno argentino a subsidiar a los frigoríficos para vender la carne a bajo precio en los años de la posguerra. Estos subsidios fueron concedidos a través del IAPI, en forma directa (...) sin exigencia de contrapartida alguna (...) El IAPI subsidió a molinos harineros, a refinerías de aceite (...) y las ganancias de los primeros años se transformaron en enormes quebrantos a partir de 1949”3. En un discurso, en septiembre de 1948, Perón explicaba qué era el IAPI: “2.000 millones que iban a parar a Wall Street, a Londres, a Amsterdam o París, ahora los repartimos entre nosotros”4. Al año siguiente, el imperialismo norteamericana rearma su capacidad de producción y vuelca al mercado (junto a Canadá) sus excedentes de granos y aprieta al gobierno. La crisis suena a la puerta, y el IAPI financia y subsidia al campo. Las deudas y pérdidas se acumulan, y en el balance de 1956 del Banco Central, alcanzan los 20.000 millones5.

Alcances, límites y tragedia

Es que, como expresa, Alicia Rojo, “el IAPI es una expresión de los aspectos contradictorios de la política del gobierno peronista que, por un lado, impulsó la diversificación de la economía para lograr una inserción más favorable en el mercado mundial, y un intento de superación de los límites del desarrollo capitalista argentino. Y por otro lado, nunca enfrentó abiertamente a los sectores tradicionales de la economía, que hubiera implicado la expropiación de las clases dominantes nativas para reorganizar la economía en función de los intereses nacionales y por lo tanto, la ruptura de los lazos que ataban a la nación al imperialismo y la mantenían en su condición de país atrasado y dependiente. Los límites del nacionalismo de Perón fueron evidentes cuando frente al cambio en las condiciones internacionales que abre la crisis, no opta por reforzar su política nacionalista sino al contrario por recurrir abiertamente al capital extranjero”6. Evitar esa batalla profundizó la crisis en el régimen peronista, sobre el cual avanzó el imperialismo norteamericano. A la vez el peronismo, si bien tomó medidas parciales “progresivas” como algunas cláusulas del “estatuto de peón” y la ley de arrendamiento (que no abordaremos en esta nota), nunca tocó los intereses de la oligarquía terrateniente, que terminaran siendo junto al imperialismo norteamericano (y otros sectores) los responsables del golpe “gorila”, de los bombardeos sobre Plaza de Mayo y la “Fusiladora” del ’55.

Traficantes de granos y comercialización imperialista

Otro aspecto destacado que resalta de forma contradictoria en las relaciones y roles del IAPI, como intermediario estatal en la cadena de comercialización capitalista, es que siguió dependiendo -en distintas medidas- de los monopolios tradicionales y multinacionales imperialistas; dueños de los acopiadores, fletes, mares y puertos. Estas relaciones crecen a partir del 1949, como denuncia el periodista norteamericano del Washington Post, Dan Morgan en los “Traficantes de granos”, donde muestra cómo siguen “subsistiendo los Bunge & Born, Dreyfus, Anderson Clayton, De Rideer”. Lo mismo la cerealera yanki Cargill, que opera en el país desde 1947.

De este rol del IAPI, nada dicen Lozano y Solanas, por eso cuando afirman que “Los enemigos de la renta agraria siguen siendo las multinacionales del cereal y la oligarquía terrateniente”, no es más que puro discurso. Esto explica que no llaman a pelear por la expropiación de las multinacionales comercializadoras y mucho menos a los grandes terratenientes y la gran burguesía agraria del campo, tampoco proponen la nacionalización del comercio exterior. Todas estas son medidas esenciales de cualquier proyecto de independencia nacional, más aún tomando en cuenta que hoy (como ayer) son las empresas comercializadoras imperialistas los grandes beneficiados. Cargill, Monsanto, Bunge, Dreyfus, Deheza, Nidera y Noble Argentina continúan manejando entre el 80 y 90% de las exportaciones de trigo, soja y maíz. Las mismas que no cargan con el costo de las retenciones, y fueron denunciadas hace pocos días penalmente de haber recibido favores de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la Nación, para poder liquidar a menores precios las exportaciones que controlan y comercializan.

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