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LA CRISIS CAPITALISTA GOLPEA A LOS MAS EXPLOTADOS

Tocan un contratado, tocan un compañero

“No son despidos, se trataba de contratados”, repiten empresarios, burócratas y funcionarios. Las crónicas de los diarios apenas dan cuenta de los cientos de trabajadores contratados que vienen quedando en la calle, o no les renuevan sus puestos. El mismo ataque lo sufren los que están en negro o tercerizados. La UOM asegura que son 3.800 mil los metalúrgicos despedidos en las últimas semanas.

Lucho Aguilar y Hugo Echeverre

4 de diciembre 2008

“No son despidos, se trataba de contratados”, repiten empresarios, burócratas y funcionarios. Las crónicas de los diarios apenas dan cuenta de los cientos de trabajadores contratados que vienen quedando en la calle, o no les renuevan sus puestos. El mismo ataque lo sufren los que están en negro o tercerizados. La UOM asegura que son 3.800 mil los metalúrgicos despedidos en las últimas semanas. En Córdoba, más de 800 contratados de las automotrices fueron echados en un par de días, despertando una bronca inesperada. En Easy el paro logró la reincorporación, pero 400 empleados ‘fuera de convenio’ no volvieron a sus puestos. Los fileteros de Barilari, en negro como la mayoría de los obreros del pescado, también han quedado en la calle, pero dispuestos a luchar. En la industria de la alimentación, las multinacionales despiden diariamente a compañeros ‘de agencia’.

Apenas iniciada la crisis, los capitalistas aprovechan la división que han creado en la clase trabajadora para cortar el hilo por lo más delgado. Los contratos basura, las agencias de empleo, y otras conquistas de los ’90 que siguen vigentes durante el kirchnerismo, les facilitan la tarea.

La herencia de los ‘90 está bien custodiada

El avance del neoliberalismo en las últimas décadas representó un ataque a las condiciones de trabajo. Con las reformas laborales de los ’90, la flexibilización tuvo entre sus pilares la implementación y generalización de nuevas modalidades de contratación. Al ejército industrial de reserva que –como señala Marx– implicaban millones de desocupados, se sumaban una nueva masa de trabajadores con contratos precarios, que debían adaptarse a las necesidades de reproducción del capital.

En 1991, la Ley Nacional de Empleo (Ley 24.013) incorporó los contratos basura, y los decretos 342/92 y 951/99 dieron lugar a las agencias de empleo temporal. Extendidas ya en los países imperialistas, estas agencias se convirtieron en traficantes de esclavos modernos, manteniendo a disposición de las empresas a miles de jóvenes que contratan con peores condiciones laborales y nulos derechos sindicales. Si bien el kirchnerismo realizó modificaciones a esta legislación, mantuvo lo esencial, permitiendo a las empresas generalizar el fraude. Con este gobierno, las agencias de trabajo eventual (Manpower, Adecco, etc.) aumentaron en un 300% la cantidad de “músculos y cerebros” que ponían a disposición de los explotadores. Así lograron aumentar la productividad y la rentabilidad empresaria, pero también sus propias ganancias: las agencias se quedan con una cuota del trabajo que le roban a cada obrero en esas fábricas.

Hoy, Manpower es parte del Club de Empresas Comprometidas impulsado por Carlos Tomada en el Ministerio de Trabajo, donde a cambio de ‘actitudes comprometidas’ las empresas consiguen rebajas impositivas.

A favor de los empresarios

Contratos a plazo fijo, temporales, eventuales, pasantes, cada rama de la economía dispone de trabajadores descartables a su medida. Los sectores que más crecieron durante el kirchnerismo (la construcción, el agro o las automotrices), pudieron aprovechar el fraude, y el Estado no se quedó atrás. Hasta hoy mantiene miles de empleados públicos en esta situación.

Con este panorama, los trabajadores contratados han sufrido los “daños coletarales” del crecimiento. Cobran salarios muchas veces inferiores a sus compañeros efectivos (sin premios ni tickets) y pierden beneficios del convenio. Obligados a hacer horas extras, muchas veces deben afrontar los trabajos más duros y riesgosos. Como los cuatro obreros de Acindar que murieron este año en ‘accidentes’ dentro de la planta. Eran todos contratados. Pero sobre todo, pierden cualquier estabilidad en su puesto de trabajo. Como explican los gerentes de General Motors a los mecánicos en lucha: “todo depende de las necesidades de la empresa”.
Además de profundizar la explotación, la precarización ha perseguido el objetivo de desorganizar a la clase obrera, donde millones de ‘trabajadores de segunda’ no tienen derecho a representación sindical. Peor aún, uno de sus mayores triunfos ha sido convencer a un importante sector de los trabajadores de planta que los contratados no son sus compañeros, que tienen menos derechos o deberán ser los primeros en sufrir el ajuste. Tamaño favor a los empresarios.

Defendamos a los trabajadores precarizados

La santa alianza de ministros, burócratas y empresarios mira preocupada. Ante el ajuste empresario, en algunos lugares no se comen el verso: efectivos y contratados se ponen espalda con espalda. Como en General Motors, que los obreros se animan porque “en el paro, en las asambleas, estamos otra vez juntos”. O en Iveco, donde todos repiten “queremos que los pibes vuelvan a trabajar”. Cada vez que un efectivo siente como propio el despido de un compañero contratado, cada vez que se rebela contra las falsas fronteras que levantan los empresarios y sus leyes, empieza a peligrar la estrategia capitalista de aprovechar las divisiones creadas para descargar su crisis sobre nosotros.

Hay que apoyar las luchas de los contratados que se plantan, de los efectivos que los apoyan. Contar cada ejemplo entre nuestros compañeros para contagiarlo. Y plantear un programa que permita unir las filas obreras contra la bancarrota patronal. Ante el despido o la suspensión: reparto de las horas de trabajo entre todos, sin rebaja salarial. Ante las maniobras de la burocracia para dividirnos: organizaciones comunes entre efectivos, contratados y tercerizados. Que los cuerpos de delegados sumen a los representantes de estos compañeros. Ante el chantaje de los ministerios: anulación de la legislación flexibilizadora. Abajo las agencias de empleo y los contratos basura.

Las organizaciones obreras combativas deben encabezar una campaña en defensa de los contratados. Por la efectivización, contra los despidos y suspensiones.

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