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Internacional

Los países semicoloniales y dependientes fuertemente golpeados

Por primera vez desde que comenzó la crisis financiera, los países semicoloniales y dependientes sintieron con toda violencia el impacto de la crisis. Este impacto ya se estaba anunciando con la caída de las exportaciones a los países centrales y el endurecimiento de las condiciones crediticias en los mercados internacionales de dinero, pero esta semana estalló con fuerza.

Juan Chingo

9 de octubre 2008

Por primera vez desde que comenzó la crisis financiera, los países semicoloniales y dependientes sintieron con toda violencia el impacto de la crisis. Este impacto ya se estaba anunciando con la caída de las exportaciones a los países centrales y el endurecimiento de las condiciones crediticias en los mercados internacionales de dinero, pero esta semana estalló con fuerza.

Los precios del petróleo, los granos y los metales industriales cayeron en picada, registrando una de sus mayores bajas en medio siglo. Este giro brusco en el precio de las materias primas provocó una retirada masiva de fondos, disparando corridas accionarias en América Latina, Asia y Europa del este. El índice accionario MSCI de los mercados emergentes tuve el lunes una caída del 11%, la más importante desde 1987. Rusia suspendió sus mercados bursátiles después de que el índice Micex de Moscú se desplomara un 19%, su mayor caída en un día desde el default de la deuda soberana en 1998. En América Latina, los mercados accionarios tuvieron su peor día desde la crisis rusa en 1998 como consecuencia de la caída del precio mundial de las materias primas y de la fuga de capitales hacia la “calidad“ de los bonos del Tesoro norteamericano. Brasil tuvo que suspender en varias oportunidades las operaciones bursátiles ante el derrumbe del índice Bovespa. Además, el dólar tuvo su mayor disparada en un día desde la devaluación del real en 1999, que terminó de hundir a la Argentina en la recesión, previo al colapso de la convertibilidad.. Todo indicaría que Brasil, que en los últimos años recibió un importante ingreso de capitales, pueda sufrir un desangre financiero, que se trasladará, probablemente, al terreno social. Los paísess de América Central y del Caribe también están afectados por la disminución del comercio con Estados Unidos y la caída de las remesas. El futuro de México también se complica por iguales motivos, además de la caída de los precios del petróleo.

El dólar australiano, la moneda guía de los países productores de materias primas, entró en una debacle cayendo un 9,7% contra el yen en la mayor caída diaria de su historia, mientras los inversores japoneses se desprendían de los bonos australianos y se peleaban para cerrar sus apuestas en economías con inversiones arriesgadas de alto rendimiento (“high yield”), práctica conocida como “carry trade”. El precio del petróleo Brent cayó a 85 dólares el barril, un descenso del 40% comparado con el mes de julio. Los que hasta hace muy poco tiempo hablaban de las bondades de las economías emergentes cambiaron abruptamente de discurso y dicen que, en verdad, eso fue una ilusión causada por el dinero fácil de la expansión crediticia.

China puede ser una próxima víctima. Pronto se hará sentir la enorme sobreacumulación de capital y la sobreproducción de mercancías, pensadas para un mercado mundial en expansión. Lo que ha empezado en la esfera de las finanzas se trasladará en breve a la economía real (lo que a su vez puede retroalimentar la debacle financiera y viceversa). Mientras tanto China intentará ganar tiempo exportando agresivamente a otros mercados como forma de descargar sus excedentes, a la vez que impondrá duros términos de intercambio a sus proveedores de materias primas, que ilusamente pensaban que se iban a salvar con su expansión ilimitada. Los apologistas de Pekín, como el sociólogo Giovanni Arrighi y sus falacias de la “...posible organización de nuevos modelos de acumulación y crecimiento económico más respetuosos con los equilibrios sociales, ecológicos y humanos” también serán desmentidos tanto a nivel interno, si al calor de la desaceleración económica crecen las tensiones y luchas sociales, como hacia el exterior con el endurecimiento hacia los demás países de la periferia capitalista.

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