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Informaciones Obreras

La Salud de los trabajadores no se negocia ni se delega

Los modos "invisibles" de oprimir

24 de agosto 2006

En el número anterior de LVO publicamos un reportaje a Estela Macaroff, en éste nos proponemos analizar algunos de los modos “invisibles” de oprimir, o dobles mensajes1 que propone esta empresa, PepsiCo, para alcanzar una mejor productividad.
El Departamento Médico de la fábrica les entrega a los obreros folletos donde les explican cómo deben trabajar para no sufrir dolencias, cuenta Estela: “... te dan estos folletos, diciéndote como tenés que trabajar, por ejemplo que no levantes una caja por encima de tu cabeza y es lo que tenés que hacer todos los días, porque es la forma que tenemos de trabajar más rápido, porque ellos te apuran con la producción [...], los ritmos brutales que tenemos no te permiten ni hablar con tu compañero para decirle lo que te está pasando, qué te está doliendo, todos están pensando que si te apurás, a fin de mes podés cobrar el premio por productividad”.
Los trabajadores no siguen las pautas de los folletos porque está naturalizado que tengan que esforzar su cuerpo al punto de enfermarlo para sostener los brutales ritmos y metas de producción, “con la promesa de que si alcanzás esta meta recibís un incremento salarial”, un “imposible”.
Es con estas metas imposibles con las que juega la patronal para sostener la superexplotación, creando en los trabajadores un estímulo y desmoralización al no poder (lógicamente) alcanzarlas.
Estos folletos le sirven a la empresa para transmitir un cuidado, en realidad inexistente. Sería como “hago que te cuides pero no te permito que te cuides, no te doy las condiciones, además te ofrezco que las violes con la posibilidad de que si alcanzás la productividad que exigimos, te lleves el ‘premio mayor’”. Que sería un premio importante en el salario. Otro “imposible de cumplir”. Pero te impulsan (al trabajador) a que lo sigas intentando, sería algo parecido a los premios que vienen en las papas fritas, que cuando perdés te dicen “seguí participando”. Esta exigencia de llegar a la meta está tan naturalizada que son los propios trabajadores los que se exigen para lograrlo, por miedo a perder la posibilidad. Lo cual lo lleva a un empobrecimiento subjetivo (y corporal, por supuesto).
En cambio, Estela gana en subjetividad, defendiendo su trabajo, peleando por su dignidad y su salud. Trabaja pero no a cualquier precio.
 Las corporaciones: empresas, ARTs, obras sociales, se apropian de la salud de los trabajadores, algo que les pertenece a los propios trabajadores. Se delega en esta corporación perversa el cuidado de la salud, que termina culpabilizando al trabajador. Perversión que sirve para someter: “te culpabilizo para someterte”.
Estela entra en el peregrinaje entre enfermería de la empresa, médico de la obra social y ART. Cada solución que le plantean no le sirve y continúa buscando una solución a su problema que comenzó con un síntoma fácil de curar –en principio- pero al que los mismos “tratamientos paliativos” terminaron cronificando.
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1 También conocido como “doble vínculo”, mensajes aparentemente correctos, pero –como nos muestra Estela- imposibles de cumplir sin una necesaria pérdida, pues son contradictorios con otros mensajes o prácticas exigidas. Teoría de la Comunicación Humana, Watzlawick, Beavin, Jackson. Editorial Tiempo Contemporáneo.

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