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Editorial

LOS OBREROS TIENEN QUE TRIUNFAR

Los Kirchner dan vía libre a los yanquis de Kraft

El cambio de la realidad política más importante a destacar de las últimas semanas es la irrupción de una huelga obrera en la escena nacional. 35 días de conflicto que llevan ya los 2.600 trabajadores de Kraft-Terrabusi, han logrado una repercusión como no se recuerda en décadas de una huelga de una fábrica. Sus acciones no pudieron ser ocultadas en los grandes medios. Se cuentan por centenares los pronunciamientos de organizaciones sindicales, organismos de derechos humanos, autoridades universitarias, diputados y personalidades del arte y la cultura. Terrabusi ha comenzado a mostrar como hacer de una lucha obrera una causa nacional y éste ya es el primer triunfo de la huelga.

Manolo Romano y Ruth Werner

24 de septiembre 2009

El cambio de la realidad política más importante a destacar de las últimas semanas es la irrupción de una huelga obrera en la escena nacional. 35 días de conflicto que llevan ya los 2.600 trabajadores de Kraft-Terrabusi, han logrado una repercusión como no se recuerda en décadas de una huelga de una fábrica. Sus acciones no pudieron ser ocultadas en los grandes medios. Se cuentan por centenares los pronunciamientos de organizaciones sindicales, organismos de derechos humanos, autoridades universitarias, diputados y personalidades del arte y la cultura. Terrabusi ha comenzado a mostrar como hacer de una lucha obrera una causa nacional y éste ya es el primer triunfo de la huelga.

Los Kirchner presentan sus actos de gobierno como gestas contra las corporaciones patronales y la derecha. Pero mientras con maniobras en el Congreso logra imponerle la agenda a la “armada Brancaleone” de la oposición parlamentaria que defiende al grupo Clarín; deja vía libre a los “batallones pesados” de la clase empresaria como la multinacional yanqui Kraft- respaldada por la COPAL de Zorreguieta, ministro de Videla en los años de plomo-, para que arremetan contra la clase trabajadora. En medio del debate televisivo contra Clarín y los “monopolios mediáticos”, otro monopolio, en el rubro de la alimentación, le impone la agenda, desestima las resoluciones de la justicia y utiliza como empleados a sus funcionarios.

Del gobernador Scioli, la patronal yanqui obtuvo la policía que hostiga a los trabajadores en huelga. Del ministro Tomada logró la vista gorda para violar una y otra vez las “conciliaciones obligatorias”, y presiones para imponer las condiciones de los empresarios que no quieren, como reclaman los trabajadores, “todos los despedidos adentro”. Es claro que el objetivo del gobierno es aislar y derrotar el desafío que les presenta este importante ejemplo de lucha.

La magnitud se puede medir en cómo la considera su enemigo de clase. “La Unión Industrial Argentina (UIA) fue escenario ayer de una verdadera sesión de catarsis”, relata el diario ˜ámbito Financiero, en la que estuvieron presentes “los conflictos laborales «salvajes», protagonizados por ex delegados de empresas como Kraft/Terrabusi”.

El término “salvaje” no es nuevo, ha sido utilizado siempre cuando la clase trabajadora logra genuinas expresiones de lucha, el quiebre de la disciplina de la dictadura patronal en la fábrica, el paso a la confraternización entre los distintos sectores obreros que están separados durante la explotación cotidiana, y cuando se rompen los moldes en que quiere mantenerlos la burocracia sindical. Lo que les preocupa es el ejemplo que se está mostrando para toda la clase trabajadora desde una de las zonas con mayor concentración industrial del estratégico conurbano bonaerense. Ahí, donde domina el aparato peronista de intendentes y burócratas sindicales, ha reaparecido el método de la huelga larga sostenida masivamente en una de las plantas con mayor dotación de obreros del país. Estuvo precedida por la de los petroleros de Santa Cruz que paralizaron la producción por 20 días, y en ambos casos, es un método que se impone contra la dureza de las multinacionales. La huelga larga de Terrabusi ya está dejando muchos aprendizajes, como mostramos en estas páginas. Los inevitables enfrentamientos diarios contra los aprietes de la patronal y los jefes. La defensa de sus medidas de lucha votadas por la mayoría contra los piquetes de rompehuelgas, dirigidos por la patronal y alentados por la burocracia de Daer, una necesidad que se impuso siempre en toda lucha obrera seria. La combinación de paralización de la producción con el corte de ruta de la Panamericana para trascender más allá del territorio de la fábrica e impactar sobre el conjunto de la población. Las experiencias políticas que los trabajadores hacen, semana a semana, con el gobierno, la policía y la justicia. La búsqueda de recursos para sostenerse como el Fondo de Huelga para bancar a los despedidos, la Comisión de Mujeres que moviliza a la familia obrera. Es una experiencia de miles que adelanta el camino que mañana seguirán millones.

Al calor de esta gran acción obrera, el conflicto de Terrabusi aportó además un efectivo método de solidaridad puesto en práctica desde varios centros de estudiantes que estamos orgullosos de haber propuesto e impulsado: el bloqueo del tránsito en las calles de la Capital y otras ciudades que provoca un llamado de atención pública y desafía el cerco de los medios de comunicación. Esta utilización de la acción directa del movimiento estudiantil militante está mostrando, también, un gran ejemplo en la perspectiva de convergencia con la causa de la clase obrera.

Hugo Moyano también se conmovió con la lucha de Terrabusi. En la primera gran huelga de la clase obrera industrial bajo los Kirchner, el jefe de la CGT ha mostrado el verdadero carácter de la “corriente político sindical” que la semana pasada convocó a construir desde un acto en Mar del Plata junto a la cúpula de los gremios afines y con presencia y aval oficialista. “Somos concientes del poder que tiene el movimiento obrero, y somos los únicos que podemos llevar adelante el proyecto nacional y popular” dijo el jefe de la CGT. El “proyecto nacional y popular” como le llama Moyano, debutó en un abierto rol a favor de los capitalistas extranjeros de Kraft y definió como una acción de la “ultraizquierda” que “politizan” los reclamos a una enorme demostración del “poder del movimiento obrero”. Su papel es el de auxiliar de la patronal y el Ministerio de Trabajo para quebrar la unidad entre los despedidos, la base de la huelga, y facilitar el objetivo de liquidar el Cuerpo de Delegados de sección, elegido por todos los turnos de la fábrica, la genuina representación de los trabajadores junto a la Comisión Interna.

El PTS llama a redoblar el apoyo activo a esta dura y ejemplar lucha que es seguida con atención y con enorme simpatía en cientos de lugares de trabajo. En ella se están fogueando nuevos dirigentes con estrechos lazos con la base obrera que están comenzando una experiencia política por la que atravesará el conjunto de la clase trabajadora. Ningún triunfo está asegurado, pero el enfrentamiento con los traidores del movimiento obrero y agentes de la patronal es inevitable si lo que se quiere preparar es una lucha para vencer en una crisis que los capitalistas mostrarán, como la multinacional Kraft, toda la voluntad para derrotarnos. En estos combates se preparan las verdaderas organizaciones y partidos para la lucha de clases.

Es indispensable lanzar, como venimos planteando desde estas páginas, una corriente político sindical con todas las organizaciones sindicales antiburocráticas, las comisiones internas y cuerpos de delegados combativos, que luche por recuperar las organizaciones obreras de manos de la burocracia sindical y por la independencia política de los trabajadores, como proponen los trabajadores de Zanon y el Sindicato Ceramista de Neuquén.

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